lunes, 23 de agosto de 2021

Circular al nacimiento del río Queiles y Cañón del río Val (Cascada del Pozo de las Truchas), desde los Fayos


El sistema Ibérico, es un sistema montañoso de la península ibérica, que se extiende dirección noroeste-sureste, entre la depresión del Ebro y la meseta, durante más de 500 kilómetros, desde el corredor de La Bureba, en Burgos, hasta las proximidades del Mediterráneo, en la provincia de Castellón, siendo su máxima elevación con 2315 metros, el Moncayo o Pico San Miguel.

Por su situación geográfica, actúa de divisoria de aguas de los ríos, Duero, Tajo, Guadiana, Júcar y Guadalaviar, con la cuenca del río Ebro, el segundo más largo y caudaloso de la península ibérica, 
cuyo nombre deriva del antiguo topónimo Hiber (Hiberus flumen), que da también nombre a la península ibérica.

Uno de sus afluentes, es el río Queiles, que nace en la población soriana de Vozmediano. Ya en tierras aragonesas, transporta sus aguas a través de un canal subterráneo al embalse de, El Val (Los Fayos), que también recoge las aguas del río Val (Cailes en Castilla Aragón), un pequeño afluente, que, en sus escasos kilómetros de vida, serpentea a lo largo de un bello cañón, con un acusado relieve rodeado de grandes formaciones rocosas y densa vegetación, en las orillas del río Val, siendo un excelente refugio para un buen número de especies animales como el buitre leonado, alimoche o el águila real.

Aprovechando, que anuncian unas temperaturas agradables, para la jornada de hoy, voy a realizar un recorrido circular en MTB, para unir estos dos enclaves, el nacimiento del río Queiles y el Cañón del río Val, desde la bonita población de Los Fayos, que bien merece de por sí, una visita. 

Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc, y para saber como llegar al punto de inicio, en el siguiente enlace. "Como llegar"




Más o menos, he calculado que la circular me llevará unas tres horas (paradas incluidas). No me gusta ir mirando el reloj, pero luego, he quedado en Torrellas para echar un vermú. Pasados unos minutos de las 9, con el Moncayo como de telón de fondo, alcanzo la pequeña población de los Fayos (±130 habitantes), cuya etimología, es la forma lingüística arcaica de “Los Fallos”, correspondiente a fenómenos tectónicos que originaron la pared rocosa que caracteriza el entorno del pueblo.

Al final, con un poco de suerte, aparco en un hueco junto al río Queiles, donde comienzo a pedalear tomando de referencia la torre mudéjar que esta adosada a los pies del muro sur de la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, construida durante la segunda mitad del siglo XVI, por la que voy dando vueltas buscando un camino o sendero que me lleve a Torellas, que no logro encontrar, por lo que activo el GPS, comprobando que el “vermut”, me ha obcecado con ir a Torrellas, cuando en realidad es justo al revés.

De vuelta al punto de partida, esta vez sí, pedaleo hacia el embalse de El Val, hasta alcanzar un cruce, donde continúo por el camino de Vozmediano, paralelo a la margen izquierda del río Queiles, tomando de referencia las balizas del Camino Natural del Agua Soriano, pasando junto al pequeño embalse de Queiles, punto en el que el asfalto da paso a un camino de tierra, por el que poco a poco voy ganando desnivel, en un tramo algo incómodo, debido a que la grava se acumula en algunas zonas.

A pesar de ser primeros de agosto, la mañana es agradable, el camino me lleva entre el Alto de la Dehesa y un bonito bosque de ribera, en el que alterno la sombra con el sol, momento donde aprovecho para disfrutar de las vistas hacia el Moncayo y la Peña Negrilla, mientras a lo lejos, asoman las torres del castillo de Vozmediano, construido en el siglo XII, al que poco a poco me voy acercando.

Sobre el kilómetro 9, salgo a la carretera por la que pedaleo durante medio kilómetro, hasta adentrarme en las calles de Vozmediano, antigua villa fronteriza, que tuvo una importancia vital en las guerras y disputas, entre los reinos de Castilla y Aragón, que actualmente vive del turismo, además de la "gastronomía", ya que es, punto de encuentro para almorzar en los bares, que a estas horas están hasta la bandera.

Mirando “para otro lado”, callejeo por sus calles, pasando bajo los restos del castillo, en cuya estructura se observan las distintas etapas de construcción, siendo el recinto exterior romano, la torre árabe y la muralla almenada medieval, dejándolo poco a poco atrás, mientras avanzo cómodamente por el Camino Natural del Agua Soriano, que en este tramo se encuentra acondicionado con una larga barandilla de madera, que delimita el camino con el cauce del río Queiles, que en sus primeros compases de vida, lleva un agua limpia y cristalina.

Unos metros más adelante, abandono el camino principal, para visitar el nacimiento del río Queiles, un manantial conocido como la fuente Vauclasiana, que mana 1100 litros por segundo, que junto con los Ojillos del Queiles en Ágreda, son los dos puntos principales por los que aflora el agua de la vertiente soriana del Moncayo, la sierra del Tablado y la sierra del Toranzo, que confluyen en la fosa de Beratón, surcada por el río Araviana, afluente del Duero. Los aportes procedentes del deshielo y las lluvias, se filtran a través de un complejo sistema subterráneo de cuevas, galerías, como si de un “queso gruyere” se tratase, el agua se almacena y fluye en el interior, descargando en estos manantiales.

Pasados unos minutos de las 9, con el Moncayo como telón de fondo, llego a la población
De los Fayos, donde comienzo a pedalear, hacia el embalse de El Val
Hasta alcanzar un cruce, donde continúo por el camino de Vozmediano, paralelo a la margen izquierda del río Queiles
Tomando de referencia las balizas del Camino Natural del Agua Soriano, entre el Alto de la Dehesa
Y un bonito bosque de ribera
Alternando tramos de sombra 
Con sol, momento en el que aprovecho
Para disfrutar de las vistas hacia el Moncayo y Peña Negrilla
Mientras a lo lejos, asoman las torres del castillo de Vozmediano, construido en el siglo XII
Sobre el kilómetro 9, salgo a la carretera por la que pedaleo durante medio kilómetro, hasta llegar a Vozmediano
Donde callejeo, pasando bajo los restos del castillo, realizado en tres épocas distintas, dejándolo
Poco a poco atrás, para continuar cómodamente por el Camino Natural del Agua Soriano
Acondicionado con una larga barandilla, que delimita el cauce del río Queiles del camino
Que abandono por unos instantes, para visitar su nacimiento, conocido como la fuente Vauclasiana

De vuelta al camino principal, afronto una corta pero dura rampa adoquinada, que da paso a un sendero completamente llano, acondicionado con una innecesaria barandilla de madera, típica de estos “Caminos Naturales”, disfrutando de las vistas hacia la Peña Negrilla, mientras cruzo el cauce seco de un barranco, para acto seguido, acometer una rampa larga y pronunciada, donde casi al final, la rueda trasera no me tracciona, echando pie a tierra.

Una vez en la parte superior, aprovecho para echar un trago de agua, ya que el calor aquí se nota algo más, a pesar de que las nubes, tapan de vez en cuando el sol y que hoy, no dejan ver los pirineos, por lo que me conformo con observar de nuevo la cara Norte de la Peña Negrilla, cubierta por una capa de laja negra, a la que se puede acceder desde Aldehuela de Ágreda, por el Canto Hincado o por el hayedo de la Hoyada.

Luego, continúo pedaleando atravesando el Gayubar, donde la escasa vegetación me permite disfrutar de los montes locales, en el que destaca en primer plano, los 1031 metros de El Paguillo, hasta adentrarme en una mancha de pinos, donde el camino se bifurca en dos, tomando el ramal de la derecha (ambos acaban en Aldehuela de Ágreda), donde inicio un delicioso descenso entre pinos, bordeando la pedanía de Aldehuela de Ágreda, para seguir hacia el Noroeste, por un camino cubierto por la vegetación, por el que desciendo con cuidado, pegado al barranco de Los Prados, hasta llegar a la altura de un depósito de agua, donde cruzo un ramal del río Queiles, que en cuyo entorno, se ha formado un bonito bosque de ribera, para acto seguido, recuperar el desnivel perdido.

Después, inicio un largo descenso por cómodo camino, disfrutando de las vistas hacia el Moncayo y la Peña Negrilla, pasando junto a una granja, donde el camino gira bruscamente a la izquierda, hasta salir a la carretera que une Vozmediano con Ágreda, que recorro durante ochocientos metros, para coger a mano derecha un camino, por el que, enlazo con el camino de las Alforjas (al lado de una granja), con un piso en perfecto estado, donde cunden los metros, hasta que comienza a trazar una sucesión de largos toboganes, donde las piernas se resienten.

Tras superar el último, a lo lejos puedo ver el viaducto de la autovía, en cuyas proximidades esta la entrada al cañón del río Val. El camino, en vez de ir de forma directa, comienza a trazar una serie de largas lazadas, por las que poco a poco me voy acercando, hasta que sobre el kilómetro 20, conecto con las marcas blancas y amarillas del PR-SO20, que rápidamente se transforma en un bonito acondicionado con barandilla.

De vuelta al camino, afronto una dura pero corta rampa, que da paso a un camino llano, acondicionado con barandilla
Por el que avanzo disfrutando de las vistas a la Peña Negrilla, mientras cruzo el cauce de un barranco, para acto seguido
Acometer una larga rampa, hasta llegar a un punto elevado, donde las nubes cubren el pirineo, así que
Me conformo con la cara Norte de la Peña Negrilla, para continuar por terreno llano
Hasta que el camino se bifurca en dos, tomando el ramal de la derecha, por el que desciendo
Rodeando la pedanía de Aldehuela de Ágreda, para ir hacia el Noroeste
Bajando por un camino cubierto de vegetación, pegado al barranco de Los Prados
Que desemboca en un brazo del río Queiles, en el que se ha formado un bosque de ribera
Para acto seguido, recuperar los metros perdidos (al fondo a la derecha Aldehuela de Ágreda)
E iniciar un largo descenso con vistas
Al Moncayo y la Peña Negrilla, hasta salir a la carretera que une Vomezdiano y Ágreda, que recorro durante 800 metros
 Hasta tomar a mano derecha, un camino por el que enlazo con el camino de las Alforjas, que realiza
Una sucesión de largos toboganes, en el que a lo lejos, diviso la entrada al cañón del río Val
Aunque el camino en vez de ir directo, hace varias lazadas, por las que poco a poco me voy acercando, hasta enlazar
Con el PR-SO20, que rápidamente se convierte en un bonito sendero 
Acondicionado con una larga barandilla de madera y cadenas

Unos metros más adelante, alcanzo una escalinata, por la que bicicleta al hombro, desciendo hacia el fondo del cañón, donde continúo pedaleando por un sendero paralelo al río Cailes, atravesando un denso bosque de ribera, compuesto principalmente de chopos negros, en el que me toca echar pie a tierra, para subir una placa en la que se han tallado varios peldaños.

Superado, desciendo los metros ganados por un sendero que es una delicia para caminar e ir en bicicleta, hasta alcanzar un cruce, donde tengo la posibilidad de ir a a la Peña del Tío Fresquito, un buen mirador del Cañón del río Val, que ya conozco de mi anterior visita, así que, cambio a la margen derecha por una pasarela, donde el sendero vuelve a subir ligeramente, visualizando el peñasco que conforma la Peña del Tío Fresquito, mientras continúo pedaleando, hasta llegar a otra escalinata por la que desciendo a pie.

En este lugar, se encuentra el desvío a la cascada del Pozo de las Truchas, así que dejo la bicicleta apoyada en una roca, para seguir caminando por una repisa rocosa acondicionada con pasamanos y varias grapas, por la que llego a esta bonita cascada, donde merece la pena permanecer un rato, no solo para ver el salto, sino también, para observar las formaciones originadas por la acumulación de depósitos de carbonato cálcico, procedentes del agua subterránea del Moncayo, que al emerger, el agua desgasifica el CO
² y los iones de calcio, quedan depositados en forma de corteza sobre los vegetales presentes en la roca, formando las características roca, conocidas como toba o travertino, que cuando el componente vegetal muere, deja el sitio que antes ocupaba vacío, dando un aspecto cavernoso.

Cinco minutos más tarde, regreso al sendero principal, para continuar atravesando el bosque de ribera, por un sendero, que de vez en cuando, mediante pasarelas va sorteando el cauce del río Cailes, hasta situarme definitivamente en la margen izquierda, en el que a medida que voy avanzando, el cañón se va abriendo, transformándose el sendero en un amplio camino herboso, por el que pedaleo ya en tierras aragonesas, cerca huertas y campos abandonados, hasta desembocar en el cauce del río Val, donde cruzo por una pasarela de madera, que tiene pinta de estar recién colocada, ya que la vez anterior, había un puente bastante precario.

Una vez en la margen derecha, alcanzo la zona declarada como Refugio de Fauna Silvestre, en la que se adentra un camino, que prefiero evitar para no molestar a sus pobladores y continuar en ligero ascenso por las pista principal, haciendo una parada cuando llego a la cabecera del embalse de El Val, para disfrutar de las vistas a las Peñas Royas, en las que se ve blanquear varias buitreras, mientras compruebo que tengo un par de llamadas perdidas, así que devuelvo la llamada, porque ya llevo media hora de retraso.

Después, continuo bordeando el embalse, por una pista prácticamente llana e incluso en ligero descenso, cruzando por un lateral la barrera que impide el paso a los vehículos (si se quiere visitar la cascada del Pozo de las Truchas por la parte aragonesa, toca dejar aquí el coche), con la vista puesta ya en la presa, pasando junto al embarcadero, donde observo atónito como hay varios grupos bañándose en el embalse, que intuyo son turistas, porque dudo mucho, que la gente de la zona se bañe en estas aguas contaminadas, debido a los numerosos vertidos procedentes de las depuradores de Ágreda y Ólvega.

Cerca de la presa, la tierra da paso al asfalto, por el que sigo pedaleando hasta llegar a la presa, donde desciendo hacia Los Fayos, finalizando esta bonita circular, en la que descontando las paradas, me ha costado algo menos de tres horas (2:46). Con el tiempo en contra, me cambio de ropa mientras miro hacia arriba, para ver algunas de las cuevas que hay en esta población, además del castillo rupestre y la cueva del Caco.

Unos metros más adelante, accedo por una escalinata al interior del barranco, por el que pedaleo por un sendero
Paralelo al cauce del río Cailes, atravesando un bosque de ribera
Pasando junto al desvío de la Peña del Tío Fresquito (son cinco minutos)
Que ya conozco, así que cambio a la margen derecha por una pasarela, para subir ligeramente
Y observar desde la otra orilla, el peñasco de la Peña del Tío Fresquito, hasta llegar a una escalinata 
Por la que llego, al desvío a la cascada del Pozo de las Truchas, en la que permanezco unos minutos
Luego, regreso al sendero, por el que continúo atravesando el bosque, cambiando de margen por varias pasarelas
Hasta situarme en la margen izquierda, en el que a medida que avanzo, el cañón se va abriendo
Transformándose el sendero ya en tierras aragonesas, en un herboso camino
Desde el que disfruto de las vistas
Mientras continúo pedaleando entre huertas, campos abandonados
Y un bosque de ribera, hasta alcanzar el cauce del río Val, que cruzo por una pasarela, para seguir
Por una amplia pista de tierra en ligero ascenso, hasta alcanzar la cabecera del embalse de El val
En la que me detengo para disfrutar de las vistas hacia las Peñas Royas
Luego, prosigo bordeando el embalse, pasando junto al embarcadero y la presa
Desde la que desciendo hacia Los Fayos, dando por finalizada esta bonita circular

martes, 20 de julio de 2021

Una vuelta en familia por las cascadas de Ordesa: Arripas, de la Cueva y del Estrecho


El Valle de Ordesa, está ubicado en el Pirineo Central de Huesca, en la comarca del Sobrarbe, que, hasta principios del siglo XIX, los únicos que lo conocían, eran contrabandistas, pastores y cazadores, gente que no sabía escribir o no se preocupaba de hacerlo, así que fuera de los valles, nadie tenía noticias de la existencia de este y otros enclaves del pirineo.

Catalogado por la UNESCO, como Patrimonio de la Humanidad, el 16 de agosto de 1918, impulsado por el español; Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, fue declarado Parque Nacional <<Valle de Ordesa>>, que se amplió y recalifico el 13 de julio de 1982, quedando el actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, que con una superficie de 15.608 ha, engloba los términos municipales de Bielsa, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin, Torla-Ordesa y Broto.

En las zonas altas, destaca una parte de la cresta Norte, desde el Monte Perdido (3355 metros) hasta los Gabietos (3034 metros), toda una sucesión de picos de más de 3000 metros, en la se abre una impresionante grieta, la Brecha de Rolando, paso natural entre Francia y España, mientras en las zonas bajas, el Valle de Ordesa, un espectacular valle glaciar en forma de <<U>>, situado al suroeste del Macizo del Monte Perdido, por cuyo fondo el río Arazas, va descendiendo en una sucesión de cascadas.

La primera, comienza en el inicio del valle, en el Circo de Soaso, conocida como <<La Cola de Caballo>>, que se abre en un abanico blanco que se desliza roca abajo, pasando por las Gradas de Soaso, una sucesión de cascadas escalonadas, hasta las cascadas del Estrecho, la Cueva y Arripas, siendo estas tres últimas, las que voy a visitar con mis padres, subiendo por la margen izquierda, para regresar por la margen derecha del río Arazas.

Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc, y para saber como llegar al punto de inicio, en el siguiente enlace. "Como llegar"




Entre operaciones y confinamientos, llevo casi tres años sin hacer ninguna actividad con mis padres. Aprovechando un viernes que tengo fiesta por ERTE, decido que ya es hora de que salgan de la rutina, así que planeo un recorrido, que cumpla con tres requisitos: corto, sin grandes subidas y con sombras, así que decido que iremos hasta la Pradera de Ordesa, para realizar la circular hasta la cascada del Estrecho.

Mis padres, me comentan de comer de restaurante, mirando un poco por internet, veo que los precios son desorbitados para un día entre semana, está claro que la hostelería ha sufrido mucho en la pandemia, pero quien no, por lo que me niego rotundamente en pagar el gusto y la gana, así que llevamos una tortilla de patata con algo de embutido, y en La Nave, compramos el pan con una torta de manzana, de la que damos cuenta allí mismo.

Pasadas las 10, llegamos a la Pradera de Ordesa, que para ser un día entre semana se encuentra a reventar (no quiero imaginar cómo estará el fin de semana). Unos minutos más tarde, comenzamos a caminar atravesando el aparcamiento, hasta enlazar con el Camino de Soaso, por el que rápidamente nos adentramos en un espectacular hayedo-abetal, por el que caminamos plácidamente, alternando tramos de bosque con pequeñas explanadas, conocidas en la zona como <<lañas>>, pasando junto a la hornacina de la Virgen del Pilar.

Encrucijada de caminos, obviamos el sendero que sube hacia la Faja de Racón y las clavijas de Cotatuero, para continuar por terreno despejado, paralelos a la margen derecha del río Arazas, observando las proas, torreones y diversas formas, que adopta la muralla rocosa de la Sierra de las Cutas, hasta adentrarnos definitivamente en el bosque, que nos protegerá del sol hasta el final del recorrido, admirando algunas hayas de gran porte, un árbol de crecimiento lento pero que puede llegar a los 40 metros de altura, con unas raíces superficiales, que hace que no sea fácil, que bajo su copa, crezca la hierba, además de producir un componente tóxico para otras plantas.

Tomando de referencia las marcas blancas y rojas del GR.11, continuamos caminando ya en ligero ascenso, atravesando un espeso bosque en el que apenas entra la luz del sol, cruzando el barranco de las Ollas, que forma una bonita cascada antes de desembocar en el cauce del río Arazas, en el que a medida que vamos ganando desnivel, oímos como sus aguas “rugen más”, síntoma de que estamos cerca de la cascada de Arripas, que visualizamos desde un mirador situado a pie del camino, aunque molesta la cantidad de gente que se agolpa, así que decidimos subir un poco más arriba de la fuente de Arripas, donde casi en soledad, la vemos con mayor claridad, 
seccionada en varias alturas, que se expande como un abanico en el salto principal, por lo que también es conocida como la cascada del Abanico.

Desde Zaragoza, vamos hasta la bella población de Torla con el Mondarruego de fondo
Por la que accedemos a la Pradera de Ordesa, en la que comenzamos a caminar, hasta enlazar
Con el Camino de Soaso, en el que alternamos largos tramos de bosque, con <<lañas>>
Hasta alcanzar la hornacina de la Virgen del Pilar, encrucijada de caminos, donde continuamos
Paralelos por la margen derecha del río Arazas, disfrutando de las proas
Torreones
Y demás formaciones de la Sierra de las Cutas, hasta adentrarnos
Definitivamente en un precioso hayedo-abetal
Admirando algunas hayas, que pueden alcanzar los 40 metros de altura
Con unas raíces superficiales, que captan la atención
Tomando de referencia las marcas blancas y rojas del GR.11, continuamos en ligero ascenso
Cruzando el barranco de las Ollas, que forma una cascada antes de desembocar en el río Arazas
Mientras a medida que vamos ganando desnivel, oímos como sus aguas "rugen más"
Síntoma de la cercanía de la cascada de Arripas, a cuyo mirador llegamos, aunque debido a la gente
Preferimos subir un poco más arriba de la fuente de Arripas, para disfrutarla en soledad

Antes de continuar, elevamos la mirada para disfrutar de los paredones calizos de la sierra de las Cutas, por los que discurre la faja de Pelay, que queremos recorrer en parte, este otoño, para subir por un paso equipado a la Punta Acuta y descender por el sendero de los Miradores de Ordesa, hasta enlazar con el Camino de Turieto, por el que cerraremos el circulo, una actividad que vi en su día al amigo Mariano.

Luego, regresamos al camino, para seguir ya por terreno llano, hasta que se bifurca en dos, punto en el que abandonamos el GR.11 que se dirige de forma directa a la Cola de Caballo, para tomar el ramal que va a las cascadas de la Cueva y del Estrecho, por el que descendemos hasta un cruce de caminos, al que 
regresaremos a la vuelta para cruzar por el puente de Arripas, a la margen izquierda del río Arazas

De momento, continuamos por la margen derecha, avanzando por un camino que rápidamente se transforma en un bonito sendero, que se bifurca en dos, tomando primero el ramal de la derecha, por el que, con cuidado, descendemos para acceder al mirador de la cascada de la Cueva, en el que nos toca hacer fila, aunque la espera merece la pena, ya que la cascada debido al deshielo, además de las últimas lluvias, baja a rebosar.

Ahora, recuperamos los metros perdido hasta el sendero principal, donde toca acometer una corta pero dura rampa, en la que mi padre dice “por ahí no subo”, así que subo yo primero para enseñarle el punto en el que finaliza la subida. Al final, decide subir despacio, evitando dar un tropezón con alguna raíz o resbalar, ya que la humedad se hace notar, hasta alcanzar el camino acondicionado por el que llegamos al amplio mirador de la cascada del Estrecho, donde una ligera brisa, pulveriza sobre nosotros el agua de la cascada.

Antes de continuar, echamos una mirada a las alturas, para disfrutar de los paredones calizos
De la sierra de las Cutas, por los que discurre la faja de Pelay
Para acto seguido, continuar caminando ya por terreno llano, hasta que el camino se bifurca en dos
Tomando el ramal que va a las cascadas de la Cueva y del Estrecho, por el que bajamos hasta un cruce
Al que regresaremos, pero de momento, vamos por el camino que se transforma en sendero
Por el que descendemos primero, con cuidado, para acceder al mirador
De la cascada de la Cueva, que debido al deshielo
Y las últimas lluvias, baja a rebosar
Ahora, recuperamos los metros perdidos, hasta el sendero principal
Donde toca remontar una dura pero corta rampa
Hasta alcanzar el camino acondicionado, por el que accedemos
Al mirador de la cascada del Estrecho, donde la brisa pulveriza el agua sobre nosotros

Nos ha costado hora y media llegar al último mirador, así que permanecemos unos minutos disfrutando de las vistas. Después, regresamos sobre nuestros pasos hasta la encrucijada, donde esta vez sí, tomamos el camino por el que descendemos hacia el cauce del río Arazas, a la sombra del hayedo, que de vez en cuando, entre sus ramas, permite ver el cercano valle de Otal, en el cual destaca l
a Peña Otal, que subí hace algunos veranos con el amigo Carlos, ¡Cuánto se te echa de menos!

Unos metros más abajo, alcanzamos el puente de Arripas, por el que cruzamos a la margen izquierda del río, abandonando por un instante el camino principal, para tomar un sendero por el que accedemos al mirador de los Bucardos, que, con forma de proa, se eleva por encima de las aguas del río Arazas, ofreciendo unas bonitas vistas del curso superior del río, además de las paredes del Mondarruego y el Tozal del Mallo.

Como mi padre tiene vértigo, prefieren regresar al camino donde me esperan, punto en el que  nos reagrupamos, 
para comenzar juntos el descenso en total soledad, caminando por un espectacular bosque, asentado en una de sus laderas por un murete de piedra, que la naturaleza se ha encargado de decorar, con musgo y liquen, observando en los escasos claros que ofrece, las terrazas de la Fraucata.

Ya en terreno llano, enlazamos con el camino adaptado que viene desde la Pradera de Ordesa, que finaliza en una replaceta que sirve de mirador, donde observamos la parte superior de la cascada de Cotatuero, que, con una caída vertical de 200 metros, divide las paredes de la Fraucata y el Gallinero, en el que admiramos las torres que conforman su muralla.

Luego, continuamos caminando por el camino acondicionado, que atraviesa este maravilloso bosque de hadas, donde las hojas tiene un color verde fosforito, en el que vemos como una ardilla corretea ajena a nuestra presencia, deteniéndonos en la “Piedra de las Siete Faus”, que sirvió a los guardas como referencia en el año 1918, cuando el valle de Ordesa fue declarado Parque Nacional, sobre la que hoy todavía se conserva una de las siete hayas que crecieron sobre la roca, que según comenta un letrero “no muy recias pero si altaneras”.

Al igual que marcaba el límite, ahora, indica que estamos llegando al final del recorrido, así que, tranquilamente, vamos disfrutando del hayedo, que comparte protagonismo con el rio Azaras y la Peña Otal, hasta alcanzar el puente de los Cazadores, por el que cruzamos a la margen derecha, finalizando el recorrido unos metros más adelante, no sin antes echar un vistazo atrás, para disfrutar de la sierra de las Cutas, por la que discurre la faja de las Flores.

En vez de bajar al pueblo, nos quedamos en la Pradera de Ordesa, plantamos la manta en la hierba, que está húmeda por la lluvia del día anterior y sacamos unas jarras de cerveza del bar-restaurante de la pradera, que bebemos mientras devoramos la tortilla de patata. Después, café en Broto y vuelta a casa, ¡tenemos que repetir!.

Después, regresamos sobre nuestros pasos hasta la encrucijada, donde esta vez sí
Tomamos el ramal que baja al río Arazas, que forma pequeños saltos de agua
Mientras entre las ramas, vemos el cercano valle de Otal, en el que destaca la Peña Otal
Unos metros más abajo, alcanzamos el puente de Arripas, por el que cruzamos a la margen izquierda
Abandonando por unos instantes el camino principal, para acercarnos al mirador de los Bucardos
Que ofrece unas bonitas vistas del curso superior
Y el Tozal del Mallo
De vuelta al camino, comenzamos el descenso por un bonito hayedo, asentado en una de sus laderas por un murete
Observando en los escasos claros que ofrece, las terrazas de la Fraucata
Hasta enlazar con el camino adaptado que viene de la Pradera de Ordesa, que finaliza en una replaceta
Desde la que observamos la parte superior de la cascada de Cotatuero, que divide las paredes de la Fraucata
Y el Gallinero, en el que admiramos las torres que conforman su muralla
Luego, continuamos caminando por el espectacular hayedo, en el que se ubica
La Piedra de las Siete Faus, donde se conserva una de las siete hayas originarias
Para acto seguido, avanzar tranquilamente por el bosque, que comparte protagonismo con el río Arazas y la Peña Otal
Hasta alcanzar el puente de los Cazadores, por el que cruzamos a la margen derecha
Finalizando unos metros más adelante el recorrido, no sin antes disfrutar de la sierra de las Cutas

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