miércoles, 5 de abril de 2017

Las Hoces del río Piedra, desde Aldehuela de Liestos


El río Piedra, llamado en su tramo alto, hasta Embid, río de San Nicolás del Congosto, tiene una longitud de 76 kilómetros, nace en Rueda de la Sierra (Guadalajara), es afluente del río Jalón por la margen derecha y pertenece a la cuenca del Ebro.

Su nombre, proviene por la alta concentración de carbonato cálcico de sus aguas, qué, al salir del manantial, se deposita sobre el suelo, las plantas, musgos, etc., produciendo un fenómeno cárstico de meteorización, por lo cual, tiene un caudal muy irregular, al tratarse de un río de régimen pluvial mediterráneo.

En su tramo alto, 
entre las poblaciones de Aldehuela de Liestos y Torralba de los Frailes, el río forma una sucesión de meandros, conocidos como Hoces,  que hoy, en compañía de Carlos (Zancadas Ligeras), vamos a recorrer, uniendo dos pequeños recorridos circulares.



Salimos desde Cuarte de Huerva hacia Aldehuela de Liestos, unos metros antes de llegar a dicha población, tomamos una pista de tierra, que nace a nuestra izquierda, en el que se ubica un panel informativo sobre las hoces del río Piedra, por la que continuamos durante un par de kilómetros, hasta que muere en la unión del barranco de la Fuente del Sapo con el río Piedra, donde aparcamos la furgoneta debajo de un álamo.

Sobre las 9:30, nos ponemos en marcha, tomando de referencia las marcas blancas y rojas del GR.24 "Ruta de las Hoces", por cómodo sendero, entre campos de labor, donde ya podemos ver la Puerta de la Hoz, que da acceso al desfiladero, que el río Piedra ha surcado a lo largo de los siglos y a la que llegamos entre carrascas, en poco más de cinco minutos, donde, comprobamos que el otoño ha comenzado a dar paso al invierno, ya que la mayoría de los árboles de hoja caduca, que componen el bosque que cubre parcialmente el ancho del desfiladero, han perdido casi en su totalidad la hoja, con lo que nos quedamos con las ganas de disfrutar de las últimas pinceladas del otoño.

Por el fondo del barranco, caminamos pausadamente disfrutando del entorno, siempre pegados al cauce seco del río Piedra, que recibe su nombre por la capacidad que tienen sus aguas de petrificar o convertir en piedra toda la materia orgánica que baña, debido al alto contenido de carbonato que llevan sus aguas, describiendo diversos meandros, que vamos remontando hasta localizar el Pozo del Muchacho, que, debido a las escasas precipitaciones y que en este tramo del río el agua se filtra, se encuentra seco.

De vez en cuando, vamos cambiando de margen, en algunos puntos se encuentra acondicionado con pequeñas palancas de madera, que hoy no nos son de utilidad, pero que después de un temporal, pueden ser de gran ayuda.

Cuando alcanzamos el primer kilómetro, llegamos al Pozo del Sombrerillo, nombre que recibe por el bolo que corona una de las agujas sobre la que se sitúa, y lugar en el que llegamos al inicio de la primera circular del día.

Al tratarse de una circular, cualquier opción es buena, nosotros como el desnivel a salvar es de poco más de trescientos metros (aunque el GPS al final marca algo más de quinientos, al ir encajonados se vuelve un poco loco), decidimos dejar el tramo de los miradores para el final, y recorrer en su integridad, todo el fondo de la hoz.

Sin apenas detenernos, continuamos todo recto, por el sendero principal, caminando paralelos al cauce del río Piedra, alternando preciosos tramos de bosque, donde las predominantes carrascas, comparten espacio con álamos negros, sabinas, quejigos, guillomos, y algún que otro ejemplar de Arce de Montpellier, fácilmente reconocible por la forma de trébol que tienen sus hojas, convirtiéndose este tramo de bosque, en un jardín botánico.

Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, llegamos hasta una pequeña oquedad, acondicionada con una mesa de picnic, conocida como la Cueva del Asno, lugar perfecto para hacer una parada si se va con niños, aunque en nuestro caso, tan solo nos detenemos un instante para echar un ojo.

Poco a poco, la mañana va entrando, la humedad se disipa, y los rayos de sol van penetrando entre los árboles, nos quitamos una capa de ropa, y aprovechamos para trotar entre carrascas, quejigos y arces de Monpellier, que todavía mantienen parte de sus hojas, y son los encargados de dar la nota de color al recorrido.

A medida que avanzamos, el desfiladero se va encajonando, afrontamos el tramo más angosto, donde las paredes de la hoz se juntan, y la vegetación se espesa, resultando el que es sin duda, el tramo más bonito de todo el recorrido.

Sobre el kilómetro y medio, alcanzamos la base de las Peñas Caídas, que se encuentran acondicionada con una mesa de picnic, y unos metros más adelante llegamos hasta los restos de una antigua carbonera, donde hasta mediados del S.XX fue utilizada para obtener carbón vegetal, a partir de la leña de la carrasca y el quejigo.

Y es que no hay que olvidar, que este y otros senderos que hoy en día recorremos para disfrutar de la naturaleza, eran antiguamente caminos de herradura, que se utilizaban a diario para unir poblaciones limítrofes, y de acceso a los campos de trabajo.

Iniciamos el recorrido, siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24 "Ruta de las Hoces"
Por un cómodo sendero, entre campos de labor
Hasta alcanzar la Puerta de la Hoz
Que da paso al desfiladero, que el río Piedra a formado a lo largos de los siglos
Pasando por el Pozo del Sombrerillo, que está seco
Donde iniciamos la primera circular de la jornada
 Por el cauce del barranco, entre carrascas, quejigos, álamos negros
Y Arce de Montpellier, con sus características hojas en forma de trébol, dan la nota de color al recorrido
Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, llegamos a la cueva del Asno. una oquedad
Con una mesa de picnic, perfecta para hacer un descanso, aunque, como acabamos de empezar
Aprovechamos para trotar a la sombra del bosque, disfrutando de los últimos coletazos del otoño
Donde a medida que vamos avanzamos, el desfiladero se va estrechando, bordeando las Peñas Caídas
Y unos metros más adelante, los restos de una antigua carbonera

Después, regresamos al sendero, por el que caminamos durante poco más de cincuenta metros, hasta que alcanzamos el abrigo rocosa de la Cueva de las Peñas Caídas, algo más grande que el anterior, acondicionado también con una mesa de picnic, para acto seguido, continuar por el sendero, alcanzando una corta pero dura rampa, con el piso bastante resbaladizo, debido a la cantidad de hojas que hay en el suelo, y la humedad, que se encuentra equipada, con un tramo de sirga, con la que nos ayudamos para superar esta pequeña dificultad.

Una vez en la zona alta, la vegetación desaparece por unos instante, la hoz se abre y las vistas se extienden hasta un meandro que forma el río Piedra, en el que el sol penetra ya a estas horas e ilumina las altivas paredes calizas del cañón, dándoles una tonalidad rojiza, muy característica de este tipo de roca, mientras poco a poco, descendemos hasta el cauce del río, el sendero se torna de un bonito color verde, por el que caminamos pausadamente, disfrutando del entorno, entre carrascas y algún que otro álamo, por el que comenzamos a divisar entre los árboles, las verticales paredes de la Peña del Buitre, en el que anidan una numerosa colonia de buitres leonados.

Sobre la cota 960 m, llegamos al Paso del Angostillo, punto en el que convergen los dos ramales del GR.24 y finaliza, la primera circular del día, que, haremos a la vuelta, para disfrutar de las hoces a vista de pájaro, así que continuamos por el fondo del barranco, hasta llegar a la confluencia del barranco del Montecillo en el río Piedra, justo a los pies de la Peña del Buitre, en la que nos detenemos para observar a un grupo de buitres, que están posados en la roca, a la espera de coger una buena térmica para alzar el vuelo.

Como parece que de momento no están por la labor de echar a volar, continuamos caminando por las hoces del río Piedra, obviando el ramal que va hacia el barranco del Montecillo, para seguir por el fondo del barranco, tomando como referencia las marcas rojas y blancas del GR.24, aunque el sendero no tiene pérdida, en el que a medida que avanzamos, el paisaje se va transformando; la hoz poco a poco se va abriendo, las paredes pierden altura y la vegetación decrece, reduciéndose tan solo a pequeños grupos de carrascas y esporádicos chopos, que a duras penas conservan algunas de sus hojas.

Piso herboso, cómodo sendero y terreno llano, aprovechamos para trotar un poco, mientras deambulamos por uno de los meandros que forma el río Piedra y por el que nada más salir de él, alcanzamos el Torrejón del Molino, una extensa pradera, en la que se ubica un refugio libre, situado al lado de la escuela de escalada de Torralba de los Frailes, que cuenta con cien vías, que van desde el 5b, hasta el 8a.

Junto al refugio, coincidimos con un grupo de senderistas, que han iniciado el recorrido desde Torralba de los Frailes, charramos un rato con ellos y aprovechamos para hacer una parada para comer, mientras observamos los restos del antiguo molino harinero de Torralba de los Frailes, realizado en mampostería, del que tan solo se conserva de la parte hidráulica, la rampa de caída del agua y los dos cárcavos. 

Después, continuamos rodeando el peñasco, pasando por la cueva de las Peñas Caídas
Y remontamos por sendero, una pronunciada cuesta cubierta de hojas, que resbala bastante pero está acondicionado con sirga
Por la que salimos a otra sección del cañón, que recorremos disfrutando de las vistas
Hasta llegar al paso del Angostillo, donde se juntan los dos ramales del GR.24 y un poco más adelante, la Peña del Buitre 
En la que se posan los buitres, a la espera de una buena térmica
Pero, como no se animan a volar, seguimos caminando por el fondo del barranco
Tomando de referencia, las marcas blancas y rojas del GR.24, observando como el paisaje se va transformando
En el que a medida que avanzamos, el sol va penetrando, iluminando las paredes
 Hasta llegar al Torrejón del Molino, donde se ubican los restos de un molino, un refugio y la escuela de escalada de Torralba de los Frailes

La mañana avanza, el sol nos reconforta, apetece estar un rato más aquí, disfrutando del paisaje, pero es hora de seguir, así que desde el Torrejón del Molino, retomamos la marcha e iniciamos en este lugar la segunda circular de la jornada, cogiendo el sendero que va por el fondo del barranco, por el que rápidamente llegamos al azud del Pozo de las Escaleras, antigua presa de forma semicircular, construida con grandes sillares, que suministraba el agua a la balsa del molino y que vemos, que ha sido restaurada.

Pegados a la acequia, rodeamos por la derecha el Pozo de las Escaleras, hasta alcanzar la parte superior de la presa, por la que cruzamos el cauce seco del río Piedra, donde enlazamos con un bonito sendero, con el piso tapizado por las hojas, por el que caminamos entre un bosque de ribera, formado principalmente por chopos, álamos, robles y fresnos, por el que avanzamos siguiendo las marcas blancas y verdes del sendero local, que en este tramo comparte itinerario con el GR.24, caminamos por la margen derecha del río Piedra, en el que, a medida que ascendemos la vegetación va cambiando; carrascas y encinas comienzan a ganar protagonismo, dejando atrás el bosque de ribera.

Cuando apenas hemos superado el kilómetro siete, alcanzamos un cruce de senderos, donde el GR.24 se divide en dos
En este punto, abandonamos por unos minutos la compañía del río Piedra, cruzamos el cauce y continuamos dirección SO hacia el mirador de las Hoces de Torralba o Reconquillo, por un sendero, por el que comenzamos a ganar desnivel de forma gradual, paralelos al barranco de la Cueva, entre un espeso bosque de robles, encinas y carrascas, hasta que, sobre la cota 1.045 metros, el barranco de la Cueva se bifurca en dos, yendo ambos ramales en claro ascenso.

Mirando el terreno, observamos que a la derecha, nace una senda marcada con un hito, que, decidimos seguirla y enseguida, vemos que ha sido un acierto, ya que recorre una bonita cornisa, desde la que obtenemos unas espectaculares vistas del tramo de la Hoz de Torralba, observando un poco más arriba, los restos de una edificación, que, posiblemente en otros tiempos, sirviese para guardar el ganado, para acto seguido, continuar recorriendo la cornisa, a pesar, de que el sendero se adentra en la montaña.

Cuando alcanzamos el noveno kilómetro, echamos un vistazo al GPS y comprobamos que, estamos a la altura del mirador del Reconquillo, por lo cual, abandonamos la cornisa y comenzamos a ganar desnivel monte a través, buscando las zonas más limpias, hasta llegar al mirador del Reconquillo, donde, aprovechamos que se ha quedado una mañana agradable, para parar a comer, mientras disfrutamos de una amplia panorámica de la hoz de Torralba y de las sierras colindantes, en el que podemos observar, como en este tramo de la hoz, el río piedra ha formado un meandro perfecto.

Ahora, vamos en busca del sendero principal, que, localizamos marcado con un hito, donde continuamos hacia el noroeste, entre carrascas, aliagas, gamones y algún que otro ejemplar de rebollo, cruzando el cauce seco del barranco del Reconquillo, punto, en el que enlazamos con la Cañada Real que va hacia Torralba de los Frailes, donde aprovechamos la suave pendiente, para trotar un rato, mientras poco a poco, el camino va virando hacia el noroeste, hasta posicionarnos frente a los torreones del Morrón del Gaitero y el Zapato del Cura.

A cada paso, el sol calienta, nos apetece disfrutar de la sombra, así que aumentamos el ritmo y en poco más de dos minutos, llegamos a la base del Morrón del Gaitero, en el que hacemos una rápida fotografía e iniciamos el descenso a la pradera, por un sendero con bastante piedra suelta, por el que bajamos con precaución al Torrejón del Molino, donde atravesamos la pradera, hasta llegar a las ruinas del molino y a la sombra del refugio, paramos a reponer líquidos, cerrando está segunda circular, que nos ha dejado un buen sabor de boca.

Desde el Torrejón del Molino, retomamos la marcha e iniciamos la segunda circular, pasando por el azud del Pozo de las Escaleras
Donde continuamos paralelos al río Piedra, siguiendo las marcas blancas y verdes de un sendero local
Que comparte este tramo con el GR.24, por el que atravesamos un bonito bosque de carrascas y encinas
Sobre el kilómetro 7, llegamos a una bifurcación, donde el GR.24 se secciona en dos, por lo que dejamos la compañía del río Piedra
Para dirigirnos en suave ascenso, al mirador de las Hoces de Torralba o Reconquillo
Paralelos al barranco de la Cueva, entre un espectacular bosque de encinas, carrascas y robles, que ponen el punto de color
Hasta salir a cielo abierto, donde el barranco sigue subiendo, pero, nosotros tomamos una senda a mano derecha
Por la que avanzamos por el borde de los acantilados
Desde los que disfrutamos de las vistas de las hoces a vista de pájaro
Hasta que llegamos a la altura del mirador, donde remontamos los metros que nos separan
Y disfrutamos de una fantástica panorámica, tanto de las Hoces como del entorno que las envuelve
Como no sabemos si la cornisa tiene continuación, buscamos el sendero original, por el que seguimos hacia el Noroeste
Entre carrascas, aliagas, gamones y algún rebollo, enlazando con la Cañada Real que va a Torralba de los Frailes
Mientras poco a poco, vamos virando hacia el Noroeste, acercándonos a los dos torreones conocidos como el Morrón del Gaitero y el Zapato del Cura
Pasando por la base del Morrón del Gaitero, desde el que iniciamos el descenso hasta llegar al Torrejón del molino, donde cerramos la circular

Después, regresamos sobre nuestra pasos, siguiendo las marcas blancas y rojas del GR.24, disfrutando de este tramo de la hoz del río Piedra, cuyas paredes están iluminadas a estas horas por la luz del sol, ofreciendo algunos detalles que está mañana habían pasado desapercibidos, dejando atrás la Peña del Buitre.

Unos metros más adelante, alcanzamos el Paso del Angostillo, donde enlazamos con la senda del mirador, por la que avanzamos en suave ascenso durante poco más de un kilómetro, ganando entre carrascas el centenar de metros de desnivel positivo que nos quedaban, hasta llegar al desvío del mirador de las Hoces, donde, dejamos por unos minutos la senda principal y tomamos otra secundaria, por la que caminamos durante cincuenta metros, hasta llegar al mirador de las Hoces, privilegiado balcón, desde el que ahora si, contemplamos como los buitres alzan el vuelo.

Ensimismados de tan bello espectáculo, permanecemos largo rato en el mirador. Como lo bueno siempre acaba, regresamos a la senda principal, por la que seguimos caminando por terreno llano, rodeando por las alturas uno de los numerosos meandros que forma el río Piedra e iniciamos el descenso, por un sendero bien marcado pero con una fuerte pendiente, en el que aprovechamos la inercia para correr un poco, aunque no podemos evitar la tentación de detenernos por última vez, para disfrutar de las hoces del río Piedra, cuyo final se encuentra cercano, ya que desde este lugar, podemos ver la Puerta de la Hoz.

En un pispas, nos plantamos en el pozo del Sombrerillo, punto en el que cerramos la circular. Desde aquí, proseguimos dirección norte por el fondo de la hoz, atravesamos la Puerta de la Hoz, que en esta ocasión utilizamos de salida, para continuar siguiendo las marcas blancas y rojas del GR.24, entre campos de labor, echando una última mirada atrás y alcanzando la furgoneta, después de casi cinco horas de caminata, que, se han pasado "volando", debido a la preciosidad del paraje que hemos recorrido.

Antes de partir a Zaragoza, hacemos los pertinentes estiramientos, comemos sendos bocatas de lomo con sus respectivas cervezas, mientras rememoramos lo vivido en el recorrido de hoy y planificamos otros nuevos. Ya, de vuelta a Zaragoza, hacemos una parada en la reserva natural de la laguna de Gallocanta, que tiene el honor de ser la mayor laguna natural de la península ibérica y junto con la laguna de Fuentedepiedra, en Málaga, la mayor laguna salada de Europa, en la que cada invierno más de 40.000 grullas visitan sus aguas y permanecen en ella, hasta mediados de febrero.

Después, retrocedemos sobre nuestros pasos, siguiendo las marcas blancas y rojas del GR.24
Fijándonos en los detalles, que a la sombra, se nos habían pasado esta mañana
Dejando atrás la Peña del Buitre, hasta llegar al Paso del Angostillo, donde abandonamos el fondo del barranco
Para tomar a mano izquierda, la senda del mirador, por la que en suave ascenso, entre carrascas
Hasta alcanzar el desvío al mirador de las Hoces, donde dejamos por unos minutos la senda principal
Para bajar al mirador, desde el que obtenemos una amplia panorámica de la Hoz, que sobrevuelan los buitres
Unos minutos más tarde, regresamos a la senda principal, por la que bajamos hasta el Pozo del Sombrerillo
Cerrando la circular y caminando, atravesamos la Puerta de la Hoz 
Por la que salimos de la hoz y entre campos de labor, llegamos al coche, finalizando este bonito recorrido
De vuelta a Zaragoza, paramos en la laguna de Gallocanta, la mayor laguna natural de la Península Ibérica
En la que cada invierno, más de 40.000 grullas visitan sus aguas

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