sábado, 6 de mayo de 2017

Circular al robledal blanco de Mesomero, desde el Cuello San Garbá


El roble albar cuyo nombre científico es Quercus Petraea, en latín significa piedra, y hace referencia a la dureza de su tronco. Está especie, es muy escasa en Aragón, y tan solo es posible encontrar algunas manchas, en el Moncayo, Pirineos, y en la vertiente oriental de la Sierra de Algairén, en el desconocido Valle del Mesomero, donde voy a realizar una ruta circular, uniendo varios senderos balizados. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



Como hoy es un paseo, y en está época del año, algunos domingos se realizan batidas de caza por la zona, me lo tomo con tranquilidad. 

Sobre de las once de la mañana, salgo desde Cuarte de Huerva, por la autovía mudéjar A-23 hasta la población de Cariñena, donde tomo la carretera A-220 hacia la Almunia de Doña Godina, hasta el desvío a Almonacid de la Sierra. 

En vez de dejar la furgoneta en dicha población, aprovecho que los caminos son buenos, para reducir las distancias, y quitarme unos cuantos kilómetros de camino sin interés, así que desde la misma plaza de España, tomo el camino de la Hermana, con buen firme y totalmente llano, a excepción del último kilómetro, donde comienzo a subir hasta alcanzar el Cuello San Garbá, conocido por los lugareños, como la Replaceta de Almonacid, en la que convergen varios itinerarios.


Desde el cruce de caminos, comienzo a trotar durante poco más de cincuenta metros, por medio de un cortafuegos, hasta que a mano derecha, tomo la Senda de la Lechera, por la que me interno en el pinar, por amplio camino de tierra, que rápidamente se transforma en una senda, perfectamente trazada. 

De vez en cuando, el pinar clarea, en uno de estos claros, sobre la cota 950 m, paso junto al mirador de la Val de Garzón, desde el que puedo comprobar la gran masa arbórea que cubre todo esta cara de la Sierra de Algairén, y el bonito contraste que ofrece con las llanuras del campo de Cariñena, cultivadas de vides.

Absorto en el paisaje, el sonido de un disparo me devuelve a la realidad, durante unos segundos me quedo en silencio, hasta que dos nuevos disparos me ponen en alerta, y a pesar de la hora que es, compruebo que al otro lado de la sierra, están realizando una batida de jabalíes.

Como de momento por esta cara estoy seguro, decido continuar, regreso a la senda, y a la carrera, me adentro definitivamente en el pinar de la Hermana, siempre en ligero ascenso, tan solo unos metros por debajo de la base de la Cresta de la Sierra, que hace poco más de un mes, en compañía de Ángel y Marián, recorrimos cuando realizamos la integral a la Sierra de Algairén.

Tras algo más de kilómetro y medio, comienzo a descender, la senda se deja correr muy bien, y poco a poco me voy acercando al pico El Cortado, cuyo perímetro exterior se encuentra cercado, mientras sigo escuchando algún disparo más, aunque cada vez más dispersos.

Cuando alcanzo la confluencia con la senda, que baja desde la Cresta de la Sierra, me encuentro con una pareja que viene asustada al escuchar los disparos, les tranquilizo, explicándoles que en este lado están a resguardo, y después prosigo por la senda, por la que tras algo más de veinte minutos, llego al Collado de la Hermana.

Desde el Cuello San Garbá, inicio la circular por medio de un cortafuegos

Por el que rápidamente, enlazo a mano derecha, con la senda de la Lechera

Por la que voy alternando tramos de pinar

Con otros tramos de claros, en el que se ubica, el mirador de la Val de Garzón

Hasta que sobre la cota 950 m, me adentro definitivamente en el pinar de la Hermana

Por el que en suave descenso, me voy acercando al pico El Cortado

Y tras algo más de veinte minutos, llego al Collado de la Hermana

En el collado, la senda gira 90º para evitar el vallado cinegético, que me impide continuar por el antiguo camino de Almonacid, por el que se sube a la Peña de la Hermana, que tengo justo enfrente, y más adelante al pico El Cortado, que no ofrece mayor interés, que sumar una cima más a la lista.

Antes de seguir, me detengo un instante para echar un trago de agua, mientras corroboro que los disparos han cesado ya; así que a la carrera, comienzo a perder desnivel de forma rápida, por la espectacular Senda las Tiernas, por la que me adentro en un denso encinar, cuyas ramas se encuentran colonizadas por los líquenes.

En un pequeño claro, me detengo para disfrutar de las vistas, hacia el Este, como no podía ser de otra forma, se encuentra el Pico Moncayo o San Miguel, máxima elevación del Sistema Ibérico, cuya cima ya se encuentra nevada, y hacia el Norte, la cercana Sierra de Vicort, en la que destaca la silueta del Pico del Rayo, aunque sin duda el paraje que más me llama la atención, es el desconocido Valle del Mesomero, que se encuentra en lo hondo, cubierto casi en su totalidad, por una espesa masa boscosa.

Después de la pausa, me adentro de nuevo en el maravilloso encinar, donde poco a poco la pendiente se va suavizando, a la carrera, paso junto a los restos de las antiguas carboneras de la Val de Medollo, que recuerdan que la extracción de carbón vegetal en está zona, era uno de los principales oficios, y así lo atestiguan las más de ciento cincuenta carboneras, que hay repartidas a lo largo de la sierra.

Siguiendo las marcas blancas y amarillas del PR-Z14, continúo el descenso hacia el Valle del Mesomero, el terreno se convierte en un bonito sube y baja, que no ofrece ningún problema, y me permite correr cómodamente, ya que la senda tiene un piso perfecto, y el entorno por el que me desenvuelvo ayuda a avanzar.

A medida que me acerco al fondo del valle, el bosque comienza a clarear; cuando apenas llevo cuarenta minutos, llego a la parte baja del Valle de Tiernas, que en esta zona recibe varios nombres, como Valle del Mesomero, e incluso Valle del Amor, debido a que en los años noventa, una comuna hippie, intento establecerse en esta zona.

Desde el Collado de la Hermana, comienzo a descender por medio de un espectacular bosque de encinas

En un pequeño claro, me detengo para disfrutar de las vistas, hacia el Este del Pico Moncayo
Y al Norte de la Sierra de Vircort, aunque sin duda destaca en lo hondo, el Valle del Mesomero

Después de la pausa, me adentro de nuevo en el encinar




Por el que llego al Valle del Tiernas, también conocido como Valle del Mesomero o del Amor




Justo en la lindes del bosque, la senda principal prosigue dirección Norte hacia la Fuente de la Teja, en este punto decido abandonarla, y enlazo con el PR-Z15, por el que continúo dirección Sur/Este, por la Senda del Mesomero, desde la que puedo ver las principales cimas de la sierra, como el Pico Valdemadera y el Cerro del Espino, al que más tarde ascenderé.

Al principio, la senda es algo confusa, ya que atraviesa un campo de labor que ha sido labrado, borrando este corto tramo; después, cruzo el barranco de Valdevillar, que baja seco, y nada más hacerlo, continúo ahora sí, por la senda perfectamente trazada, que va paralela al camino privado, que da acceso a La Casa de la Viuda de Don Pablo Gil.

Nada más dejarla atrás, la senda desemboca en el camino de Alpartir, por el que continúo corriendo, por el bonito bosque de Mesomero, donde las encinas, conviven con varios grupos de serbales, fresnos, y arces de Montpellier, que son regados por las cercanas aguas del río Tiernas.

Casi en el ecuador del recorrido, alcanzo el área recreativa de la Fuente la Jordana, que al ser una fuente natural, depende mucho de las lluvias, y la nieve, por lo que tras un otoño escaso en precipitaciones, apenas baja un hilillo de agua, aunque el entorno sobre el que se sitúa es maravilloso, por lo que aprovecho para hacer una pequeña parada para comer, y echar un trago, que después viene el tramo más duro del recorrido, en el que tengo que superar en apenas tres kilómetros, más de quinientos metros de desnivel positivo.

Justo en las lindes del bosque, abandono la senda principal, y enlazo con el PR-Z15



Por el que prosigo, con vistas a las principales cimas de la Sierra de Algairén

Al principio por una senda borrada, que tras pasar el barranco de Valdevillar, se vuelve clara

Y por la que nada más dejar atrás la Casa de la Viuda de Don Pablo Gil, desemboca en el Camino de Alpartir


Casi en el ecuador del recorrido, alcanzo el área recreativa de la Fuente la Jordana










Con energías renovadas, regreso al camino principal, por el que sigo a la carrera durante medio kilómetro, por terreno de falso llano, entre medio del encinar, hasta que alcanzo una bifurcación, marcada en su entrada con una estaca, situada junto a un cartel rojo de”propiedad privada”, que me impide seguir por el camino de Alpartir.

En este punto, abandono el camino, y cojo la Senda del Mesomero, por la que en suave ascenso, me interno en el espectacular bosque del Mesomero, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-Z15, que no dejaré hasta el Collado del Tío Francisco.

A medida que voy ganando desnivel, la pendiente se acentúa, sobre la cota 1.000 m comienzan a aparecer las primeras manchas de roble albar (quecus petraea); una especie escasa en Aragón, que suele ubicarse entre los 900/1400 m por encima del mar, y que a pesar de estar a finales de otoño, todavía conservan parte de sus hojas, aunque muchas de ellas, ya se encuentran en el suelo, cubriendo la senda.

Como la extensión del robledal, no es muy grande, avanzo despacio disfrutando del entorno, y de las últimas pinceladas del otoño; poco a poco, los robles van dando paso a las encinas, cuyas ramas en este tramo también se encuentran colonizadas por los líquenes, lo que en biología es conocido como "la seca", que también se produce en otras especies como alcornoques, quejigos y rebollos.

Cerca del collado, la pendiente se endurece, el esfuerzo comienza a notarse, así que me quito una capa de ropa, me quedo con la térmica, y continúo el ascenso caminando, hasta salir del bosque, donde ya puedo ver el Collado del Tío Francisco, al que llego en un par de minutos, y que sirve de límite natural entre el Campo de Cariñena y la Comunidad de Calatayud.

Desde la Fuente la Jordana, regreso al Camino de Alpartir

Por el que continúo durante medio kilómetro, hasta llegar a una bifurcación

Donde tomo la senda del Mesomero, y me interno en el bosque siguiendo las marcas del PR-Z15

Sobre la cota 1000 m, comienzan a aparecer las primeras manchas de roble albar
Que a pesar de estar a finales del otoño, aun conservan parte de sus hojas



Como la mancha no es muy extensa, pronto las encinas vuelven a aparecer

Y una vez fuera del bosque, ya puedo ver el Collado del Tío Francisco


Desde el collado, parten varios itinerarios, como el PR-Z15 se dirige hacia el Raso de la Cruz, ahora voy a seguir por uno de sus ramales, el PR-Z15,1, que va al Cerro del Espino, segundo objetivo del día.

Como este tramo es más llevadero, aprovecho para seguir corriendo; así que a la carrera, continúo dirección Norte, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas, remontando una corta, pero fuerte rampa, por la que alcanzo el altar, en el que todas las navidades, el Club Montaña Pirineos, monta un pequeño belén.

Superado este pequeño repecho, inicio el descenso entre carrascas, rodeando la montaña, por cómodo sendero de tierra, por el que rápidamente alcanzo el Collado del Cuervo, donde el sendero converge en una pista rodada.

Durante cien metros desciendo por ella, hasta que tomo a mano izquierda, el sendero de la Cresta de la Sierra, por la que me interno de nuevo en el pinar, por terreno de falso llano, dirección Norte/Este.

Chino a chano, voy ganando desnivel, atrás voy dejando el pinar, que tan buena sombra me ha ofrecido, una vez fuera, ya puedo ver la cima del Cerro del Espino, que pese a su cercanía, aún queda lejos, ya que este último tramo es bastante tendido.

Antes de afrontar los últimos repechos, troto durante unos minutos por la llanura, hasta que comienzo a ascender, ahora ya caminando, contemplando las vistas que a uno y a otro lado me ofrece esta sierra, mientras alcanzo la primera loma, que aunque a lo lejos parece la cima, tan solo es una primera elevación, desde la que observo como un grupo de bikers, ascienden desmontados la última rampa.

Con la cruz de forja que marca la cima del Cerro del Espino, ya a la vista, desciendo a la marcheta, aumento el ritmo para afrontar la última rampa, donde la pendiente se acentúa, paso a los bikers y casi a la par, coronamos la cima del Cerro del Espino, que con sus 1.188 m, es una de las principales cimas de la Sierra de Algairén.

Aprovechando que tengo compañía en la cima, me hago una fotografía junto a la cruz de forja, con el Pico Moncayo como telón de fondo, mientras disfruto de las vistas hacia el Sur del Pico Valdemadera, y al Norte del Valle del río Grio, que tengo pendiente de visitar.

Desde el Collado del Tío Francisco, continúo a la carrera

Hasta alcanzar el Collado del Cuervo, donde el sendero converge en una pista rodada
Por la que desciendo durante cien metros, hasta alcanzar un cruce

Donde cojo a mano izquierda, el sendero de la Cresta de la Sierra

Una vez fuera del pinar, ya puedo ver la cima del Cerro del Espino


En la que aprovecho para hacerme una fotografía, con el Pico Moncayo como telón de fondo

Mientras disfruto de las vistas hacia el Sur del Pico Valdemadera

Y al Norte del Valle del Río Grio



Desde la cima, tan solo me queda descender hasta el Cuello San Garbá, así que me despido, e inicio el descenso por buen sendero, entre pequeños mantos de carrascas, por el que alcanzo el Collado del Espino (cota 1.150 m).

Aquí el sendero se bifurca en dos, hacia la izquierda se puede recorrer toda la Cresta de la Sierra, hasta el Collado de la Hermana, pero hoy, continúo por el sendero principal, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-Z15.1, con vistas a las llanuras del Campo de Cariñena, por el que me interno de nuevo en el pinar.

Poco a poco, la pendiente se acentúa, el sendero comienza a tener mal piso, ya que se encuentra descompuesto, y con mucha tierra, por lo que me toca extremar las precauciones, aunque aun así, no puedo evitar dar algún que otro patinazo.

A medida que voy perdiendo desnivel, dejo atrás el pinar, el sendero se transforma en camino, y unos metros más adelante, en un claro cortafuegos, por el que desciendo hasta el Cuello San Garbá, donde tras un par de horas, cierro está bonita circular, por el desconocido y poco frecuentado Valle del Mesomero.

Desde la cima del Cerro del Espino, inicio el descenso, con vista a la Cresta de la Sierra

Por el que llego al Collado del Espino, desde el que veo las llanuras del Campo de Cariñena

Siguiendo las marcas del PR.Z-15.1, me interno en el pinar


Al salir del pinar, el sendero se transforma en camino


Y unos metros más adelante, enlazo con el cortafuegos, por el que llego al Cuello San Garbá

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