lunes, 20 de febrero de 2017

Ascensión al Moncayo 2.314 m, por el barranco de las Majadillas, descenso por el GR.86, desde la Cueva de Agreda



Con sus 2.314 metros de altura, el Pico Moncayo o San Miguel, es la máxima elevación del Sistema Ibérico, y sirve de frontera natural, entre las provincias de Zaragoza y Soria.

Si bien sus rutas de acceso, tanto en verano como en invierno, son muy conocidas, y concurridas, hoy con la compañía de Carlos (Zancadas Ligeras), vamos a subir por su cara Sur, es decir, por la vertiente soriana, cerca de la población de la Cueva de Ágreda, pero no por la habitual, siguiendo el GR.86, sino remontando el curso del río Molinal, que unos metros más arriba, se convierte en el barranco de las Majadillas, donde atravesaremos un excepcional robledal, es absoluta soledad, algo que es muy difícil de conseguir, en una ascensión al Moncayo. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



Quedamos en Cuarte de Hueva, sobre las siete y media de la mañana, circunvalamos la ciudad y tomamos la A-68 hasta el final del desdoblamiento, donde enlazamos con la N-232 hasta el desvío hacia Pedrola.

Sin dirigirnos a dicha población, giramos a la izquierda, hacia Pozuelo de Aragón, por la CV-620, una carretera prácticamente nueva, sin apenas tráfico,y en perfectas condiciones

Una vez en Pozuelo de Aragón, giramos a la derecha, cruzamos el pueblo, y seguimos por la A-1303 hasta Borja, donde hacemos la parada obligatoria en el obrador, para comprar pan, y algo para desayunar.

Desde Borja, cogemos la N-122 hasta la población soriana de Agreda, donde tomamos la CL-101, por la que circunvalamos la población de Olvega, y seguimos unos kilómetros más hasta el desvío hacia la Cueva de Ágreda, punto en el que cogemos la SO-P-2106, hasta la Cueva de Agreda.

La ruta habitual por el GR.86, parte desde la afueras de la Cueva de Agreda, nosotros en cambio, continuamos durante un kilómetro más por la carretera, hacia Beratón, hasta alcanzar el área recreativa de la Dehesa del Moncayo, donde a la sombra de un roble dejamos aparcado el coche.

Sobre las nueve y cuarto, salimos del coche, la mañana es fría, apenas un par de grados sobre cero, comemos algo rápidamente, porque nos estamos quedando helados, y a la marcheta, iniciamos el recorrido, no sin antes, acercarnos hasta la piscina natural que forma el río Molinal, en la que mi hermano y yo, nos bañábamos cuando eramos unos críos, que recuerdos!.

Desde la piscina, remontamos durante cien metros, por la margen derecha, el cauce del río Molinal, hasta que llegamos a la altura de una pasarela de madera, por la cambiamos de margen, aunque también podríamos haber continuado por la margen derecha, ya que unos metros más adelante, existe una segunda pasarela.

Sin sendero aparente, caminamos pegados al cauce del río, que a pesar de las escasas precipitaciones de este verano, y otoño, lleva un caudal bastante aceptable, aunque nada tiene que ver, con los caudales que antaño llevaba, donde tanto el cauce principal, como los numerosos brazos que salían a lo largo de su curso, siempre iban a tope de agua, pero claro, antes los inviernos, eran mas duros, y el resto del año llovía mucho mas.

Siguiendo el curso del río, alcanzamos la otra pasarela de madera, nosotros continuamos caminando por la margen izquierda, que no abandonaremos hasta aproximadamente la cota 1600 m, hasta los lindes del pinar.

Poco a poco, nos vamos internando en el espeso robledal, que puebla esta ladera Sur del Moncayo, en el conocido como Valle del Araviana, donde los robles centenarios, apenas dejan entrar la luz.

A través del robledal, vamos siguiendo el curso del barranco de las Majadillas, de vez en cuando encontramos tramos de trocha, hechas por la fauna del lugar (corzos y jabalíes), y por los pescadores, que disfrutan del arte de la pesca, con las preciosas y vivaraces truchas, que en buena cantidad, pueblan el cauce del barranco de las Majadillas.

Cuando el bosque se cierra, aprovechamos para hacer una pausa, oteamos a nuestro alrededor, buscando las zonas menos pobladas, y de paso, disfrutar por un instante, del magnifico espectáculo de tonalidades, que el otoño nos regala, y que por suerte, hemos encontrado en su máximo apogeo.

Tomando de referencia el cauce del barranco, chino a chano, vamos ganándole metros al recorrido, con cuidado, apartamos las ramas bajas de los árboles, evitando soltarlas de golpe, y que golpeen al compañero, que viene detrás.

Después de atravesar, un bonito tramo de robledal, salimos a un pequeño claro, donde el barranco dibuja un pequeño meandro, y desde el que divisamos el Cerro del Corralejo, por cuya base pasaremos más adelante.

Área recreativa de la Dehesa del Moncayo, cruzamos por la pasarela de madera, a la margen izquierda

Cauce del río Molinal, más arriba barranco de las Majadillas

Rápidamente nos adentramos en el espectacular robledal, que puebla la cara Sur del Moncayo

Siempre tomando de referencia, el cauce del ahora ya, barranco de las Majadillas



Alcanzamos un pequeño claro, desde el que divisamos el Cerro del Corralejo


Abrumados por tan espectacular entorno, descendemos hasta el cauce del barranco, en este tramo, lo mejor es avanzar pegados a él, así que caminamos por un espeso manto de hierba, en el que de vez en cuando, nos toca sortear, alguno de los diversos ramales, que en este punto, se forman en el barranco de las Majadillas, y que salvamos sin mayores problemas, ya que apenas con una zancada, los cruzamos.

Si algo tiene el barranco de las Majadillas, es que no es de fácil transitar, así que rápidamente, nos vemos engullidos de nuevo en el espeso, y practicamente virgen robledal, en el que tímidamente los rayos de sol, penetran entre sus ramas, y que alivian el frío, que hemos pasado a primera hora de la mañana.

Junto a una pequeña poza, hacemos la primera pausa del día, para echar un trago de agua, y disfrutar en soledad del entorno. Después, seguimos remontado el barranco, que a medida que avanzamos se va estrechando, y perdiendo caudal.

Sobre la cota 1.400 m, el barranco por unos metros se bifurca en dos, nosotros continuamos por el ramal de la derecha, por medio del robledal, hasta alcanzar la base de unas cascadas, cubiertas por ramas y rocas, que las sucesivas nevadas de inviernos anteriores, han ido depositando en el lecho del barranco.

En este tramo, cualquier rastro de trocha o senda desaparece, la pendiente se acentúa, y nos toca caminar monte a través, realizando diversas zetas, para disminuir el esfuerzo a realizar.

En este tramo, caminamos pegados al cauce del barranco, más despejado de vegetación


Aunque enseguida el robledal nos engulle



Junto a una pequeña poza, hacemos una parada, el sol comienza a filtrarse entre los robles

Sobre la cota 1.400 m, llegamos a la zona inferior de las cascadas, que nos toca sortear monte a través


Con bastante esfuerzo, logramos llegar a la parte superior de las cascadas, alcanzamos una extensa pradera, donde abandonamos el espectacular robledal que cubre la cara Sur del Moncayo

Antes de seguir, echamos una última mirada atrás, para disfrutar del robledal, con la Sierra del Madero de fondo, después, caminamos unos metros por la pradera, hasta enlazar con el Camino de la Loma, que sube también desde el área recreativa de la Dehesa.

Este camino, es utilizado por los cazadores, para subir a los puestos de caza, para mi gusto, es una opción poco aconsejable, ya que además de ser más largo, rodea todo el robledal, sin internarse en el, perdiendo gran parte de la esencia del recorrido.

Durante cincuenta metros, continuamos hasta el final del Camino de la Loma, que muere sobre la cota 1.500 m. A buen ritmo, avanzamos por medio de la pradera durante medio kilómetro, hasta alcanzar los lindes del pinar, donde vadeamos el cauce del barranco de las Majadillas, y nos internamos en el pinar, sin sendero aparente, buscando las zonas más claras, eso si, siempre pegados al cauce del barranco, al cual nos acercamos de vez en cuando, para disfrutar de los pequeños saltos de agua, que se forman a lo largo de este tramo.

Poco a poco, el pinar va clareando, cuando alcanzamos la cota 1.750 m, salimos a cielo abierto, abandonamos definitivamente el bosque, y avanzamos sin sendero aparente, buscando las zona mas fáciles de transitar, lo que nos obliga a cambiar de una margen a otra del barranco, cada dos por tres.

Llegamos a la zona superior de las cascadas, donde abandonamos el robledal

Antes de seguir, echamos una última mirada atrás, para disfrutar del robledal, con la Sierra del Madero de fondo


Nada más cruzar a la margen derecha del barranco, nos metemos en el pinar


Poco a poco, el pinar va clareando


Una vez a cielo abierto, realizamos diversos vadeos, buscando las mejores zonas para caminar


Después de varios vadeos, nos perfilamos definitivamente en la margen derecha del barranco de las Majadillas, que a estas alturas, es tan solo un simple arroyo, en el que apenas brota un hilo de agua, que se filtra entre las rocas unos metros más arriba, cerca de los restos de un avión, que se estrello en esta zona, hace unas décadas.

El desnivel acumulado, comienza a notarse, aprovechamos que nos encontramos cerca del cordal, para hacer una pausa, comemos algo, reponemos fuerzas, mientras echamos una mirada atrás y contemplamos desde la lejanía, las llanuras de las tierras sorianas.

Con energías renovadas, nos ponemos en marcha, continuamos nuestro recorrido, por terreno agreste, donde las rocas, se mezclan con los piornos, enebros y brezos, que conforman en su mayoría, la vegetación predominante, por estas alturas.

A pesar del terreno, caminamos con bastante facilidad, tomamos de referencia las trazas de trocha, que hay en determinados puntos, y algunos hitos colocados esporádicamente, aunque la ascensión no tiene pérdida alguna, ya que debemos seguir la línea divisoria, que forma el cauce seco del barranco de las Majadillas, que nace a nuestra izquierda, en el cercano Alto de los Almudejos.

Cerca del cordal, la pendiente se acentúa, comenzamos a realizar diversas lazadas, para amortiguar el fuerte desnivel, que estamos acometiendo, tomando referencia las ruinas de un corral, al que nos aproximamos dirección N, y que dejamos a nuestra izquierda.

Tras varios vadeos, nos perfilamos definitivamente en la margen derecha del barranco


Cerca del cordal, hacemos una parada, donde divisamos las llanuras sorianas, y las sierras colindantes


La pendiente se acentúa, realizamos diversas zetas, tomando de referencia las ruinas de un corral

Caminamos por terreno agreste, entre rocas, enebros, piornos y brezos


Cuando llegamos a las cuatro horas de caminata, sobre el kilómetro cinco, alcanzamos el cordal que une las principales cimas del Moncayo, a la altura del Alto de los Almudejos, y el Cerro San Juan, donde pasamos de la soledad de la ascensión por el barranco de las Majadillas, a compartir ruta, con una horda de personas, que se encaraman por la vía habitual, desde el circo de San Miguel, hacia la cima del Pico Moncayo o San Miguel.

Como no podía ser de otra forma, en el cordal, el Moncayo nos recibe con un tiempo de perros, una nubes negras se aproximan desde el Este, sopla bastante el viento, y la temperatura baja considerablemente, hace un frío de mil demonios!.

Sin detenernos, caminamos por el cordal, nos ponemos los cortavientos para entrar en calor, rápidamente enlazamos con la vía principal, y unos metros más adelante, alcanzamos el gran hito que marca la modesta cima del Cerro de San Juan, que pasamos de largo.

Ya con vistas a la cima del Moncayo, descendemos durante cien metros, hasta alcanzar la pala final, por la que ganamos los últimos metros, en suave ascenso, hasta llegar primero a la talla de la Virgen del Pilar, y unos metros después, a la cima del Pico Moncayo, o San Miguel, que hoy no pasa de ser un objetivo secundario, ya que el verdadero objetivo del día, era disfrutar del robledal, que puebla la cara Sur del Moncayo, en la conocida como "cara oculta del Moncayo".

Nos hacemos una foto en la cima, y rápidamente nos acercamos hasta uno de los vivacs, que hay cerca de la cima, ya que las vistas desde la cumbre son escasas, y nos apetece echar un bocado antes de iniciar el descenso hacia la Cueva de Agreda.

Sobre el kilómetro cinco, alcanzamos el cordal, que une las principales cimas del Moncayo

Enlazamos con la vía habitual que sube desde el Circo de San Miguel

Llegamos a la modesta cima del Cerro de San Juan, que pasamos de largo

Después de un corto descenso, remontamos la pala final que nos ha de llevar al cima



Cima del Pico Moncayo o San Miguel, que nos recibe como es habitual, con un tiempo de perros


Después de charrar con una pareja, y hacer publicidad de nuestros respectivos blogs, es hora de regresar, para ello, la idea inicial, es hacerlo por el GR.86 hasta las próximidades de la Cueva de Agreda, donde enlazaremos con el sendero local PR-SO19 hasta el área recreativa de la Dehesa.

Para ganar algo de tiempo, el descenso lo haremos al trote, en el primer tramo, tenemos la posibilidad de descender por el collado de Pasalabos, o seguir el GR.86 desde el principio hasta, el barranco del Coladillo, punto en el que convergen ambos descensos.

Como conozco ambas alternativas, finalmente decidimos seguir con los planes iniciales, así que nos ponemos los bartulos, subimos la cremallera hasta arriba, e iniciamos el descenso por el cordal dirección S, durante trescientos metros, hasta alcanzar las marcas rojas y blancas del GR.86, donde abandonamos el sendero que viene desde el circo de San Miguel, y tomamos un sendero, que parte dirección O, hacia tierras sorianas.

En suave descenso, vamos perdiendo desnivel, alcanzamos el cauce seco del barranco del Coladillo, que más abajo se convierte en el río Transmoncayo, a su paso por la población de la Cueva de Agreda, y entre matorral bajo, trotamos disfrutando del entorno, siempre atentos a las piedras y raices, que emergen del suelo, para evitar dar un traspies.

Sobre la cota 1.750 m., llegamos a la confluencia con el sendero, que desciende desde el collado de Pasalobos, donde el barranco del Coladillo, comienza a llevar un caudal continuó aunque algo escaso, para la época del año en la que nos encontramos.

A medida que bajamos, la temperatura va subiendo, nos quitamos los cortavientos, y continuamos por buen sendero, siguiendo el curso del barranco por su margen derecha, en el cual nos detenemos un instante, para ver los restos de uno de los varios aviones que se estrellaron en los años 70 y 80, cerca de la cima del Moncayo.

Iniciamos el descenso por el cordal, siguiendo el sendero que sube por la vía habitual

Hasta tomar el sendero que desciende hacia el Oeste

Tomando de referencia las marcas rojas y blancas del GR.86


Descendemos por buen sendero, paralelos al cauce seco del barranco del Coladillo

El cual comienza a llevar agua, cuando converge con el sendero que viene desde el Collado de Pasalobos

Nos detenemos un instante, para ver los restos de un avión que se estrello en el Moncayo, en los años70/80

Aunque ya había subido unas cuantas veces por el GR.86, siempre me sorprende lo tranquilo de este recorrido, sobre todo en comparación con el que sube desde el circo de San Miguel, la sensación de soledad es absoluta, y nos quedamos un rato disfrutando del entorno.

De vuelta al recorrido, seguimos descendiendo, pegados al cauce del río Transmoncayo, poco a poco, nos vamos acercando al final del recorrido, y a las lindes del robledal, que en menor cuantía cubre esta parte.

Antes de adentrarnos en el, echamos una mirada atrás, y comprobamos como el collado de Castilla, va quedando distante; después, nos introducimos por cómodo sendero, en ligero descenso, por es espectacular robledal, por el que decidimos caminar, disfrutando de nuevo, del magnifico espectáculo de tonalidades, que nos ofrece.

Sobre la cota 1.450 m, el sendero muere en un amplio camino de tierra, por el que seguimos ensimismados en el entorno, tanto, que me doy cuenta, de que hace ya un buen rato, que nos hemos pasado el desvío del PR-SO19.

Como tenemos que echar, casi un kilómetro atras, y encima en subida, decidimos seguir por el camino principal, siguiendo el GR.86, por el que en suave descenso, vadeamos en un par de ocasiones, el exiguo cauce del río Transmoncayo.

Tomando de referencia las marcas rojas y blancas, salimos del robledal, ya con vistas a la Cueva de Agreda, en donde podemos ver la cueva, que da origen al nombre del pueblo, en la que habita una importante colonia de murciélagos, que en los últimos años, ha menguado por las enfermedades.

Al final del camino, llegamos a las afueras de la Cueva de Agreda, enlazamos con la carretera que une dicha población con Beratón, caminamos por ella durante ochocientos metros, hasta alcanzar un mirador, desde el que obtenemos unas bonitas vistas de todo el cordal del Moncayo, por el que hace un rato hemos diambulado.

De nuevo en la carretera, continuamos por ella, durante doscientos metros en fuerte descenso, hasta llegar al área recreativa de la Dehesa del Moncayo, tras completar un espectacular recorrido, de 14 kilómetros y casi 1.100 m de desnivel positivo, en la que es sin duda, la ascensión al Moncayo más bonita, e inusual, que se puede hacer.

Antes de partir, hacemos una serie de estiramientos, nos vamos a la Cueva de Agreda, y junto a la fuente del pueblo, nos comemos sendos bocatas de lomo, con sus respectivas cervezas, que nos las hemos ganado!.

Antes de adentrarnos en el robledal, nos detenemos un instante para disfrutar del entorno

Y comprobamos, lo lejos que ya queda, el collado de Castilla

De nuevo nos introducimos en el robledal, menos espeso en este tramo


Tomando de referencia las marcas rojas y blancas del GR.86

Salimos del robledal, ya con vistas a la Cueva de Agreda


Donde continuamos caminando por la carretera, hasta llegar al mirador del Moncayo

Y finalmente, alcanzamos el área recreativa de la Dehesa del Moncayo


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