jueves, 7 de junio de 2018

El soto del Rincón Falso y la balsa del Cascarro, desde la Finca de la Alfranca


El río Ebro en el municipio de Zaragoza cuenta con 22 sotos, con una superficie cercana a las 700 hectáreas, que actúan como espacios de transición, filtro de contaminación, corredor natural y almacén de agua, siendo pequeñas selvas tropicales, que presentan una vegetación frondosa y enmarañada, que crece sobre suelos fértiles y arena, frecuentemente inundados por las crecidas de los ríos, albergando una gran diversidad de especies animales, como el Aguilucho Lagunero, la Garcilla Bueyera, el Martinete común o la Garza Real.

Dada su importancia, están considerados como Reserva Natural Dirigida de los Sotos y Galachos del Ebro, que también contemplan otras figuras de protección como L.IC. y Z.E.P.A., que comprenden los términos municipales de Alfajarín, El Burgo de Ebro, Fuentes de Ebro, Nuez de Ebro, Osera, Pastriz, La Puebla de Alfindén, Villafranca de Ebro y Zaragoza.

Como llevamos muchos fines de semana con mal tiempo (no hay día que no llueva), aprovechamos que para esta tarde el tiempo da una tregua, para enseñarles a unos amigos este pequeño rincón, realizando una pequeña circular al soto del Rincón Falso, desde la Finca de la Alfranca. 


Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc, y para saber como llegar al punto de inicio, en el siguiente enlace. "Como llegar"





Aunque el cielo amenaza lluvia por momentos, después de merendar nos vamos hasta la Finca de la Alfranca, situada a 15 kilómetros de Zaragoza, en el término municipal de Pastriz donde dejamos los coches.

Declarado como Bien de Interés Cultural, el conjunto está compuesto por el Palacio de los marqueses de Ayerbe, el convento de San Vicente de Paúl y las antiguas Caballerizas, hoy rehabilitadas como punto de información, que a estas horas se encuentra cerradas.

Entorno a este conjunto se ha construido un área recreativa, en el que sin duda destaca el Jardín de Rocas, donde formando un crómlech se han colocado distintos grupos de rocas de diferentes partes de la geografía aragonesa, en el que también se sitúa un observatorio, desde el que iniciamos el recorrido atravesando el jardín, hasta localizar la puerta de salida por la que accedemos a una pista de tierra, que dirección Sur vamos rodeando el Galacho de la Alfranca, que es el más importante y mejor conservado, ocupado en su mayor parte por un carrizal que sirve de refugio a una gran cantidad de aves, estando la entrada restringida, aunque se puede ver mediante visita guiada.

Siguiendo el curso del río Ebro, descubrimos que debido a las últimas crecidas, el río ha barrido parte del sistema de canalización, provocando un gran socavón de varios metros de profundidad, que salvamos buscando las zonas más sencillas, sin tener que apoyar las manos.

Solventado este contratiempo, continuamos caminando por la pista entre campos de cultivo, donde podemos ver como las cigüeñas han construido sus nidos en las torres de alta tensión y la mota, que es un bosque de ribera, que se utiliza de forma natural para frenar las crecidas del río, en la que nos vamos fijando en las diferentes especies que la pueblan.

Unos metros más adelante, llegamos al área recreativa de “El Pinar”, donde abandonamos por unos minutos la pista principal, para tomar un sendero por el que nos adentramos en una pinar de repoblación, tomando de referencias unas balizas pintadas en rojo, en el que mirando la corteza de los troncos podemos distinguir dos tipos de pinos: el pino piñonero y el pino carrasco, en cuyas ramas cuelgan varias casetas, aunque no conseguimos ver a los que las habitan.

Cerca de las lindes del pinar, el bosque comienza a clarear, los pinos pierden envergadura, hasta que sobre el primer kilómetro (0.9 km), salimos a una pista secundaria por la que caminamos durante cincuenta metros, pasando por el extremo de otro socavón, enlazando de nuevo con la pista principal por la que avanzamos rodeando el Galacho de la Alfranca, observando a nuestra izquierda las huertas de Pastriz, en las que se ubica un grupo de pinos monumentales que viendo su espigada figura, nos hace pensar que nos encontramos en las tierras del Serengueti.

Dirección Sur, continuamos por la pista paralelos al cauce del río Ebro, que aunque no vemos sabemos que está ahí, observando el bosque de ribera mientras otros juegan a tirarse las espigas que nacen en la maleza sobre la ropa, correteando de un lado a otro, hasta que definitivamente entre las ramas de los chopos y los álamos, podemos ver las aguas de color chocolate del río Ebro, que lleva un caudal “excepcional”, por lo que no sabemos si podremos entrar en el soto del Rincón Falso.

Siguiendo la pista, alcanzamos una pequeña explanada desprovista de vegetación, acondicionada con un par de bancos en la que se ubica el mirador del Ebro, desde el que podemos ver en la margen derecha del río el Soto de Nis y en la margen izquierda el Soto de la Mejana, lugar donde el río forma un amplio meandro, en el que no podemos dejar de echar una mirada a nuestra espalda, para contemplar la comarca de los Monegros, una zona desértica que se encuentra en linea recta a menos de cinco kilómetros del río más caudaloso de España …

En el Jardín de las Piedras, iniciamos el recorrido caminando hasta la puerta

Por la que accedemos a una pista de tierra, que dirección Sur vamos rodeando el Galacho de la Alfranca

Hasta llegar al área recreativa de "El Pinar", donde abandonamos la pista principal

Para coger un sendero, por el que tomando de referencia unas balizas rojas, nos adentramos en un pinar

Que a medida que avanzamos va clareando, hasta que cerca del primer kilómetro

Salimos a la pista principal, por la que caminamos viendo a nuestra izquierda un grupo de pinos monumentales

Dirección Sur, continuamos por la pista oyendo circular las aguas del río Ebro
Que hacen acto de presencia, entre las ramas de los chopos y los olmos

Unos metros más adelante, alcanzamos una pequeña explanada, conocida como el Mirador del Ebro

Desde el que podemos ver en la margen izquierda, el soto de la Mejana

Mientras a nuestra espalda, observamos la comarca de los Monegros
Como quedan un par de horas de luz, nos ponemos de nuevo en marcha, caminamos por la pista que poco a poco va virando hacia el Este, alejándonos del cauce del río que en este tramo forma un amplio meandro, que bordea el soto del Rincón Falso, cuyo acceso localizamos marcado con un panel informativo sobre el recorrido que estamos realizando.

Al encontrarse un poco más elevado que el río, por el momento el agua no ha penetrado en la mota que protege los campos adyacentes de las crecidas del río, que atravesamos por un bonito camino entre una selva formada principalmente por chopos y álamos, que unos metros más adelante cuando el camino se transforma en sendero, se entremezclan con las cañas y el carrizo, que forman un túnel natural bajo el que pasamos, para llegar a una bifurcación, donde tenemos la posibilidad de acceder hasta un antiguo brazo del río, conocido como “madres” que visitamos la vez anterior que recorrimos el soto, que en tiempos de estiaje baja seco, pero ahora se encuentra completamente inundado.

Por suerte, parece que justo el sendero delimita la zona inundada, así que sin más dilación, continuamos caminando atravesando una pequeña pradera cubierta de carrizo, que rápidamente da paso a un denso pero joven bosque de ribera (soto maduro), en el que apenas entra la luz del atardecer, por el que avanzamos tomando de referencia las marcas rojas, donde los tamarices, fresnos, cañas, carrizos y especialmente las zarzas forman una auténtica jungla, en el que cada especie tiene una función determinada en el ecosistema del soto, que sirve como corredor ecológico para algunas especies, en el que se refugian y alimentan el azor, el ruiseñor o el mirlo entre otras.

A medida que avanzamos, el bosque va clareando hasta convertirse en una extensa pradera en la que predominan la retoma y el carrizo, por la que vamos ganando los pocos más de cien metros de desnivel positivo que tiene el recorrido, enlazando unos metros más adelante con la pista forestal que viene desde la Finca de la Alfranca.

Desde el mirador, volvemos a la pista por la que continuamos virando hacia el Este

Hasta alcanzar el desvío del soto del Rincón Falso, marcado con un panel informativo
En el que nos adentramos por un bonito sendero, entre chopos y álamos

Que unos metros más adelante cuando se transforma en un sendero

Da paso al carrizo y las cañas que conforman un túnel natural

Que nada más pasar, comprobamos como el agua ha penetrado en el brazo seco del río 

Por lo que continuamos por el sendero principal, atravesando una pequeña pradera

Que rápidamente da paso a un denso pero joven bosque de ribera

Donde la luz del atardecer apenas penetra

Formando los tamarices, fresnos, regaliz

Cañas y carrizo, una auténtica jungla, que sirve como corredor ecológico para muchas especies
Ahora, caminamos por la pista durante medio kilómetro hasta llegar al desvío del soto del Rincón Falso, donde cerramos está pequeña circular, echando una mirada atrás para ver en lo alto de un cerro la ermita de San Jorge, que visite hace unos veranos con la bicicleta de montaña, siguiendo el cauce del Canal Imperial de Aragón.

Aunque el regreso a la Finca de la Alfranca se puede hacer por caminos secundarios, nosotros preferimos hacerlo por el mismo itinerario. Así que desde la entrada al soto del Rincón Falso nos ponemos en marcha observando a lo lejos la ermita de la Virgen de la Peña, el castillo de Alfajarín y justo detrás la sierra de Alcubierre, situada en el límite occidental de Los Monegros, cuyas máximas elevaciones son la ermita de San Caprasio, con 834 metros y Monte Oscuro, con 824 metros.

La noche va ganando terreno al día, ofreciendo el río unos bonitos contraluces antes de ocultarse tras el Galacho de la Alfranca, donde las cigüeñas se detienen a comer, mientras en la orilla de la pista vemos varias higueras que todavía tienen sus frutos verdes.

Una vez en la Finca de la Alfranca, en vez de entrar directamente al Jardín de las Rocas, continuamos unos metros más por la pista, hasta llegar al sendero accesible de la Balsa del Cascarro, donde cogemos una pasarela de madera por la que caminamos por encima de las aguas de la balsa, hasta acceder a un observatorio de aves en el que nos detenemos unos minutos, esperando poder cazar con la cámara algunas de las aves que habitan la balsa del Cascarro, aunque sin demasiada suerte.

Después, seguimos rodeando por la pasarela la balsa del Cascarro, pasamos junto a un mirador desde el que fotografiamos por última vez la pequeña masa de agua rodeada de carrizo, para continuar unos metros más hasta salir a la pista forestal, por la que regresamos al Jardín de las Rocas, donde descansamos unos minutos observando el Palacio de los marqueses de Ayerbe y el convento de San Vicente de Paúl, dando por finalizado este pequeño paseo, por uno de los muchos rincones en los que podemos evadirnos del día a día, sin tener que hacer grandes desplazamientos.

Siguiendo la pista, llegamos al soto del Rincón falso, donde miramos atrás, para ver la ermita de San Jorge

Desde aquí, regresamos por el mismo itinerario a la Finca de la Alfranca, observando el castillo de Alfajarín

Y justo detrás, la Sierra de Alcubierre

La noche va ganando terreno al día, el río nos ofrece bonitos contraluces

Antes de ocultarse tras el Galacho de la Alfranca, donde las cigüeñas comen

Mientras en la orilla de la pista, observamos varias higueras, que apenas tienen un puñado de higos verdes
Una vez en la Finca de la Alfranca, seguimos unos metros hasta alcanzar el sendero de la Balsa del Cascarro
Donde caminamos por una pasarela de madera

Por la que avanzamos por encima de las aguas de la balsa del Cascarro

Hasta llegar a un observatorio de aves, donde nos detenemos unos minutos

Después, regresamos a la pasarela por la que terminamos de rodear la balsa

Hasta salir a la pista forestal, por la que llegamos de nuevo a la Finca de la Alfranca

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