miércoles, 5 de abril de 2017

Las Hoces del río Piedra, desde Aldehuela de Liestos



El río Piedra, describe entre Torralba de los Frailes y Aldehuela de Liestos, una alambica sucesión de meandros encajados en la montaña serrana, que se conoce popularmente como Las Hoces.

Hoy con la compañía de Carlos (Zancadas Ligeras), vamos a recorrer este singular paraje, uniendo dos pequeños recorridos circulares, que nos permitirán descubrir las Hoces del río Piedra. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



Para disfrutar del entorno en soledad, salimos de Cuarte de Hueva, sobre las siete de la mañana, tomamos la A-23, hasta la salida 210, donde cogemos la A-1506 hasta la población de Daroca, que circunvalamos, y continuamos por la A-211 hacia Molina de Aragón.

Cerca de la Laguna de Gallocanta, nos detenemos un instante para ver un numeroso grupo de gruyas, que campan a sus anchas por los campos adyacentes a la laguna. Después, proseguimos hasta un cruce de carreteras, donde enlazamos con la A-2506 hacia Cubel por la que circulamos durante siete kilómetros, hasta alcanzar el desvío hacia Aldehuela de Liestos.

Por una carretera en obras, seguimos durante nueve kilómetros, pasamos por Torralba de los Frailes, y sin entrar en el núcleo urbano de Aldehuela de Liestos, tomamos una pista de tierra, que nace a nuestra izquierda, en el que se ubica un panel informativo sobre las hoces del río Piedra, y un poste indicador.

Aunque podríamos empezar el recorrido aquí, preferimos quitarnos este primer tramo de unos dos kilómetros que ofrece poco interés, y avanzamos por la pista con la furgoneta, hasta que esta muere en la unión del barranco de la Fuente del Sapo, con el río Piedra.

Debajo de un álamo, aparcamos la furgoneta, la mañana es fresca, pero el cielo esta totalmente despejado, por lo que intuimos que cuando el sol comience a calentar, disfrutaremos de una fantástica mañana.

Sobre las nueve y media, nos ponemos en marcha, tomando de referencia las marcas rojas y blancas del GR.24 "Ruta de las Hoces", por cómodo sendero, entre campos de labor, donde ya podemos ver la Puerta de la Hoz, que da acceso al desfiladero, que el río Piedra, a surcado a lo largo de los siglos, y a la que llegamos entre carrascas, en poco más de cinco minutos.

Una vez en el interior de la hoz, comprobamos que el otoño, ha comenzado a dar paso al invierno, ya que la mayoría de los árboles de hoja caduca, que componen el bosque que cubre parcialmente el ancho del desfiladero, han perdido casi en su totalidad la hoja, con lo que nos quedamos con las ganas de disfrutar de las últimas pinceladas del otoño.

Por el fondo del barranco, caminamos pausadamente disfrutando del entorno, siempre pegados al cauce seco del río Piedra, que recibe su nombre por la capacidad que tienen sus aguas de petrificar o convertir en piedra toda la materia orgánica que baña, debido al alto contenido de carbonato que llevan sus aguas.

Siguiendo su curso, el río va describiendo diversos meandros, en uno de ellos, localizamos el Pozo del Muchacho, que debido a las escasas precipitaciones,  y que en este tramo del río, el agua se filtra, se encuentra seco.

De vez en cuando, vamos cambiando de margen, en algunos puntos se encuentra acondicionado con pequeñas palancas de madera, que hoy no nos son de utilidad, pero que después de un temporal, pueden ser de gran ayuda.

Cuando alcanzamos el primer kilómetro, llegamos al Pozo del Sombrerillo, nombre que recibe por el bolo que corona una de las agujas sobre la que se sitúa, y lugar en el que llegamos al inicio de la primera circular del día.

Iniciamos el recorrido, siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24 "Ruta de las Hoces"


Entre carrascas, llegamos a la Puerta de la Hoz, por la cual accedemos a las hoces del río Piedra


Cuando alcanzamos el primer kilómetro, llegamos al Pozo del Sombrerillo
Punto en el que iniciamos la primera circular de la jornada




Al tratarse de una circular, cualquier opción es buena, nosotros como el desnivel a salvar es de poco más de trescientos metros (aunque el GPS al final marca algo más de quinientos, al ir encajonados se vuelve un poco loco), decidimos dejar el tramo de los miradores para el final, y recorrer en su integridad, todo el fondo de la hoz.

Sin apenas detenernos, continuamos todo recto, por el sendero principal, caminando paralelos al cauce del río Piedra, alternando preciosos tramos de bosque, donde las predominantes carrascas, comparten espacio con álamos negros, sabinas, quejigos, guillomos, y algún que otro ejemplar de Arce de Montpellier, fácilmente reconocible por la forma de trébol que tienen sus hojas, convirtiéndose este tramo de bosque, en un jardín botánico.

Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, llegamos hasta una pequeña oquedad, acondicionada con una mesa de picnic, conocida como la Cueva del Asno, lugar perfecto para hacer una parada si se va con niños, aunque en nuestro caso, tan solo nos detenemos un instante para echar un ojo.

Poco a poco, la mañana va entrando, la humedad se disipa, y los rayos de sol van penetrando entre los árboles, nos quitamos una capa de ropa, y aprovechamos para trotar entre carrascas, quejigos y arces de Monpellier, que todavía mantienen parte de sus hojas, y son los encargados de dar la nota de color al recorrido.

A medida que avanzamos, el desfiladero se va encajonando, afrontamos el tramo más angosto, donde las paredes de la hoz se juntan, y la vegetación se espesa, resultando el que es sin duda, el tramo más bonito de todo el recorrido.

Sobre el kilómetro y medio, alcanzamos la base de las Peñas Caídas, que se encuentran acondicionada con una mesa de picnic, y unos metros más adelante llegamos hasta los restos de una antigua carbonera, donde hasta mediados del S.XX fue utilizada para obtener carbón vegetal, a partir de la leña de la carrasca y el quejigo.

Y es que no hay que olvidar, que este y otros senderos que hoy en día recorremos para disfrutar de la naturaleza, eran antiguamente caminos de herradura, que se utilizaban a diario para unir poblaciones limítrofes, y de acceso a los campos de trabajo.

Nosotros continuamos por el fondo del barranco, entre carrascas, quejigos y álamos negros

Arce de Montpellier, con sus características hojas en forma de trébol, que dan la nota de color al recorrido

Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, llegamos a la cueva del Asno

Pequeña oquedad, acondicionada con una mesa de picnic, perfecta para hacer una parada

Sobre el kilómetro y medio, alcanzamos la base de las Peñas Caídas

Y unos metros más adelante, los restos de una antigua carbonera




Después de la pausa, regresamos al sendero, caminamos por el durante poco más de cincuenta metros, hasta que alcanzamos la Cueva de las Peñas Caídas, abrigo rocoso, algo más grande que el anterior, acondicionado también con una mesa de picnic.

Como nos hemos detenido hace unos minutos, ni nos planteamos la posibilidad de para aquí, así que continuamos por el sendero, hasta alcanzamos una corta y dura rampa, con el piso bastante resbaladizo, debido a la cantidad de hojas que hay en el suelo, y la humedad, que se encuentra equipada, con un tramo de sirga, con la que nos ayudamos para superar esta pequeña dificultad.

Una vez en la zona alta, la vegetación desaparece por unos instante, la hoz se abre y las vistas se extienden hasta un meandro que forma el río Piedra, en el que el sol penetra ya a estas horas, e ilumina las altivas paredes calizas del cañón, dándoles una tonalidad rojiza, muy característica de este tipo de roca.

Chino a chano, descendemos hasta el cauce del río, el sendero se torna de un bonito color verde, por el que caminamos pausadamente, disfrutando del entorno, entre carrascas y algún que otro álamo, por el que comenzamos a divisar entre los árboles, las verticales paredes de la Peña del Buitre, en el que anidan una numerosa colonia de buitres leonados.

Sobre la cota 960 m, llegamos al Paso del Angostillo, punto en el que convergen los dos ramales del GR.24, y en el que finaliza la primera circular del día, que nosotros a nuestro regreso, utilizaremos para disfrutar de las hoces a vista de pájaro.

Siguiendo el sendero, llegamos a la confluencia del barranco del Montecillo en el río Piedra, justo a los pies de la Peña del Buitre, en la que nos detenemos para observar a un grupo de buitres, que están posados en la roca, a la espera de coger una buena térmica para alzar el vuelo.

Nada más visitar la antigua carbonera, llegamos a la Cueva de las Peñas Caídas


En la cual no nos detenemos, y comenzamos a subir, por un tramo resbaladizo acondicionado con sirga


Siguiendo el curso del río Piedra, entre los árboles ya podemos distinguir la silueta de la Peña del Buitre

Cerca de la Peña del Buitre, alcanzamos el Paso del Angostillo, donde se unen los dos ramales del GR.24

Donde podemos ver, como los buitres, están posados en la roca, a la espera de coger una buena térmica



Como parece que de momento no están por la labor de echar a volar, nos ponemos de nuevo en marcha, con el deseo de que más avanzada la mañana, podamos disfrutar de su vuelo, y oír batir sus alas.

Siguiendo las hoces del río Piedra, dejamos a nuestra derecha el sendero que va hacia el barranco del Montecillo, y nosotros continuamos por el fondo del barranco, tomando como referencia las marcas rojas y blancas del GR.24, aunque el sendero no tiene pérdida.

En este tramo, observamos como el paisaje se va transformando, la hoz poco a poco se va abriendo, las paredes pierden altura y la vegetación decrece, reduciéndose tan solo a pequeños grupos de carrascas, y esporádicos chopos, que a duras penas conservan algunas de sus hojas.

Piso herboso, cómodo sendero y terreno llano, aprovechamos para trotar un poco, mientras deambulamos por uno de los meandros que forma el río Piedra, y por el que nada más salir de él, alcanzamos una extensa pradera, conocida como el Torrejón del Molino, en el que se ubica un refugio libre, situado al lado de la escuela de escalada de Torralba de los Frailes, que cuenta con cien vías, que van desde el 5b, hasta el 8a.

Junto al refugio, coincidimos con un grupo de senderistas, que han iniciado el recorrido desde Torralba de los Frailes, charramos un rato con ellos, y aprovechamos para hacer una parada para comer, mientras observamos los restos del antiguo molino harinero de Torralba de los Frailes, realizado en mampostería, del que tan solo se conserva de la parte hidráulica, la rampa de caída del agua, y los dos cárcavos. 

Como los buitres no se animan a volar, nosotros continuamos por el fondo del barranco




Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24 "Ruta de las Hoces"


Donde observamos como el paisaje en este tramo se transforma

Al salir del meandro, llegamos al Torrejón del Molino, en el que se ubican los restos del antiguo molino harinero


La mañana avanza, el sol nos reconforta, apetece estar un rato más aquí, disfrutando del paisaje, pero es hora de seguir, así que desde el Torejón del Molino, retomamos la marcha, e iniciamos en este lugar la segunda circular de la jornada.

Para seguir con el plan establecido, cogemos el sendero que va por el fondo del barranco, por el que rápidamente llegamos al azud del Pozo de las Escaleras, antigua presa de forma semicircular, construida con grandes sillares, que suministraba el agua a la balsa del molino, y que vemos que ha sido restaurada.

Pegados a la acequia, rodeamos por la derecha el Pozo de las Escaleras, hasta alcanzar la parte superior de la presa, por la que cruzamos el cauce seco del río Piedra, donde enlazamos con un bonito sendero, con el piso tapizado por las hojas, por el que caminamos entre un bosque de ribera, formado principalmente por chopos, álamos, robles y fresnos.

Siguiendo las marcas blancas y verdes del sendero local, que en este tramo comparte itinerario con el GR.24, caminamos por la margen derecha del río Piedra, a medida que ascendemos la vegetación va cambiando; carrascas y encinas comienzan a ganar protagonismo, dejando atrás el bosque de ribera.

Cuando apenas hemos superado el kilómetro siete, alcanzamos un cruce de senderos, donde el GR.24 se divide en dos.

Nada más iniciar la segunda circular, llegamos al Pozo de las Escaleras




Rodeamos el pozo, cruzamos la presa, y enlazamos con un bonito sendero
Tomando de referencia las marcas blancas y verdes de un sendero local

Que en este tramo comparten itinerario con el GR.24


En el kilómetro siete, el GR.24 se bifurca en dos; nosotros tomamos el que va al Mirador del Reconquillo


En este punto, abandonamos por unos minutos la compañía del río Piedra, cruzamos el cauce, y continuamos dirección SO hacia el mirador de las Hoces de Torralba o Reconquillo, por un sendero, por el que comenzamos a ganar desnivel de forma gradual, paralelos al barranco de la Cueva, entre un espeso bosque de robles, encinas y carrascas.

Sobre la cota 1.045 m, el barranco de la Cueva se bifurca en dos, yendo ambos ramales en claro ascenso, nosotros tomamos una senda que nace a nuestra derecha, marcada en su inicio con un hito, por la que comenzamos a caminar por una bonita cornisa, desde la que obtenemos unas espectaculares vistas del tramo de la Hoz de Torralba, que hace unos minutos hemos recorrido.

Por unos instantes, nos alejamos del filo de la montaña, nos acercamos hasta los restos de una edificación, que posiblemente en otros tiempos, sirviese para guardar el ganado, después, el sendero se adentra unos metros en la montaña, pero nosotros preferimos continuar por la cornisa, para seguir disfrutando de la hoz de Torralba, a vista de pájaro.

Cuando llegamos al kilómetro nueve, sobre la cota 1.051 m, echamos un vistazo al GPS, y comprobamos que nos hayamos a la altura del mirador del Reconquillo, por lo cual, abandonamos la cornisa, y comenzamos a ganar desnivel monte a través, buscando las zonas menos agrestes, hasta que después de tres horas de caminata, alcanzamos el mirador del Reconquillo.

Como hace una mañana muy agradable, aprovechamos para hacer una parada de avituallamiento, comemos, bebemos, mientras disfrutamos de una amplia panorámica de la hoz de Torralba, y de las sierras colindantes, en el que podemos observar, como en este tramo de la hoz, el río piedra, a formado un meandro perfecto.

Nada más cruzar el río, enlazamos con un sendero, por el que comenzamos a ganar desnivel


Paralelos al barranco de la Cueva,entre robles y encinas

Sobre la cota 1.045 m, tomamos una senda, que nace a nuestra derecha, marcada con un hito en su inicio
Por la que caminamos bordeando la montaña

Hasta alcanzar las ruinas de una edificación, donde la senda se interna

Y nosotros decidimos dejarla, y seguir caminando por la cornisa

Para disfrutar de las espectaculares vistas, que tenemos de las hoces de Torralba

Tras tres horas, llegamos al mirador del Reconquillo

 En el que podemos observar, como en este tramo de la hoz, el río piedra, a formado un meandro perfecto




Después de la pausa, toca seguir con la ruta, como no sabemos por donde nos va a llevar la cornisa por la que hemos venido, ni si tiene continuación, decidimos esta vez, tomar el sendero original, así que retrocedemos unos metros, y rápidamente encontramos la bifurcación, marcada con un hito, en la que tomamos el sendero que va hacia nuestra derecha dirección NO.

Entre carrascas, aliagas, gamones, y algún que otro ejemplar de rebollo,  cruzamos el cauce seco del barranco del Reconquillo, unos metros más adelante, enlazamos con la Cañada Real, que va hacia Torralba de los Frailes, y en suave descenso, aprovechamos para trotar un rato.

Poco a poco, el camino va virando hasta tomar dirección NE, a lo lejos, ya podemos ver los dos torreones conocidos en la zona, como el Morrón del Gaitero, y el Zapato del Cura, que se ubican próximos al Torrejón del Molino en el que hemos iniciado la segunda ruta circular. 

A cada paso, el sol calienta, nos apetece disfrutar de la sombra, así que aumentamos el paso, y en poco más de dos minutos nos plantamos en la base del Morrón del Gaitero donde nos hacemos una rápida fotografía, y emprendemos el descenso hacia la pradera, por un sendero con el piso con bastante piedra suelta, por el que bajamos con precaución.

Ya en la zona baja, llegamos al Torrejón del Molino, caminamos unos metros por la pradera, hasta las ruinas del Molino, y a la sombra del refugio, hacemos una parada para reponer líquidos, cerrando esta segunda circular, que nos ha dejado un buen sabor de boca.

Después regresamos sobre nuestra pasos, siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, disfrutando de este tramo de la hoz del río Piedra, que con la luz de sol reflejando en sus paredes, y viéndola desde otra perspectiva, nos hace percatarnos de algunos detalles, que en nuestro caminar esta mañana no nos habíamos fijado.

Retrocedemos unos metros hasta coger el sendero, por el que caminamos hacia el barranco del Reconquillo

Donde nada más cruzar, enlazamos con la Cañada Real que va hacia Torralba de los Frailes

En dirección NE, donde vemos los dos torreones, conocidos como el Morrón del Gaitero, y el Zapato del Cura

Morrón del Gaitero

Tras el descenso, llegamos al Torrejón del Molino, donde nos detenemos para reponer líquidos


Y después, retrocedemos sobre nuestros pasos, siguiendo el GR.24 "Ruta de las Hoces"

Cuando sobrepasamos la Peña del Buitre, abandonamos el lecho del río, en el conocido como Paso del Angostillo, donde enlazamos con la senda del mirador, que nace a nuestra izquierda, y continuamos en suave ascenso por ella, durante poco más de un kilómetro, en el que terminamos ganando los cien metros de desnivel positivo que nos quedan.

Entre carrascas, alcanzamos el desvío hacia el mirador de las Hoces, en este punto, dejamos por unos minutos la senda principal, y tomamos otra secundaria, por la que caminamos durante cincuenta metros, hasta llegar al mirador de las hoces, privilegiado balcón, desde el que ahora si, contemplamos como los buitres alzan el vuelo, desde las repisas, y recovecos en los que anidan.

Ensimismados de tan bello espectáculo, permanecemos largo rato en el mirador, como lo bueno siempre acaba, regresamos a la senda principal, por la que seguimos caminando por terreno llano, rodeando por las alturas, uno de los numerosos meandros que forma el río Piedra.

A vista de pájaro, iniciamos el descenso por sendero bien marcado, en fuerte pendiente, por el que al trote, rápidamente perdemos altura, aunque no podemos evitar la tentación de detenernos por última vez, para disfrutar de las hoces del río Piedra, cuyo final se encuentra cercano, ya que desde este lugar, podemos ver la Puerta de la Hoz.

En un pispás, nos plantamos en el pozo del Sombrerillo, punto en el que cerramos la circular; desde aquí, proseguimos por el fondo de la hoz, dirección N, hasta la Puerta de la Hoz, que en esta ocasión nos sirve para salir de ella.

Ahora tan solo nos queda retornar hasta la furgoneta, así que siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, lo hacemos entre campos de labor, echando una última mirada atrás, y alcanzando la furgoneta, después de algo más de cuatro horas y media de caminata, que se nos ha pasado "volando" debido a la preciosidad del paraje que hemos recorrido, y al cual seguro volveremos para la próxima primavera u otoño.

Antes de partir a Zaragoza, hacemos los pertinentes estiramientos, y nos comemos sendos bocatas de lomo, con sus respectivas cervezas, mientras rememoramos lo vivido en el recorrido de hoy, y planificamos otros nuevos.

De vuelta a Zaragoza, hacemos una parada en la reserva natural de la laguna de Gallocanta, que tiene el honor de ser la mayor laguna natural de la península ibérica, y junto con la laguna de Fuentedepiedra, en Málaga, la mayor laguna salada de Europa, en la que cada invierno más de 40.000 grullas visitan sus aguas, y permanecen en ella hasta mediados de febrero.

Cuando sobrepasamos la Peña del Buitre, tomamos la senda del mirador, que nace a nuestra izquierda


Tras tomar el desvío al mirador, descendemos hasta el, por una senda secundaria

Por la que llegamos al mirador de las Hoces, desde el que obtenemos unas fantásticas vistas

Después, iniciamos el descenso hacia la Puerta de la Hoz


Donde cerramos la primera circular, e iniciamos el camino de vuelta 

De regreso a Zaragoza, nos detenemos en la Reserva Natural de la Laguna de Gallocanta

Donde todos los inviernos, más de 40.000 grullas procedentes del Norte de África, migran a estas tierras

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