domingo, 25 de junio de 2017

Circular a los Mallos de Riglos, la Foz de Escalete y el Mirador de los Buitres, desde Riglos


A unos 45 kilómetros de la ciudad de Huesca, en la localidad de Riglos, se alzan los Mallos de Riglos, altivas paredes verticales de conglomerado, que llegan a alcanzar los 275 metros de altura, en el conocido Mallo Pisón.

Zona de escalada por excelencia, en ellos, se forjaron grandes leyendas de la escalada Aragonesa, como los míticos Alberto Rabadá, Ernesto Navarro o Ángel Lopéz "Cintero", que se encargaron de abrir varias vías de escalada de gran dificultad, infranqueables hasta el momento, como la Serón Millán al Mallo Pisón, o la vía Galletas al Mallo Fire, entre otras muchas.

Hoy con la compañía de Carlos (Zancadas Ligeras) y Rubén (La Cabra de Monte), vamos a realizar una circular por los Mallos de Riglos, alejándonos en algunos puntos de las zonas habituales, alargando la ruta, hasta la Foz de Escalete, y descendiendo por el paso equipado de la Peña Don Justo, que será el encargado, de poner el toque de aventura a la circular. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



Como suele ser habitual cuando vamos a tierras oscenses, quedamos a las siete en Villanueva de Gállego; en un solo coche, ponemos rumbo a Huesca por la A-23, hasta circunvalar la ciudad, donde cogemos la A-132 hasta Ayerbe, en el que hacemos una parada obligatoria en la panadería Ascaso,para comprar el pan, y algo más.

Desde Ayerbe, continuamos unos kilómetros por la carretera, hasta alcanzar el desvío a Riglos, donde antes de aparcar, nos detenemos un instante junto al mirador, en el que se ubica una placa en conmemoración a Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, muertos en el año 1963, cuando escalaban la pared Norte del Eiger (ogro en alemán), que tantas vidas se ha cobrado, a pesar de ser una montaña que no llega a los 4.000 metros de altura (3.970 metros).

En el mirador, comprobamos como la niebla, y las nubes, cubren todavía parte de los Mallos de Riglos, la meteorología para hoy es algo incierta, así que intentaremos hacer a la carrera, gran parte del recorrido, para evitar tentar a la suerte, y acabar chipiados, por lo que rápidamente nos montamos en el coche, y avanzamos el medio kilómetro que nos queda hasta Riglos, hasta dejar el coche en uno de los aparcamientos habilitados, ya que está prohibido hacerlo en el interior del municipio.

Lo primero de todo, tomamos un tentempié, después, iniciamos el recorrido callejeando por las bonitas calles de Riglos, situado a los pies del imponente Mallo Pisón, que dentro de un rato estará a rebosar de escaladores, intentando conquistar algunas de sus vías más afamadas.

Rápidamente, salimos a las afueras del Riglos, dejamos atrás el asfalto, que da paso a un amplio camino de tierra, por el que llegamos hasta la altura del mítico Puro, donde el camino se bifurca en dos.

Aunque ambas opciones nos llevan al mismo destino, nosotros preferimos bajar hasta el embalse de la Peña por Carcabilla, para realizar una circular más amplia, así que a la carrera, comenzamos a descender dirección Norte/Oeste con vistas a la espectacular Peña Rueba, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-HU98.

A medida que vamos perdiendo desnivel, el camino se transforma en un bonito sendero, desde el que ya podemos ver, las aguas turquesas del río Gállego (igualito que cuando pasa por Zaragoza), y como poco a poco, la niebla se va disipando tanto de la Peña Rueba, como de los Mallos de Riglos, que van quedando atrás.

Después de un corto tramo ondulado, alcanzamos las vías del tren del Cranfanero, donde sin sendero aparente, seguimos corriendo pegados a ellas, durante más de medio kilómetro, dejando a nuestra izquierda un viejo apeadero.

A los pocos metros, nos encontramos con la agradable sorpresa del Canfranero, que a "su ritmo" va hacia Riglos; mientras nos detenemos para verlo, nos percatamos que unos metros más abajo hay un sendero, así que miro el GPS, y compruebo que nos hemos pasado de largo, así que retrocedemos hasta el apeadero, donde en una esquina, vemos las marcas blancas y amarillas del PR.HU98, bastante escondidas.

Vistas de los Mallos de Riglos desde el mirador, donde iniciamos el recorrido callejeando por Riglos
Nada más salir, el camino se bifurca en dos, nosotros tomamos el que va a la Peña, por Carcabilla

Por el que comenzamos a descender, con vistas a la Peña Rueba

Y unos metros más abajo, al río Gállego

Dejando atrás entre las brumas, los Mallos de Riglos

Después de un corto tramo ondulado, alcanzamos las vías del tren del Canfranero

Por las que corremos pegados a ellas, hasta un viejo apeadero



Recuperado el itinerario, rodeamos el apeadero por la izquierda, continuamos el descenso hacia el río Gallego, por un bonito sendero, entre matorral bajo y algún que otro pino, donde ya podemos ver la central eléctrica de Carcabilla, a la que poco a poco nos vamos acercando.

Cerca de la central, el sendero desemboca en una acequía, por la que vamos trotando por la zona alta; pasamos por debajo del tubo de la central, que queda más abajo, justo a la altura del cauce del río Gállego, y sobre el kilómetro cuatro, llegamos a una bifurcación, situada próxima a la Pardina de Carcabilla.

De las dos opciones, nosotros seguimos dirección Norte/Oeste por el PR.HU98, que no debemos perder hasta el embalse de la Peña; durante medio kilómetro, avanzamos por amplio camino de tierra, por el que cruzamos las vías del tren del Canfranero, y enlazamos con un estrecho sendero, por el que comenzamos a ganar desnivel.

Una vez llegamos al punto más elevado, el sendero gira a la izquierda, las vistas desde este lugar son fantásticas, hacia el Sur disfrutamos de los Mallos de Leonar, cuyas puntas se elevan por encima de la niebla, y al Norte del embalse de la Peña, al que nos vamos acercando, por un espectacular sendero por el que vamos rodeando la montaña, por encima del río Gállego, y las vías del tren del Canfranero, que se internan en la montaña.

Cerca de la presa, el sendero pierde altura de forma brusca, aunque las diversas lazadas que describe, hace que descendamos sin mayores problemas, disfrutando de la bonita estampa que ofrece el embalse de la Peña, en el que sin duda nos llama la atención, la forma de diente, que tiene la roca situada junto a la presa, la cual alcanzamos tras hora y media.

Junto al camino de acceso a la presa, nos detenemos para descansar, y disfrutar de las vistas limitadas, que hoy tenemos del embalse de la Peña, que con más de un siglo de vida, es el segundo embalse más viejo de Aragón, que se construyo para regular el río Gállego, antes de que entrase en el desfiladero que discurre entre los Mallos de Riglos, y cuyo nombre debe al paredón calcáreo de la Cerrada, junto a la que se construyo la presa.

Recuperado el sendero, descendemos hacia el río Gállego, ya con vistas a la Central de Carcabilla

Sobre el kilómetro cuatro, alcanzamos una bifurcación, donde seguimos por el PR.HU98 hacia la Peña

Durante medio kilómetro, por amplio camino de tierra, hasta cruzar las vías del tren

Donde enlazamos con un sendero, desde el que disfrutamos hacia el Sur de los Mallos de Leonar
Y al Norte del embalse de la Peña



Al que nos vamos acercando por un espectacular sendero

Cerca del embalse, perdemos desnivel de forma brusca, hasta llegar a la presa



Desde la misma presa, se inician varios itinerarios, nosotros por el momento vamos a seguir por el PR-HU98, así que a la carrera, continuamos dirección Sur/Este, durante unos metros en suave ascenso, después por terreno totalmente llano, donde correr se hace fácil, entre las aguas del embalse y las vías del tren, que aparecen de nuevo, de entre la montaña.

Con está tónica, corremos durante algo más de un kilómetro, hasta que llegamos a la altura de un murete de contención, aquí nos detenemos, echo un vistazo al GPS, y compruebo que en este lugar, hemos de abandonar las marcas blancas y amarillas, que se dirigen de forma directa hacia la población de la Peña.

Cruzamos las vías del tren, e inspeccionamos la zona ya que en un principio no encontramos indicios de sendero o senda; al final, vemos unas trazas de trocha, que decidimos seguir durante cincuenta metros, hasta que salimos a un camino, por el que avanzamos pegados al canal de Carvabilla, que durante 6.700 metros, se encarga de traspasar la desembocadura al Gállego, del río Garona, bordeando la cola del embalse, y atravesando la Foz de Escalete.

Cuando el canal se adentra en la montaña, enlazamos con una amplia pista de tierra, en la que convergen el GR.95 y el PR-HU98, por la que en suave ascenso, nos introducimos en una esclarecido pinar, desde el que podemos ver en lo hondo, la población de la Peña, y en la lejanía algunas formaciones montañosas de la Sierra de Loarre, como Campaniella.

Tras un suave descenso, alcanzamos la Foz de Escalete, un enorme tajo en la roca caliza, que hace de puerta de entrada, en cuyos cimientos discurre el barranco del Forcallo, en la que se sitúa una antigua escuela de escalada, construida en el año 1987, ahora en el olvido, como otras muchas otras, pero que en su día fue un referente, ya que en ella alberga 60 vías, con dificultades que oscilan entre el V+ y el 8c, en el que destacan sin duda, el sector de la Pared del Puente, y el sector del Muro del Fondo, separados por una vía ferrata, que podemos ver desde el puente.

Para poder disfrutar de la hoz en su máximo esplendor, decidimos avanzar por la pista dirección Sur/Oeste, en suave ascenso, durante varios cientos de metros, hasta que las vistas hacia la Foz de Escalete son completas, en las que sin duda destaca el Gran Diedro, y las colonias de buitre leonado, que habitualmente se posan en las aristas de esta mole granítica.

Desde la presa del embalse, continuamos en suave descenso, tomando de referencia el PR-HU98
Entre las aguas del embalse, y las vías del tren del Canfranero, hasta que llegamos a un muro de contención
Donde cogemos una trocha, hasta salir a un camino, por el que seguimos, junto al canal de Carcabilla

 Hasta que se filtra en la montaña, y enlazamos con una pista, en el que convergen el GR.95 y el PR-HU98

En suave ascenso, nos adentramos en un esclarecido pinar

Desde el que podemos ver, la Peña, y algunas formaciones montañosas de la Sierra de Loarre

Al salir del pinar, descendemos unos metros, por amplia pista

Hasta alcanzar la Foz de Escalete

Donde destaca a la derecha, el Gran Diedro

Para verla mejor, nos alejamos hasta conseguir una visión completa de la Foz de Escalete

Aunque el lugar es bonito, nos sabe a poco, en cuanto nos alejamos de la foz, el paisaje cambia; sobre el kilómetro diez, llegamos junto a las ruinas de la Pardina de Escalete, que en su día fue un gran caserón habitado por la familia Viñas, y después de la guerra por los Boned, de Agüero.

A unos metros de la pardina, el GR.95 se bifurca en dos, teniendo la posibilidad de ir hasta Sarsamarcuello, o hacer una circular desde La Peña, pasando por la Foz de Garoneta, opción que elegimos por el momento, aunque más adelante cogeremos otro camino, por el que subiremos hacia el Mirador de los Buitres, próximo destino.

Tras la bifurcación, iniciamos un tímido descenso, donde aprovechamos para trotar, enseguida la pista se torna cuesta arriba; los primeros rayos de sol comienzan a filtrarse entre la niebla, lo que resalta los colores de la vegetación, aunque las fotografías con esta luz, no salen todo lo bien que nos gustaría.

Tomando de referencia las marcas rojas y blancas del GR.95, vamos ganando el desnivel que necesitamos, para alcanzar los más de mil metros sobre los que se sitúa el Mirador de los Buitres.

Cerca de la Casa de la Pequera, la pista se bifurca en dos, nosotros continuamos dirección Sur, por la pista principal, dejando a nuestra izquierda la pista que se dirige a la Foz de Garoneta, que quiero visitar un día, y más tarde a la población de la Peña.

De vez en cuando el GR. nos permite alcorzar, el terreno cada vez es más bonito, pero la pista se hace larga. Cuando estamos a punto de llegar al kilómetro quince, alcanzamos el Collado de San Román, donde convergen el GR.1 y el GR.95, punto desde el que podemos descender a Riglos, por el barranco dela Mota o por el Camino del Solano.

Como queremos visitar el Mirador de los Buitres, y no nos apetece regresar hasta el Collado, preferimos bajar hasta Riglos, por el camino equipado de la Peña Don Justo, que podemos ver desde aquí, junto con los Mallos de Riglos.

Desde el collado, continuamos por amplia pista de tierra en suave ascenso, durante poco más de un kilómetro, hasta que llegamos a una encrucijada de caminos, donde nos detenemos un instante a charrar, mientras observamos a lo lejos, el Castillo de Marcuello, construido en el S.XI, del que tan solo se conserva la pared de la torre, y la Iglesia románica, que visite junto a mi mujer, hace unos años, cuando subimos a la Peña del Sol, desde Sarsamarcuello.

Desde la Pardina de Escalete, descendemos unos metros por la pista

Aunque rápidamente, comenzamos a ganar desnivel, ya que nuestro objetivo esta a más de 1.000 metros

De vez en cuando, el GR.95 nos permite alcorzar

Y cerca del kilómetro quince, llegamos al Collado de San Román, donde convergen el GR.1 y el GR.95

Desde el que podemos ver a la izquierda, la Peña Don Justo, por la que descenderemos

Y en el centro, la Peña Rueba, y los Mallos de Riglos



Nosotros, continuamos por la pista principal, en suave ascenso

Hasta alcanzar una encrucijada de caminos

Desde la que podemos ver el Castillo de Marcuello



Después de la pausa, cogemos la pista que se dirige dirección Norte/Oeste hacia el Mirador de los Buitres, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-HU99, que sube desde Sarsamarcuello, donde nos encontramos con la desagradable circunstancia, que todo el perímetro de la pista, se encuentra vallado, por lo que no podemos tomar, la senda Os Fills, que bordea toda la zona de acantilados, y ofrece unas vistas fantásticas.

Con nuestro gozo en un pozo, continuamos en suave ascenso por la pista, una vez en el punto más alto del recorrido, descendemos a la carrera durante casi un kilómetro, hasta que llegamos al Mirador de los Buitres, donde aprovechamos para hacer una larga parada, para comer, mientras disfrutamos de unas vistas de pájaro, de los Mallos de Riglos y la Peña Rueba.

Antes de partir, nos introducimos en el bunker de observación de aves, donde podemos ver a los buitres sobrevolar la zona; como las nubes empiezan a cubrir los Mallos, para evitar que nos pille la lluvia en el peor tramo, decidimos emprender el descenso, por la Peña Don Justo, cuyo desvío se encuentra a tan solo unos metros del Mirador de los Buitres, y que sirve como descenso para la vía ferrata de Cubilillo os Fils.

Por una clara senda, balizada en su entrada, seguimos durante doscientos metros, hasta alcanzar el borde de la Peña Don Justo, donde iniciamos un vertiginoso descenso, por una senda vestida de bojes, en los que nos vamos asiendo, para evitar acabar mordiendo polvo.

Tras varias lazadas, alcanzamos una amplia cornisa, equipada con cable de vida, por la que caminamos con precaución, ya que aunque no se ve el fondo por la vegetación, una caída traería malas consecuencias; en un pequeño claro, nos detenemos un instante, para disfrutar de un primer plano del Mallo El Tornillo, un torreón de más de 80 metros de altura, compuesto por una sucesión de placas superpuestas de conglomerado y areniscas, cuya primera ascensión fue realizada en el año 1952, por la cordada compuesta por Rabadá, Bescos y Montaner.

Después de este agradable descubrimiento, continuamos por la repisa, descendemos ligeramente, hasta alcanzar, el que es sin duda, el punto más complicado de este camino equipado, un pequeño puente tibetano, de unos dos metros de longitud, que aunque no tiene gran dificultad, tiene una caía de un par de metros, por lo que con unas cintas express, y un cordino  que hemos porteado en la mochila, nos hacemos un arnés de fortuna, con el que uno a uno, vamos pasando el puente.

Una vez superado, hacemos un sencillo destrepe, utilizando la técnica de oposición, después descendemos una metros por una abertura, equipada con cable de vida, hasta que llegamos al inicio de una escalera metálica, por la que descendemos cómodamente, e iniciamos un vertiginoso descenso, por un terreno inestable, y con mucha tierra, equipado con varios tramos de sirga, al que nos agarramos fuertemente, para descender, no sin dar algún que otro patinazo.

En la encrucijada, cogemos la pista que va dirección Norte/Oeste, hacia el Mirador de los Buitres

Por la que llegamos al punto más elevado, y a la carrera, descendemos durante casi un kilómetro

Hasta el Mirador de los Buitres, desde el que divisamos, la Peña Rueba y los Mallos de Riglos
A unos metros del bunker, cogemos la senda, por la que caminamos durante doscientos metros

Hasta alcanzar el borde de la Peña Don Justo, donde por senda, iniciamos un vertiginoso descenso

Tras varias lazadas, llegamos a una repisa, equipada con cable de vida

Por la que podemos disfrutar de un primer plano del Mallo El Tornillo, con los Mallos de fondo

Unos metros más adelante, sorteamos un pequeño puente tibetano

Tras un sencillo destrepe, descendemos por una abertura, por la que alcanzamos una escalera metálica
Una vez abajo, iniciamos un fuerte descenso, por terreno inestable, en el que nos ayudamos del cable de vida

Aunque en el tramo final, este desaparece, y nos toca apoyarnos con las manos, ya que resbala bastante
Poco a poco, la pendiente se va suavizando, el sendero se hace más evidente, y la vegetación clarea, lo que nos permite disfrutar de unas fantásticas vistas a la Peña Rueba, los Mallos de Riglos, y por primera vez del Paredón de los Buitres o Mallo Arcaz, en el que esta restringida la escalada, ya que en el, anida una nutrida colonia de buitre leonado.

Cuando alcanzamos las lindes del Pinar del Soro, llegamos a una bifurcación, donde continuamos por el sendero principal, entre pinos, y las altivas paredes de los mallos, que conforman la Peña Don Justo, dejando a nuestra izquierda, el sendero que se dirige al inicio de la vía ferrata de Cubilillo Os Fills.

Sobre la cota 800 metros, el sendero se divide en dos, ambas opciones van a Riglos, aunque la que sigue todo recto hacia la Fuente del Clérigo es un poco más larga; decidimos tomar el sendero de nuestra izquierda, por el que comenzamos a descender por medio del Pinar del Soro, donde los troncos de los árboles, taponan el sendero en alguna ocasión.

Rápidamente, llegamos hasta el barranco de la Mota, que apenas lleva caudal, lo cruzamos, y comenzamos a ganar desnivel de forma suave, por un cómodo sendero, hasta que enlazamos a la altura del Paredón de los Buitres, con la pista que viene desde Riglos, que se encuentra a poco más de un kilómetro de donde nos hayamos.

Ahora ya, aprovechamos para correr por la pista, tomando de referencia las marcas rojas y blancas del GR.1, que vienen desde el Collado de San Román, disfrutando de las vistas de los Mallos de Riglos, cada vez más cerca, haciendo caso omiso a cualquier desvío, hasta llegar a las estribaciones de Riglos, donde nos tenemos un instante para beber en la fuente del Pueblo; después callejeamos siguiendo el curso de una acequia, hasta que alcanzamos el aparcamiento, donde tras casi seis horas, cerramos esta bonita circular.

Antes de regresar a Zaragoza, hacemos sendas tandas de estiramientos, y nos bebemos unas cervezas, con sendos bocatas de lomo, mientras rememoramos lo vivido, y planificamos nuevas rutas, que a pesar de que hemos recorrido buena parte de nuestra región, siempre nos quedan cosas pendientes.

Cuando la vegetación clarea, disfrutamos de unas bonitas vistas de los Mallos de Riglos
Y por primera vez, del Paredón de los Buitres, en el que anida una colonia de Buitre Leonado

En la cota 800 metros, el sendero se bifurca en dos; nosotros cogemos el que desciende por el Pinar del Soro

Tras cruzar el barranco de la Mota, comenzamos a ganar desnivel, por cómodo sendero

Hasta que enlazamos con pista que viene del Collado de San Román, por la que regresamos a Riglos

Echando de vez en cuando, una mirada atrás, donde vamos alejándonos de la Peña Don Justo

Y acercándonos a los Mallos de Riglos, tomando de referencia las marcas rojas y blancas del GR.1

Por las que llegamos a las estribaciones de Riglos

Y tras beber agua en la fuente, callejeamos hasta el aparcamiento, siguiendo el curso de una acequia

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