sábado, 6 de mayo de 2017

Circular al robledal blanco de Mesomero, desde el Cuello San Garbá


El roble albar cuyo nombre científico es Quercus Petraea, en latín significa piedra, y hace referencia a la dureza de su tronco. Está especie, es muy escasa en Aragón, y tan solo es posible encontrar algunas manchas, en el Moncayo, Pirineos, y en la vertiente oriental de la Sierra de Algairén, en el desconocido Valle del Mesomero, donde voy a realizar una ruta circular, uniendo varios senderos balizados. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



Como hoy es un paseo, y en está época del año, algunos domingos se realizan batidas de caza por la zona, me lo tomo con tranquilidad. 

Sobre de las once de la mañana, salgo desde Cuarte de Huerva, por la autovía mudéjar A-23 hasta la población de Cariñena, donde tomo la carretera A-220 hacia la Almunia de Doña Godina, hasta el desvío a Almonacid de la Sierra. 

En vez de dejar la furgoneta en dicha población, aprovecho que los caminos son buenos, para reducir las distancias, y quitarme unos cuantos kilómetros de camino sin interés, así que desde la misma plaza de España, tomo el camino de la Hermana, con buen firme y totalmente llano, a excepción del último kilómetro, donde comienzo a subir hasta alcanzar el Cuello San Garbá, conocido por los lugareños, como la Replaceta de Almonacid, en la que convergen varios itinerarios.


Desde el cruce de caminos, comienzo a trotar durante poco más de cincuenta metros, por medio de un cortafuegos, hasta que a mano derecha, tomo la Senda de la Lechera, por la que me interno en el pinar, por amplio camino de tierra, que rápidamente se transforma en una senda, perfectamente trazada. 

De vez en cuando, el pinar clarea, en uno de estos claros, sobre la cota 950 m, paso junto al mirador de la Val de Garzón, desde el que puedo comprobar la gran masa arbórea que cubre todo esta cara de la Sierra de Algairén, y el bonito contraste que ofrece con las llanuras del campo de Cariñena, cultivadas de vides.

Absorto en el paisaje, el sonido de un disparo me devuelve a la realidad, durante unos segundos me quedo en silencio, hasta que dos nuevos disparos me ponen en alerta, y a pesar de la hora que es, compruebo que al otro lado de la sierra, están realizando una batida de jabalíes.

Como de momento por esta cara estoy seguro, decido continuar, regreso a la senda, y a la carrera, me adentro definitivamente en el pinar de la Hermana, siempre en ligero ascenso, tan solo unos metros por debajo de la base de la Cresta de la Sierra, que hace poco más de un mes, en compañía de Ángel y Marián, recorrimos cuando realizamos la integral a la Sierra de Algairén.

Tras algo más de kilómetro y medio, comienzo a descender, la senda se deja correr muy bien, y poco a poco me voy acercando al pico El Cortado, cuyo perímetro exterior se encuentra cercado, mientras sigo escuchando algún disparo más, aunque cada vez más dispersos.

Cuando alcanzo la confluencia con la senda, que baja desde la Cresta de la Sierra, me encuentro con una pareja que viene asustada al escuchar los disparos, les tranquilizo, explicándoles que en este lado están a resguardo, y después prosigo por la senda, por la que tras algo más de veinte minutos, llego al Collado de la Hermana.

Desde el Cuello San Garbá, inicio la circular por medio de un cortafuegos

Por el que rápidamente, enlazo a mano derecha, con la senda de la Lechera

Por la que voy alternando tramos de pinar

Con otros tramos de claros, en el que se ubica, el mirador de la Val de Garzón

Hasta que sobre la cota 950 m, me adentro definitivamente en el pinar de la Hermana

Por el que en suave descenso, me voy acercando al pico El Cortado

Y tras algo más de veinte minutos, llego al Collado de la Hermana

En el collado, la senda gira 90º para evitar el vallado cinegético, que me impide continuar por el antiguo camino de Almonacid, por el que se sube a la Peña de la Hermana, que tengo justo enfrente, y más adelante al pico El Cortado, que no ofrece mayor interés, que sumar una cima más a la lista.

Antes de seguir, me detengo un instante para echar un trago de agua, mientras corroboro que los disparos han cesado ya; así que a la carrera, comienzo a perder desnivel de forma rápida, por la espectacular Senda las Tiernas, por la que me adentro en un denso encinar, cuyas ramas se encuentran colonizadas por los líquenes.

En un pequeño claro, me detengo para disfrutar de las vistas, hacia el Este, como no podía ser de otra forma, se encuentra el Pico Moncayo o San Miguel, máxima elevación del Sistema Ibérico, cuya cima ya se encuentra nevada, y hacia el Norte, la cercana Sierra de Vicort, en la que destaca la silueta del Pico del Rayo, aunque sin duda el paraje que más me llama la atención, es el desconocido Valle del Mesomero, que se encuentra en lo hondo, cubierto casi en su totalidad, por una espesa masa boscosa.

Después de la pausa, me adentro de nuevo en el maravilloso encinar, donde poco a poco la pendiente se va suavizando, a la carrera, paso junto a los restos de las antiguas carboneras de la Val de Medollo, que recuerdan que la extracción de carbón vegetal en está zona, era uno de los principales oficios, y así lo atestiguan las más de ciento cincuenta carboneras, que hay repartidas a lo largo de la sierra.

Siguiendo las marcas blancas y amarillas del PR-Z14, continúo el descenso hacia el Valle del Mesomero, el terreno se convierte en un bonito sube y baja, que no ofrece ningún problema, y me permite correr cómodamente, ya que la senda tiene un piso perfecto, y el entorno por el que me desenvuelvo ayuda a avanzar.

A medida que me acerco al fondo del valle, el bosque comienza a clarear; cuando apenas llevo cuarenta minutos, llego a la parte baja del Valle de Tiernas, que en esta zona recibe varios nombres, como Valle del Mesomero, e incluso Valle del Amor, debido a que en los años noventa, una comuna hippie, intento establecerse en esta zona.

Desde el Collado de la Hermana, comienzo a descender por medio de un espectacular bosque de encinas

En un pequeño claro, me detengo para disfrutar de las vistas, hacia el Este del Pico Moncayo
Y al Norte de la Sierra de Vircort, aunque sin duda destaca en lo hondo, el Valle del Mesomero

Después de la pausa, me adentro de nuevo en el encinar




Por el que llego al Valle del Tiernas, también conocido como Valle del Mesomero o del Amor




Justo en la lindes del bosque, la senda principal prosigue dirección Norte hacia la Fuente de la Teja, en este punto decido abandonarla, y enlazo con el PR-Z15, por el que continúo dirección Sur/Este, por la Senda del Mesomero, desde la que puedo ver las principales cimas de la sierra, como el Pico Valdemadera y el Cerro del Espino, al que más tarde ascenderé.

Al principio, la senda es algo confusa, ya que atraviesa un campo de labor que ha sido labrado, borrando este corto tramo; después, cruzo el barranco de Valdevillar, que baja seco, y nada más hacerlo, continúo ahora sí, por la senda perfectamente trazada, que va paralela al camino privado, que da acceso a La Casa de la Viuda de Don Pablo Gil.

Nada más dejarla atrás, la senda desemboca en el camino de Alpartir, por el que continúo corriendo, por el bonito bosque de Mesomero, donde las encinas, conviven con varios grupos de serbales, fresnos, y arces de Montpellier, que son regados por las cercanas aguas del río Tiernas.

Casi en el ecuador del recorrido, alcanzo el área recreativa de la Fuente la Jordana, que al ser una fuente natural, depende mucho de las lluvias, y la nieve, por lo que tras un otoño escaso en precipitaciones, apenas baja un hilillo de agua, aunque el entorno sobre el que se sitúa es maravilloso, por lo que aprovecho para hacer una pequeña parada para comer, y echar un trago, que después viene el tramo más duro del recorrido, en el que tengo que superar en apenas tres kilómetros, más de quinientos metros de desnivel positivo.

Justo en las lindes del bosque, abandono la senda principal, y enlazo con el PR-Z15



Por el que prosigo, con vistas a las principales cimas de la Sierra de Algairén

Al principio por una senda borrada, que tras pasar el barranco de Valdevillar, se vuelve clara

Y por la que nada más dejar atrás la Casa de la Viuda de Don Pablo Gil, desemboca en el Camino de Alpartir


Casi en el ecuador del recorrido, alcanzo el área recreativa de la Fuente la Jordana










Con energías renovadas, regreso al camino principal, por el que sigo a la carrera durante medio kilómetro, por terreno de falso llano, entre medio del encinar, hasta que alcanzo una bifurcación, marcada en su entrada con una estaca, situada junto a un cartel rojo de”propiedad privada”, que me impide seguir por el camino de Alpartir.

En este punto, abandono el camino, y cojo la Senda del Mesomero, por la que en suave ascenso, me interno en el espectacular bosque del Mesomero, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-Z15, que no dejaré hasta el Collado del Tío Francisco.

A medida que voy ganando desnivel, la pendiente se acentúa, sobre la cota 1.000 m comienzan a aparecer las primeras manchas de roble albar (quecus petraea); una especie escasa en Aragón, que suele ubicarse entre los 900/1400 m por encima del mar, y que a pesar de estar a finales de otoño, todavía conservan parte de sus hojas, aunque muchas de ellas, ya se encuentran en el suelo, cubriendo la senda.

Como la extensión del robledal, no es muy grande, avanzo despacio disfrutando del entorno, y de las últimas pinceladas del otoño; poco a poco, los robles van dando paso a las encinas, cuyas ramas en este tramo también se encuentran colonizadas por los líquenes, lo que en biología es conocido como "la seca", que también se produce en otras especies como alcornoques, quejigos y rebollos.

Cerca del collado, la pendiente se endurece, el esfuerzo comienza a notarse, así que me quito una capa de ropa, me quedo con la térmica, y continúo el ascenso caminando, hasta salir del bosque, donde ya puedo ver el Collado del Tío Francisco, al que llego en un par de minutos, y que sirve de límite natural entre el Campo de Cariñena y la Comunidad de Calatayud.

Desde la Fuente la Jordana, regreso al Camino de Alpartir

Por el que continúo durante medio kilómetro, hasta llegar a una bifurcación

Donde tomo la senda del Mesomero, y me interno en el bosque siguiendo las marcas del PR-Z15

Sobre la cota 1000 m, comienzan a aparecer las primeras manchas de roble albar
Que a pesar de estar a finales del otoño, aun conservan parte de sus hojas



Como la mancha no es muy extensa, pronto las encinas vuelven a aparecer

Y una vez fuera del bosque, ya puedo ver el Collado del Tío Francisco


Desde el collado, parten varios itinerarios, como el PR-Z15 se dirige hacia el Raso de la Cruz, ahora voy a seguir por uno de sus ramales, el PR-Z15,1, que va al Cerro del Espino, segundo objetivo del día.

Como este tramo es más llevadero, aprovecho para seguir corriendo; así que a la carrera, continúo dirección Norte, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas, remontando una corta, pero fuerte rampa, por la que alcanzo el altar, en el que todas las navidades, el Club Montaña Pirineos, monta un pequeño belén.

Superado este pequeño repecho, inicio el descenso entre carrascas, rodeando la montaña, por cómodo sendero de tierra, por el que rápidamente alcanzo el Collado del Cuervo, donde el sendero converge en una pista rodada.

Durante cien metros desciendo por ella, hasta que tomo a mano izquierda, el sendero de la Cresta de la Sierra, por la que me interno de nuevo en el pinar, por terreno de falso llano, dirección Norte/Este.

Chino a chano, voy ganando desnivel, atrás voy dejando el pinar, que tan buena sombra me ha ofrecido, una vez fuera, ya puedo ver la cima del Cerro del Espino, que pese a su cercanía, aún queda lejos, ya que este último tramo es bastante tendido.

Antes de afrontar los últimos repechos, troto durante unos minutos por la llanura, hasta que comienzo a ascender, ahora ya caminando, contemplando las vistas que a uno y a otro lado me ofrece esta sierra, mientras alcanzo la primera loma, que aunque a lo lejos parece la cima, tan solo es una primera elevación, desde la que observo como un grupo de bikers, ascienden desmontados la última rampa.

Con la cruz de forja que marca la cima del Cerro del Espino, ya a la vista, desciendo a la marcheta, aumento el ritmo para afrontar la última rampa, donde la pendiente se acentúa, paso a los bikers y casi a la par, coronamos la cima del Cerro del Espino, que con sus 1.188 m, es una de las principales cimas de la Sierra de Algairén.

Aprovechando que tengo compañía en la cima, me hago una fotografía junto a la cruz de forja, con el Pico Moncayo como telón de fondo, mientras disfruto de las vistas hacia el Sur del Pico Valdemadera, y al Norte del Valle del río Grio, que tengo pendiente de visitar.

Desde el Collado del Tío Francisco, continúo a la carrera

Hasta alcanzar el Collado del Cuervo, donde el sendero converge en una pista rodada
Por la que desciendo durante cien metros, hasta alcanzar un cruce

Donde cojo a mano izquierda, el sendero de la Cresta de la Sierra

Una vez fuera del pinar, ya puedo ver la cima del Cerro del Espino


En la que aprovecho para hacerme una fotografía, con el Pico Moncayo como telón de fondo

Mientras disfruto de las vistas hacia el Sur del Pico Valdemadera

Y al Norte del Valle del Río Grio



Desde la cima, tan solo me queda descender hasta el Cuello San Garbá, así que me despido, e inicio el descenso por buen sendero, entre pequeños mantos de carrascas, por el que alcanzo el Collado del Espino (cota 1.150 m).

Aquí el sendero se bifurca en dos, hacia la izquierda se puede recorrer toda la Cresta de la Sierra, hasta el Collado de la Hermana, pero hoy, continúo por el sendero principal, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-Z15.1, con vistas a las llanuras del Campo de Cariñena, por el que me interno de nuevo en el pinar.

Poco a poco, la pendiente se acentúa, el sendero comienza a tener mal piso, ya que se encuentra descompuesto, y con mucha tierra, por lo que me toca extremar las precauciones, aunque aun así, no puedo evitar dar algún que otro patinazo.

A medida que voy perdiendo desnivel, dejo atrás el pinar, el sendero se transforma en camino, y unos metros más adelante, en un claro cortafuegos, por el que desciendo hasta el Cuello San Garbá, donde tras un par de horas, cierro está bonita circular, por el desconocido y poco frecuentado Valle del Mesomero.

Desde la cima del Cerro del Espino, inicio el descenso, con vista a la Cresta de la Sierra

Por el que llego al Collado del Espino, desde el que veo las llanuras del Campo de Cariñena

Siguiendo las marcas del PR.Z-15.1, me interno en el pinar


Al salir del pinar, el sendero se transforma en camino


Y unos metros más adelante, enlazo con el cortafuegos, por el que llego al Cuello San Garbá

miércoles, 5 de abril de 2017

Las Hoces del río Piedra, desde Aldehuela de Liestos



El río Piedra, describe entre Torralba de los Frailes y Aldehuela de Liestos, una alambica sucesión de meandros encajados en la montaña serrana, que se conoce popularmente como Las Hoces.

Hoy con la compañía de Carlos (Zancadas Ligeras), vamos a recorrer este singular paraje, uniendo dos pequeños recorridos circulares, que nos permitirán descubrir las Hoces del río Piedra. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



Para disfrutar del entorno en soledad, salimos de Cuarte de Hueva, sobre las siete de la mañana, tomamos la A-23, hasta la salida 210, donde cogemos la A-1506 hasta la población de Daroca, que circunvalamos, y continuamos por la A-211 hacia Molina de Aragón.

Cerca de la Laguna de Gallocanta, nos detenemos un instante para ver un numeroso grupo de gruyas, que campan a sus anchas por los campos adyacentes a la laguna. Después, proseguimos hasta un cruce de carreteras, donde enlazamos con la A-2506 hacia Cubel por la que circulamos durante siete kilómetros, hasta alcanzar el desvío hacia Aldehuela de Liestos.

Por una carretera en obras, seguimos durante nueve kilómetros, pasamos por Torralba de los Frailes, y sin entrar en el núcleo urbano de Aldehuela de Liestos, tomamos una pista de tierra, que nace a nuestra izquierda, en el que se ubica un panel informativo sobre las hoces del río Piedra, y un poste indicador.

Aunque podríamos empezar el recorrido aquí, preferimos quitarnos este primer tramo de unos dos kilómetros que ofrece poco interés, y avanzamos por la pista con la furgoneta, hasta que esta muere en la unión del barranco de la Fuente del Sapo, con el río Piedra.

Debajo de un álamo, aparcamos la furgoneta, la mañana es fresca, pero el cielo esta totalmente despejado, por lo que intuimos que cuando el sol comience a calentar, disfrutaremos de una fantástica mañana.

Sobre las nueve y media, nos ponemos en marcha, tomando de referencia las marcas rojas y blancas del GR.24 "Ruta de las Hoces", por cómodo sendero, entre campos de labor, donde ya podemos ver la Puerta de la Hoz, que da acceso al desfiladero, que el río Piedra, a surcado a lo largo de los siglos, y a la que llegamos entre carrascas, en poco más de cinco minutos.

Una vez en el interior de la hoz, comprobamos que el otoño, ha comenzado a dar paso al invierno, ya que la mayoría de los árboles de hoja caduca, que componen el bosque que cubre parcialmente el ancho del desfiladero, han perdido casi en su totalidad la hoja, con lo que nos quedamos con las ganas de disfrutar de las últimas pinceladas del otoño.

Por el fondo del barranco, caminamos pausadamente disfrutando del entorno, siempre pegados al cauce seco del río Piedra, que recibe su nombre por la capacidad que tienen sus aguas de petrificar o convertir en piedra toda la materia orgánica que baña, debido al alto contenido de carbonato que llevan sus aguas.

Siguiendo su curso, el río va describiendo diversos meandros, en uno de ellos, localizamos el Pozo del Muchacho, que debido a las escasas precipitaciones,  y que en este tramo del río, el agua se filtra, se encuentra seco.

De vez en cuando, vamos cambiando de margen, en algunos puntos se encuentra acondicionado con pequeñas palancas de madera, que hoy no nos son de utilidad, pero que después de un temporal, pueden ser de gran ayuda.

Cuando alcanzamos el primer kilómetro, llegamos al Pozo del Sombrerillo, nombre que recibe por el bolo que corona una de las agujas sobre la que se sitúa, y lugar en el que llegamos al inicio de la primera circular del día.

Iniciamos el recorrido, siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24 "Ruta de las Hoces"


Entre carrascas, llegamos a la Puerta de la Hoz, por la cual accedemos a las hoces del río Piedra


Cuando alcanzamos el primer kilómetro, llegamos al Pozo del Sombrerillo
Punto en el que iniciamos la primera circular de la jornada




Al tratarse de una circular, cualquier opción es buena, nosotros como el desnivel a salvar es de poco más de trescientos metros (aunque el GPS al final marca algo más de quinientos, al ir encajonados se vuelve un poco loco), decidimos dejar el tramo de los miradores para el final, y recorrer en su integridad, todo el fondo de la hoz.

Sin apenas detenernos, continuamos todo recto, por el sendero principal, caminando paralelos al cauce del río Piedra, alternando preciosos tramos de bosque, donde las predominantes carrascas, comparten espacio con álamos negros, sabinas, quejigos, guillomos, y algún que otro ejemplar de Arce de Montpellier, fácilmente reconocible por la forma de trébol que tienen sus hojas, convirtiéndose este tramo de bosque, en un jardín botánico.

Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, llegamos hasta una pequeña oquedad, acondicionada con una mesa de picnic, conocida como la Cueva del Asno, lugar perfecto para hacer una parada si se va con niños, aunque en nuestro caso, tan solo nos detenemos un instante para echar un ojo.

Poco a poco, la mañana va entrando, la humedad se disipa, y los rayos de sol van penetrando entre los árboles, nos quitamos una capa de ropa, y aprovechamos para trotar entre carrascas, quejigos y arces de Monpellier, que todavía mantienen parte de sus hojas, y son los encargados de dar la nota de color al recorrido.

A medida que avanzamos, el desfiladero se va encajonando, afrontamos el tramo más angosto, donde las paredes de la hoz se juntan, y la vegetación se espesa, resultando el que es sin duda, el tramo más bonito de todo el recorrido.

Sobre el kilómetro y medio, alcanzamos la base de las Peñas Caídas, que se encuentran acondicionada con una mesa de picnic, y unos metros más adelante llegamos hasta los restos de una antigua carbonera, donde hasta mediados del S.XX fue utilizada para obtener carbón vegetal, a partir de la leña de la carrasca y el quejigo.

Y es que no hay que olvidar, que este y otros senderos que hoy en día recorremos para disfrutar de la naturaleza, eran antiguamente caminos de herradura, que se utilizaban a diario para unir poblaciones limítrofes, y de acceso a los campos de trabajo.

Nosotros continuamos por el fondo del barranco, entre carrascas, quejigos y álamos negros

Arce de Montpellier, con sus características hojas en forma de trébol, que dan la nota de color al recorrido

Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, llegamos a la cueva del Asno

Pequeña oquedad, acondicionada con una mesa de picnic, perfecta para hacer una parada

Sobre el kilómetro y medio, alcanzamos la base de las Peñas Caídas

Y unos metros más adelante, los restos de una antigua carbonera




Después de la pausa, regresamos al sendero, caminamos por el durante poco más de cincuenta metros, hasta que alcanzamos la Cueva de las Peñas Caídas, abrigo rocoso, algo más grande que el anterior, acondicionado también con una mesa de picnic.

Como nos hemos detenido hace unos minutos, ni nos planteamos la posibilidad de para aquí, así que continuamos por el sendero, hasta alcanzamos una corta y dura rampa, con el piso bastante resbaladizo, debido a la cantidad de hojas que hay en el suelo, y la humedad, que se encuentra equipada, con un tramo de sirga, con la que nos ayudamos para superar esta pequeña dificultad.

Una vez en la zona alta, la vegetación desaparece por unos instante, la hoz se abre y las vistas se extienden hasta un meandro que forma el río Piedra, en el que el sol penetra ya a estas horas, e ilumina las altivas paredes calizas del cañón, dándoles una tonalidad rojiza, muy característica de este tipo de roca.

Chino a chano, descendemos hasta el cauce del río, el sendero se torna de un bonito color verde, por el que caminamos pausadamente, disfrutando del entorno, entre carrascas y algún que otro álamo, por el que comenzamos a divisar entre los árboles, las verticales paredes de la Peña del Buitre, en el que anidan una numerosa colonia de buitres leonados.

Sobre la cota 960 m, llegamos al Paso del Angostillo, punto en el que convergen los dos ramales del GR.24, y en el que finaliza la primera circular del día, que nosotros a nuestro regreso, utilizaremos para disfrutar de las hoces a vista de pájaro.

Siguiendo el sendero, llegamos a la confluencia del barranco del Montecillo en el río Piedra, justo a los pies de la Peña del Buitre, en la que nos detenemos para observar a un grupo de buitres, que están posados en la roca, a la espera de coger una buena térmica para alzar el vuelo.

Nada más visitar la antigua carbonera, llegamos a la Cueva de las Peñas Caídas


En la cual no nos detenemos, y comenzamos a subir, por un tramo resbaladizo acondicionado con sirga


Siguiendo el curso del río Piedra, entre los árboles ya podemos distinguir la silueta de la Peña del Buitre

Cerca de la Peña del Buitre, alcanzamos el Paso del Angostillo, donde se unen los dos ramales del GR.24

Donde podemos ver, como los buitres, están posados en la roca, a la espera de coger una buena térmica



Como parece que de momento no están por la labor de echar a volar, nos ponemos de nuevo en marcha, con el deseo de que más avanzada la mañana, podamos disfrutar de su vuelo, y oír batir sus alas.

Siguiendo las hoces del río Piedra, dejamos a nuestra derecha el sendero que va hacia el barranco del Montecillo, y nosotros continuamos por el fondo del barranco, tomando como referencia las marcas rojas y blancas del GR.24, aunque el sendero no tiene pérdida.

En este tramo, observamos como el paisaje se va transformando, la hoz poco a poco se va abriendo, las paredes pierden altura y la vegetación decrece, reduciéndose tan solo a pequeños grupos de carrascas, y esporádicos chopos, que a duras penas conservan algunas de sus hojas.

Piso herboso, cómodo sendero y terreno llano, aprovechamos para trotar un poco, mientras deambulamos por uno de los meandros que forma el río Piedra, y por el que nada más salir de él, alcanzamos una extensa pradera, conocida como el Torrejón del Molino, en el que se ubica un refugio libre, situado al lado de la escuela de escalada de Torralba de los Frailes, que cuenta con cien vías, que van desde el 5b, hasta el 8a.

Junto al refugio, coincidimos con un grupo de senderistas, que han iniciado el recorrido desde Torralba de los Frailes, charramos un rato con ellos, y aprovechamos para hacer una parada para comer, mientras observamos los restos del antiguo molino harinero de Torralba de los Frailes, realizado en mampostería, del que tan solo se conserva de la parte hidráulica, la rampa de caída del agua, y los dos cárcavos. 

Como los buitres no se animan a volar, nosotros continuamos por el fondo del barranco




Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24 "Ruta de las Hoces"


Donde observamos como el paisaje en este tramo se transforma

Al salir del meandro, llegamos al Torrejón del Molino, en el que se ubican los restos del antiguo molino harinero


La mañana avanza, el sol nos reconforta, apetece estar un rato más aquí, disfrutando del paisaje, pero es hora de seguir, así que desde el Torejón del Molino, retomamos la marcha, e iniciamos en este lugar la segunda circular de la jornada.

Para seguir con el plan establecido, cogemos el sendero que va por el fondo del barranco, por el que rápidamente llegamos al azud del Pozo de las Escaleras, antigua presa de forma semicircular, construida con grandes sillares, que suministraba el agua a la balsa del molino, y que vemos que ha sido restaurada.

Pegados a la acequia, rodeamos por la derecha el Pozo de las Escaleras, hasta alcanzar la parte superior de la presa, por la que cruzamos el cauce seco del río Piedra, donde enlazamos con un bonito sendero, con el piso tapizado por las hojas, por el que caminamos entre un bosque de ribera, formado principalmente por chopos, álamos, robles y fresnos.

Siguiendo las marcas blancas y verdes del sendero local, que en este tramo comparte itinerario con el GR.24, caminamos por la margen derecha del río Piedra, a medida que ascendemos la vegetación va cambiando; carrascas y encinas comienzan a ganar protagonismo, dejando atrás el bosque de ribera.

Cuando apenas hemos superado el kilómetro siete, alcanzamos un cruce de senderos, donde el GR.24 se divide en dos.

Nada más iniciar la segunda circular, llegamos al Pozo de las Escaleras




Rodeamos el pozo, cruzamos la presa, y enlazamos con un bonito sendero
Tomando de referencia las marcas blancas y verdes de un sendero local

Que en este tramo comparten itinerario con el GR.24


En el kilómetro siete, el GR.24 se bifurca en dos; nosotros tomamos el que va al Mirador del Reconquillo


En este punto, abandonamos por unos minutos la compañía del río Piedra, cruzamos el cauce, y continuamos dirección SO hacia el mirador de las Hoces de Torralba o Reconquillo, por un sendero, por el que comenzamos a ganar desnivel de forma gradual, paralelos al barranco de la Cueva, entre un espeso bosque de robles, encinas y carrascas.

Sobre la cota 1.045 m, el barranco de la Cueva se bifurca en dos, yendo ambos ramales en claro ascenso, nosotros tomamos una senda que nace a nuestra derecha, marcada en su inicio con un hito, por la que comenzamos a caminar por una bonita cornisa, desde la que obtenemos unas espectaculares vistas del tramo de la Hoz de Torralba, que hace unos minutos hemos recorrido.

Por unos instantes, nos alejamos del filo de la montaña, nos acercamos hasta los restos de una edificación, que posiblemente en otros tiempos, sirviese para guardar el ganado, después, el sendero se adentra unos metros en la montaña, pero nosotros preferimos continuar por la cornisa, para seguir disfrutando de la hoz de Torralba, a vista de pájaro.

Cuando llegamos al kilómetro nueve, sobre la cota 1.051 m, echamos un vistazo al GPS, y comprobamos que nos hayamos a la altura del mirador del Reconquillo, por lo cual, abandonamos la cornisa, y comenzamos a ganar desnivel monte a través, buscando las zonas menos agrestes, hasta que después de tres horas de caminata, alcanzamos el mirador del Reconquillo.

Como hace una mañana muy agradable, aprovechamos para hacer una parada de avituallamiento, comemos, bebemos, mientras disfrutamos de una amplia panorámica de la hoz de Torralba, y de las sierras colindantes, en el que podemos observar, como en este tramo de la hoz, el río piedra, a formado un meandro perfecto.

Nada más cruzar el río, enlazamos con un sendero, por el que comenzamos a ganar desnivel


Paralelos al barranco de la Cueva,entre robles y encinas

Sobre la cota 1.045 m, tomamos una senda, que nace a nuestra derecha, marcada con un hito en su inicio
Por la que caminamos bordeando la montaña

Hasta alcanzar las ruinas de una edificación, donde la senda se interna

Y nosotros decidimos dejarla, y seguir caminando por la cornisa

Para disfrutar de las espectaculares vistas, que tenemos de las hoces de Torralba

Tras tres horas, llegamos al mirador del Reconquillo

 En el que podemos observar, como en este tramo de la hoz, el río piedra, a formado un meandro perfecto




Después de la pausa, toca seguir con la ruta, como no sabemos por donde nos va a llevar la cornisa por la que hemos venido, ni si tiene continuación, decidimos esta vez, tomar el sendero original, así que retrocedemos unos metros, y rápidamente encontramos la bifurcación, marcada con un hito, en la que tomamos el sendero que va hacia nuestra derecha dirección NO.

Entre carrascas, aliagas, gamones, y algún que otro ejemplar de rebollo,  cruzamos el cauce seco del barranco del Reconquillo, unos metros más adelante, enlazamos con la Cañada Real, que va hacia Torralba de los Frailes, y en suave descenso, aprovechamos para trotar un rato.

Poco a poco, el camino va virando hasta tomar dirección NE, a lo lejos, ya podemos ver los dos torreones conocidos en la zona, como el Morrón del Gaitero, y el Zapato del Cura, que se ubican próximos al Torrejón del Molino en el que hemos iniciado la segunda ruta circular. 

A cada paso, el sol calienta, nos apetece disfrutar de la sombra, así que aumentamos el paso, y en poco más de dos minutos nos plantamos en la base del Morrón del Gaitero donde nos hacemos una rápida fotografía, y emprendemos el descenso hacia la pradera, por un sendero con el piso con bastante piedra suelta, por el que bajamos con precaución.

Ya en la zona baja, llegamos al Torrejón del Molino, caminamos unos metros por la pradera, hasta las ruinas del Molino, y a la sombra del refugio, hacemos una parada para reponer líquidos, cerrando esta segunda circular, que nos ha dejado un buen sabor de boca.

Después regresamos sobre nuestra pasos, siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, disfrutando de este tramo de la hoz del río Piedra, que con la luz de sol reflejando en sus paredes, y viéndola desde otra perspectiva, nos hace percatarnos de algunos detalles, que en nuestro caminar esta mañana no nos habíamos fijado.

Retrocedemos unos metros hasta coger el sendero, por el que caminamos hacia el barranco del Reconquillo

Donde nada más cruzar, enlazamos con la Cañada Real que va hacia Torralba de los Frailes

En dirección NE, donde vemos los dos torreones, conocidos como el Morrón del Gaitero, y el Zapato del Cura

Morrón del Gaitero

Tras el descenso, llegamos al Torrejón del Molino, donde nos detenemos para reponer líquidos


Y después, retrocedemos sobre nuestros pasos, siguiendo el GR.24 "Ruta de las Hoces"

Cuando sobrepasamos la Peña del Buitre, abandonamos el lecho del río, en el conocido como Paso del Angostillo, donde enlazamos con la senda del mirador, que nace a nuestra izquierda, y continuamos en suave ascenso por ella, durante poco más de un kilómetro, en el que terminamos ganando los cien metros de desnivel positivo que nos quedan.

Entre carrascas, alcanzamos el desvío hacia el mirador de las Hoces, en este punto, dejamos por unos minutos la senda principal, y tomamos otra secundaria, por la que caminamos durante cincuenta metros, hasta llegar al mirador de las hoces, privilegiado balcón, desde el que ahora si, contemplamos como los buitres alzan el vuelo, desde las repisas, y recovecos en los que anidan.

Ensimismados de tan bello espectáculo, permanecemos largo rato en el mirador, como lo bueno siempre acaba, regresamos a la senda principal, por la que seguimos caminando por terreno llano, rodeando por las alturas, uno de los numerosos meandros que forma el río Piedra.

A vista de pájaro, iniciamos el descenso por sendero bien marcado, en fuerte pendiente, por el que al trote, rápidamente perdemos altura, aunque no podemos evitar la tentación de detenernos por última vez, para disfrutar de las hoces del río Piedra, cuyo final se encuentra cercano, ya que desde este lugar, podemos ver la Puerta de la Hoz.

En un pispás, nos plantamos en el pozo del Sombrerillo, punto en el que cerramos la circular; desde aquí, proseguimos por el fondo de la hoz, dirección N, hasta la Puerta de la Hoz, que en esta ocasión nos sirve para salir de ella.

Ahora tan solo nos queda retornar hasta la furgoneta, así que siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, lo hacemos entre campos de labor, echando una última mirada atrás, y alcanzando la furgoneta, después de algo más de cuatro horas y media de caminata, que se nos ha pasado "volando" debido a la preciosidad del paraje que hemos recorrido, y al cual seguro volveremos para la próxima primavera u otoño.

Antes de partir a Zaragoza, hacemos los pertinentes estiramientos, y nos comemos sendos bocatas de lomo, con sus respectivas cervezas, mientras rememoramos lo vivido en el recorrido de hoy, y planificamos otros nuevos.

De vuelta a Zaragoza, hacemos una parada en la reserva natural de la laguna de Gallocanta, que tiene el honor de ser la mayor laguna natural de la península ibérica, y junto con la laguna de Fuentedepiedra, en Málaga, la mayor laguna salada de Europa, en la que cada invierno más de 40.000 grullas visitan sus aguas, y permanecen en ella hasta mediados de febrero.

Cuando sobrepasamos la Peña del Buitre, tomamos la senda del mirador, que nace a nuestra izquierda


Tras tomar el desvío al mirador, descendemos hasta el, por una senda secundaria

Por la que llegamos al mirador de las Hoces, desde el que obtenemos unas fantásticas vistas

Después, iniciamos el descenso hacia la Puerta de la Hoz


Donde cerramos la primera circular, e iniciamos el camino de vuelta 

De regreso a Zaragoza, nos detenemos en la Reserva Natural de la Laguna de Gallocanta

Donde todos los inviernos, más de 40.000 grullas procedentes del Norte de África, migran a estas tierras

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