lunes, 18 de diciembre de 2017

Circular a los hayedos de Peña Roya (S1), y Peñarrajada (PRC-SO79), desde la fuente del Sacristán


El Parque natural del Moncayo, tiene una extensión de 11.144 hectáreas, que oscila entre los 600 metros del río Huecha, hasta los 2.315 metros, de la cumbre del Pico San Miguel o del Moncayo, que hace de frontera natural entre las provincias de Zaragoza y Soria.

Con dos vertientes claramente diferenciadas, la cara Sur es más soleada, contiene una representación de pinares, encinares, quejigos o arces, que en las zonas altas dan paso a los sabinares rastreros con efedras y cojines de monjas, que sobre un suelo calizo erosionado por el agua a lo largo de los siglos, a formando un sinfín de barrancos, simas o cuevas.

En contraste, la cara Norte es más húmeda y fría. Alberga bosques húmedos, dispuestos en pisos altitudinales, en función de sus requerimientos de humedad y temperatura, situándose en las zonas más bajas los encinares, que dan paso a mayor altitud a rebollares y hayedos, enlazando en las partes altas con frondosos pinares de pino silvestre, que a partir de los 1.700 metros son formados de pino negro, siendo ambas especies fruto de una repoblación, debido al pastoreo intensivo y al carboneo. que dejo desnudo una importante parte del monte.

Hoy en compañía de Carlos (Zancadas Ligeras)vamos a recorrer a media altura la cara Norte del Moncayo, donde se ubica una gran masa boscosa de hayas, realizando un recorrido circular en forma de ocho, donde enlazaremos el sendero S1 Hayedo de Peña Roya (provincia de Zaragoza), con el PRC-SO79 Hayedos del Moncayo (provincia de Soria), delimitados por el barranco de Agramonte. 

Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc, y para saber como llegar al punto de inicio, en el siguiente enlace "Como llegar"




En poco más de una hora, llegamos al aparcamiento del área recreativa de la fuente del Sacristán, que a estas horas se encuentra prácticamente vacío, lo que aprovechamos para acercarnos hasta el bucólico rincón que se forma entorno a la fuente, rodeada de frondosas hayas, que nos ofrecen una explosión de color, tanto en las ramas, como en el suelo, formando una alfombra multicolor.

De regreso al coche, preparamos las mochilas, tomamos un tentempié mientras leemos un panel informativo sobre la primera circular que vamos a realizar, balizada como S1 Hayedo de Peña Roya, desde el que podemos observar un pequeño refugio construido en piedra.

La mañana es agradable, el sol comienza a calentar, el cielo permanece despejado, así que sobre las térmicas, tan solo nos ponemos los cortavientos. Desde el mismo aparcamiento, iniciamos el recorrido, caminamos en suave ascenso por la pista asfaltada de acceso al Santuario durante medio kilómetro, hasta llegar a un pequeño aparcamiento, con capacidad para cinco vehículos, donde abandonamos la pista.

Nos encontramos en la cota 1.252 metros, en la que apenas ganaremos desnivel en los próximos kilómetros; dirección Norte/Oeste, continuamos por una pista forestal cerrada al tráfico por una barrera, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas, que nos van guiando por medio del espectacular hayedo de Peña Roya, que se nos muestra en su máximo apogeo, y deleita con una gran variedad de colores, en el que no podemos evitar adentramos unos metros, saliendo por unos minutos de la pista principal.

Empapados de naturaleza, observamos como un reyezuelo sencillo nos mira atentamente, mientras en un haya contigua, un grupo de Amillaria mellea, ha parasitado el tronco que con el tiempo acabara convirtiendo el color blanquecino de la madera en amarillo, volviéndolo primero esponjoso y más tarde gelatinoso, por lo que también es conocido como el hongo de la miel.

De regreso a la pista, seguimos avanzando por ella; las espesas ramas de las hayas, engullen por momentos la amplia pista por la que transitamos, por la que paso a paso, nos vamos fijando en los pequeños detalles que el bosque nos ofrece, como los rojizos frutos del serbal de cazadores, ricos en vitamina C, fueron utilizados para combatir el escorbuto, aunque su sabor ácido debido a la presencia de taninos, nos hace desestimar su consumo por esta vez.

Por unos instantes, salimos a un pequeño claro desde el que divisamos la figura de la Peña Negrilla e intuimos el collado de Castilla, al cual se dirige el sendero que sube desde el Agramonte, que cruza la pista en este punto, que más tarde utilizaremos para enlazar el PRC-SO79 con el S1, por el que ahora continuamos durante cien metros, hasta llegar a la altura del barranco de Agramonte o de Castilla.

Dejamos el coche, en el área recreativa de la Fuente del Sacristán
Donde más abajo, hay un pequeño refugio, construido en piedra
Desde el aparcamiento, caminamos por la pista de acceso al Santuario, hasta enlazar con una pista forestal

Por la que continuamos, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas
Que nos van guiando por medio del espectacular hayedo de Peña Roya

Donde un reyezuelo sencillo nos mira atentamente posado en la rama

En una haya contigua, un grupo de Amillaria mellea, ha parasitado el tronco
De vuelta a la pista principal, avanzamos fijándonos en los pequeños detalles

Como los rojizos frutos del serbal de cazadores, ricos en vitamina C

Por unos instantes, salimos a un claro, donde podemos ver la Peña Negrilla

Unos metros más adelante, llegamos a la altura del barranco de Agramonte


En este punto, la pista realiza un giro a la izquierda de 360º, marcado con un panel indicativo, que nosotros de momento obviamos, aunque regresaremos más tarde a este lugar, para continuar con la circular.

Ahora, cogemos el sendero que nace a mano derecha, marcado en su entrada con un hito, por el que pasamos a tierras sorianas, descendiendo un primer tramo con el piso descompuesto, que rápidamente se transforma en un precioso sendero, el cual nos introduce de lleno en el denso hayedo, donde los rayos del sol apenas penetran, he iluminan las hojas de las hayas, realzando los colores.

Ante tanta belleza, nos detenemos una y otra vez para admirar la naturaleza, la tranquilidad del lugar invita a relajarnos; entre las ramas, aparece por primera vez la figura del Moncayo o Monte Cano (Mons Caunus), como lo llamaban los romanos, por semejar las nieves de su cima, las blancas canas de un anciano, aunque en la Edad Media, la expresión Monte Cano se corrompe y deriva a Monte de Caco, que la tradición popular relacionaba al colosal macizo del Moncayo, con el famoso ladrón mitológico Caco, cuya cueva se puede visitar en la coqueta población de los Fayos, que bien merece una visita.

Poco a poco, el sendero se transforma en un amplio camino, por el que nos vamos alejando del cauce del barranco de Agramonte. Cuando alcanzamos el cuarto kilómetro, sobre la cota 1.280 metros, enlazamos con el camino por el que discurre el PRC-SO79, donde continuamos tomando de referencia las clásicas marcas blancas y amarillas, que nos llevan en ligero descenso, por el medio del hayedo de Peñarrajada.

La paz que hasta ahora había reinado en el bosque, se rompe con la presencia de varios grupos que nos vamos cruzando, cuyo recorrido han iniciado desde la localidades de Vozmediano o Aldehuela de Ágreda, hacia la que nos dirigimos, aunque no llegaremos hasta su núcleo urbano.

De vez en cuando, el denso bosque clarea, entre las ramas, podemos intuir las tierras del valle del Ebro, que inusualmente para las fechas que nos encontramos, están despojadas de la molesta niebla, pero por el momento, la calima no nos deja disfrutar de las vistas que deberíamos tener del pirineo.

Chino a chano, nos vamos acercando al punto más bajo del recorrido, donde las hayas comienzan a perder protagonismo, en detrimento de los longevos acebos, que pueden llegar a vivir hasta quinientos años, que dan nombre a la zona por la que vamos caminando, y a los que evitamos acercarnos, ya que sus pecioladas hojas, rodeadas de unas finas espinas, ofrecen una depilación natural, que no deseamos probar.

Sobre la cota 1.200 metros, llegamos a un cruce de caminos, que sirve de punto de inflexión de esta segunda circular, donde tenemos varias alternativas, de la que elegimos la pista que va hacia el Sanatorio de Agramonte, que se encuentra a cinco kilómetros.

Donde abandonamos la pista, y cogemos un sendero a mano derecha

Por el que pasamos a tierras sorianas, y nos introducimos en el espeso hayedo

Donde los rayos del sol, apenas penetran, he iluminan las hojas

Por primera vez, entre las ramas, aparece la figura del Moncayo o Monte Cano

Poco a poco, el sendero se transforma en un amplio camino
Sobre la cota 1.280 metros, enlazamos con el PRC-SO79

Por el que nos adentramos en el hayedo de Peñarrajada

Cuando el bosque clarea

Podemos ver entre las ramas, las tierras del valle del Ebro

En ligero descenso, nos vamos acercando al punto más bajo del recorrido

Donde las hayas pierden presencia, y dan paso a los acebos, hasta llegar a un cruce de caminos

Llevamos dos horas disfrutando del otoño, pero los estómagos comienzan a pedir alimento. Como conozco prácticamente todo el recorrido, vamos a parar más adelante, ya que hay un delicioso rincón, que nos hará recrear los sentidos, mientras comemos.

Dicho y hecho, desde el cruce, nos incorporamos a la pista que viene desde la Cueva de Ágreda, por la que continuamos en ligero descenso dirección Este, durante medio kilómetro, entre matorral bajo, compuesto mayoritariamente por acebos, y algún ejemplar joven de haya, hasta llegar a un nuevo cruce, donde tenemos la posibilidad de acercarnos hasta la población de Aldehuela de Ágreda, punto en el que se inicia la ruta circular correspondiente al PRC-SO79 Hayedos delMoncayo, que realice con mi mujer hace un par de otoños.

Hacer este tramo, nos supone un plus de cuatro kilómetros, que alargaría en exceso la ruta, además de que hay otras opciones para visitarlo, por lo cual, decidimos dejarlo para mejor ocasión, y seguimos por la pista principal, en la que convergen el GR.260 y el PRC-SO79.

Rápidamente, nos adentramos de nuevo en el hayedo, en poco más de cinco minutos, llegamos al refugio de las Canalejas, que está abierto, pero se encuentra en un estado lamentable. Junto a él, se ubica la fuente de las Canalejas, que al igual que el resto de fuentes, mana un hilillo de agua, normal, en un otoño tan poco lluvioso.

Tras echar un vistazo al interior del refugio, retornamos a la pista, continuamos por ella disfrutando de los colores del otoño, dejando a nuestra izquierda el camino de Aldehuela, por el que se puede bajar hasta Agramonte y a Vozmediano, población desde la que se puede iniciar una circular que visita el nacimiento del río Queiles, va hasta Aldehuela de Ágreda y recorre esta parte del hayedo para regresar a Vozmediano.

Nosotros, seguimos durante un kilómetro más, hasta que vemos como un camino a mano derecha se bifurca de la principal, unos metros antes de llegar, un pequeño tramo de escalones nos saca de la pista, y nos introduce de lleno en el interior del hayedo, donde hay colocada una mesa de picnic, en la que paramos a comer, mientras nos deleitamos del paisaje que tenemos en rededor.

Con los estómagos y sentidos rebosantes, regresamos a la pista principal, caminamos unos metros hasta llegar a la bifurcación, donde tenemos la posibilidad de seguir por ella hasta el Sanatorio de Agramonte, aunque nosotros nos queremos alejar de la masificación e imbuirnos en la naturaleza, así que cogemos el camino que nace a nuestra derecha, por el que continuamos en ascenso, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PRC-SO79.

Dirección Sur, seguimos ganando desnivel paralelos al cauce del barranco de Agramonte, al que nos acercamos durante unos minutos, en un punto de captación de aguas donde realizamos una fotografías. Después, regresamos al sendero principal, por el que vamos ganando suavemente desnivel, hasta llegar a la altura de un panel informativo del “Hayedo del Moncayo”.

En este punto, podríamos seguir subiendo hasta enlazar con el camino por el que hemos unido ambas circulares, pero nosotros queremos disfrutar de unos momentos de paz y soledad en armonía con la naturaleza, así que en este punto, cogemos una tímida trocha, cubierta de una alfombra de hojas, por la que nos introducimos en el hayedo, hasta alcanzar de nuevo el cauce del barranco de Agramonte, que vadeamos por las piedras.

Una vez en la otra margen, entramos en tierras zaragozanas, caminamos unos metros bosque a través, buscando las zonas más limpias, asombrados ante la visión de varias hayas de gran porte desplomadas enteras sobre el suelo, hasta enlazar con una antigua pista, que rápidamente se pierde entre la maleza.

Ahora nos queda conectar con el sendero S1, que dejamos a la altura del barranco de Agramonte, así que desde el final de la pista, comenzamos a remontar la fuerte ladera en la que se asienta el hayedo de Peña Roya, por la que realizamos varias lazadas para aminorar la sensación de dureza, y deteniéndonos en repetidas ocasiones, para disfrutar de los colores del otoño, que es al final a lo que hemos venido.

Tras una última parada, en la que aprovechamos para picotear, nos ponemos en marcha virando hacia el Este, hasta salir al sendero que de forma directa, sube desde el Sanatorio de Agramonte al Collado de Castilla, por el que de forma más moderada, vamos ganando desnivel, hasta enlazar con la pista por la que discurre el S1, al que regresamos después de algo más de una hora, desde que lo abandonamos.

Nosotros nos incorporamos a la pista que viene de la Cueva de Ágreda
Por la que nos introducimos de nuevo en el hayedo, y llegamos al refugio de las Canalejas

De nuevo en la pista, continuamos disfrutando del otoño, dejando a nuestra izquierda el camino de Aldehuela

Un kilómetro más adelante, descansamos en un bucólico rincón, acondicionado con una mesa de picnic

Tras la pausa, regresamos a la pista, que se bifurca en dos; tomamos el ramal de la derecha

Por el que continuamos en suave ascenso, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas

Hasta llegar a la altura de un panel informativo, donde lo dejamos

Y tomamos una tímida trocha, que nos adentra en el hayedo

Hasta llegar a la altura del barranco de Agramonte, que vadeamos por las piedras

Tras un metros bosque a través, enlazamos con una vieja pista

Hasta que esta muere, y comenzamos a remontar la ladera, en la que se asienta el hayedo de Peña Roya

Hasta salir al sendero, que sube desde Agramonte al Collado de Castilla, donde conectamos con el S1


Nos quedan unos cinco kilómetros hasta la fuente del Sacristán, así que seguimos por la pista, que a la altura del barranco de Agramonte describe una pronunciada curva a la izquierda, que nos cambia de sentido, y eleva por encima del hayedo de Peña Roya, donde las hayas son de menor porte, debido a que es una zona más abierta, que permite la entrada del sol, que nos deja disfrutar de las vistas hacia los pirineos.

En suave ascenso, la pista se transforma en un amplio camino, por el que seguimos avanzando, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas, hasta salir a la pista de acceso al Santuario, que sin duda es el tramo más feo del recorrido, ya que a estas horas el trasiego de vehículos es alto.

Para evitar comernos el polvo que levantan a su paso, decidimos correr este tramo que es en bajada. A la carrera, descendemos hasta llegar a la cota 1.490 metros, donde la pista llanea y nos introduce en un pinar de repoblación; unos metros más adelante, alcanzamos el Prado de Santa Lucia, en el que se ubican los restos de una antigua ermita, donde aprovechamos que pega el sol, para hacer un último descanso.

Después, cogemos el sendero que se encuentra pegado a los restos de la ermita, que dejamos a nuestra izquierda; en suave descenso, comenzamos a perder desnivel por un bonito sendero, por el que nos adentramos en una pinar de pino silvestre, en el que nos detenemos un instante, para ver los restos del pozo de nieve del Prado de Santa Lucia, donde la nieve se introducía por unas ventanas o vanos, se apelmazaba e intercalaba con paja, para hacerla en paneles y transportarla hacia las neverías o tiendas.

De vuelta al sendero, continuamos bajando por el pinar, tomando de referencia las marcas blancas y rojas del GR.90, por el que vamos cruzando la pista de acceso al Santuario. Cerca de la fuente del Sacristán, los pinos vuelven a dar paso a las hayas, donde nos recreamos en este último tramo, llegando después de casi cinco horas a la fuente del Sacristán.

Contentos, nos vamos al coche, realizamos unos estiramientos, y nos bajamos a la zona recreativa. Junto al cauce de un barranco, nos comemos sendos bocadillos de lomo, mientras rememoramos los mejores momentos, y pensamos en futuros objetivos.

A la altura del barranco de Agramonte, donde la pista describe una pronunciada curva a la izquierda

Que nos eleva por encima del hayedo de Peña Roya, dejando ver el valle del Ebro y los pirineos

Por terreno llano, la pista se transforma en un amplio camino

Donde las hayas van perdiendo porte

Siguiendo las marcas blancas y amarillas, salimos a la pista de acceso al Santuario

Por la que descendemos hasta la cota 1.490 metros, donde llanea y nos introduce en un pinar de repoblación

Unos metros más adelante, llegamos al Prado de Santa Lucía, en el que se ubican los restos de una ermita

Desde el Prado de Santa Lucía, cogemos el sendero que se encuentra junto a los restos de la ermita

Por el que nos adentramos en un pinar, hasta llegar a la altura del pozo de nieve del Prado de Santa Lucía

De nuevo en el sendero, vamos cruzando la pista de acceso al Santuario

Cerca del final, los pinos dan paso a las hayas, donde nos recreamos

Hasta llegar después de cinco horas, a la fuente del Sacristán, donde cerramos el círculo




lunes, 4 de diciembre de 2017

Ascensión al Dec de Lhurs 2.176 m, desde el aparcamiento de Anapia




El circo de Lescun, es unos de los rincones más bellos de los pirineos; rodeado de extensos prados, y densos bosques de hayas, posee un gran valor ecológico, que durante más de 25 años fue reducto de Camille, el último oso que vivió en la cordillera, ya que de los 20 ejemplares que viven actualmente, provienen de Eslovenia o son descendiente de ejemplares reintroducidos, que se mezclaron con los pirenaicos.

Ubicado en la cabecera de un pequeño valle lateral, del principal valle del Aspe, parte de su territorio se engloba dentro del Parc National des Pyrénées. Rodeado de míticas montañas de más de 2.000 metros, como el Pic d'Anie, Pene Blanque, Mesa de los los Tres Reyes, Petrechema, o las Agujas de Ansabére, que hacen de frontera natural con los valles de Hecho y Roncal, en lo que conforman el Parque Natural de los Valles Occidentales.

Pero si algo destaca de este circo natural, son sin duda sus cumbres afiladas, y altivas que surgen como dentelladas calcáreas, que hacen que a esta zona se le conozca como los “Dolomitas del Pirineo”, en el que sin duda destaca la cima bicéfala del Billare, que con sus 2.318 metros, preside el circo de Lescún, cuyas paredes se desprenden mil metros más abajo sobre bellos pastizales, aunque hoy el protagonista será su vecino, el Dec de Lhurs. 

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Aprovechamos el cambio de hora para dormir una hora más, a las siete de la  mañana quedamos en Villanueva de Gállego, donde nos desplazamos en un solo coche, hasta la población de Lescún. Sin entrar en el núcleo urbano, continuamos por una estrecha carretera, siguiendo las indicaciones hacia el aparcamiento de Anapia, al que llegamos tras tres horas de coche.

La mañana es fresca, el termómetro no supera los 4ºC, aunque el sol calienta, y las previsiones meteorológicas nos van a ser favorables, a excepción de las famosas nubes que suelen cubrir el valle de Lescun, que pueden amargarnos las vistas desde la cima del Dec de Lhurs.

Antes de comenzar, echamos un bocado, preparamos las mochilas, mientras miramos embelesados la figura del Billare, que se alza imponente frente a nosotros, y donde comprobamos con tristeza, como el "invierno", ha llegado a estas tierras, dejando las hojas de los árboles caducifolios en el suelo, algo que tampoco nos sorprende, ya que hace un par de semanas estuvimos recorriendo el bosque de la Pardina del Señor, en el que apenas pudimos disfrutar del cambio cromático de las hojas.

Sobre las diez de la mañana, iniciamos el recorrido, caminamos unos metros por la pista principal, que rápidamente se bifurca en dos, siendo este el punto en el que se empieza desde Lescún, la circular a la Mesa de los Tres Reyes, que seguramente será nuestra próximo objetivo para cuando volvamos a estas tierras, ya que resulta más atractivo que subir desde el refugio de Linza

Como hoy no es nuestro destino, nosotros dejamos a nuestra derecha la pista que sube hacia el Plateau de Sanchése y continuamos por la pista de Lhurs, tomando de referencia unas marcas amarillas, que nos conducen hacia el Lac de Lhurs, entre espesos campos de helechos, que con su color rojizo, dan el toque otoñal al recorrido, haciendo resaltar la silueta grisácea del Billare.

Apenas transcurridos cuatrocientos metros, la pista describe una larga ese, en la que se junta un camino que sirve de alcorce de la pista principal, donde seguimos dirección Oeste, por terreno totalmente llano, disfrutando de las bucólicas vistas que tenemos de este pequeño valle, formado por numerosas bordas, rodeadas de extensas zonas de prados, donde las vacas pastan a sus anchas; que poco a poco vamos dejando atrás, mientras las primeras hayas comienzan a poblar la pista.

Tras un suave giro a la derecha, aparece ante nuestro ojos por primera vez la figura del Dec de Lhurs, que se muestra desafiante desde esta perspectiva, que se amplia unos metros más adelante, con la visión también de su vecino Billare, formando una preciosa estampa, que no podemos evitar fotografiar, mientras dejamos a nuestra derecha el barranco de Le Larrangus, que debido a las escasas precipitaciones, apenas lleva caudal.

Unos metros más adelante, alcanzamos un cruce de caminos perfectamente identificado, donde abandonamos la pista principal, y continuamos a mano derecha por un precioso camino tapizado por las hojas de los árboles, que en estas latitudes todavía conservan parte de sus hojas, entre las que se intuyen las paredes graníticas del Billare y el Dec de Lhurs, además del circo de Lazerque, que vemos desde una pradera donde muere un ramal del camino, al que regresamos.

Siguiendo las marcas amarillas, que se encuentran pintadas en un poste, comenzamos a ganar desnivel de forma rápida, por una larga rampa con el piso descompuesto, seguramente por el discurrir el agua cuando llueve de forma torrencial, por el que nos vamos adentrando en el bois de Larrangus, precioso bosque de hayas, donde nos vamos deteniendo para disfrutar de las últimas pinceladas del otoño, y buscando setas, que tan solo encontramos en los troncos de los árboles.

Desde el aparcamiento de Anapia, miramos embelesados la imponente figura del Billare

Al cual nos vamos acercando, tomando a mano izquierda, la pista de Lhurs

Por la que continuamos dirección Oeste, en el que aparecen las primeras hayas

Y tras un giro a la derecha, podemos disfrutar de una panorámica del Dec de Lhurs y el Billare
Unos metros más adelante, llegamos a un cruce 

Donde tomamos un precioso camino tapizado de hojas, hacia el Lac de Lhurs
En el cual los árboles todavía conservan parte de sus hojas, que dejan entrever la figura del Billare
Y el Dec de Lhurs
Siguiendo las marcas amarillas, nos internamos en el bois de Larrangus

Por el que en fuerte ascenso, vamos disfrutando de las últimas pinceladas del otoño

Y buscando setas, que solo encontramos en los troncos de los árboles

Cerca de un claro, la pendiente se suaviza, el camino se bifurca en dos, aunque nosotros vamos por el principal, ya que el otro ramal que se vuelve a juntar a la altura del barranco de Landrosque, está marcado con una X. Por unos minutos salimos a cielo abierto, el camino se transforma en un bonito sendero, por el que vamos ganando desnivel, disfrutando de las vistas al Dec de Lhurs, con el que nos fotografiamos de fondo.

El día se mantiene despejado, el sol comienza a calentar, el fuerte repecho que hemos afrontado, nos ha hecho entrar en calor, así que nos quitamos los abrigos, que no guardamos en el fondo de la mochila, porque más adelante los necesitaremos, y continuamos la marcha, caminando por el sendero en ligero descenso, alternando zonas de bosque, donde las hayas ya sin hojas, se entremezclan con altivos abetos que nos proporcionan una agradable sombra, con otras de claros, donde podemos apreciar la verticalidad de esta cara Sur del Billare, por la que se desprende el barranco de Landrosque. 

Tras unos minutos de tregua, el sendero se endurece, comienza a describir una sucesión de lazadas, que nos permite ganar desnivel de forma rápida, sin mucho esfuerzo, hasta alcanzar un rellano, en el que se unen ambos ramales de la pista de Lhurs, donde abandonamos la protección del bois de Larrangus y vadeamos un barranco secundario que apenas llega agua, hasta llegar a la base de la pared del Billare.

Si desde el bosque, teníamos dudas de por donde iba el camino, ahora desde este punto se disipan, ya que comprobamos como se ha salvado este tramo, con una bonita terraza labrada sobre la roca, por la que avanzamos sin ninguna dificultad, disfrutando de este bonito paso, por el que flanqueamos la pared del Billare.

Ya en la otra vertiente, pasamos una mancha de hayas; el camino se transforma de nuevo en un sendero bien definido, por el que en suave ascenso, atravesamos una sencilla pedrera, mientras observamos ensimismados la aguja y los escarpes calizos que conforman la cara Norte del Dec de Lhurs, al que nos vamos aproximando, remontando por la margen izquierda el barranco seco de Landrosque, que hace de divisoria natural entre el Dec de Lhurs y el Billare, con la cima bicéfala del Midi d'Ossau a nuestras espaldas.

Aunque se puede seguir paralelo al barranco, nosotros lo cruzamos, pasamos a la margen derecha, donde comenzamos a remontar una loma, atentos al sendero que se confunde con algunos surcos formados por el agua, ganando suavemente desnivel, apareciendo ante nuestros ojos la figura del Pics de Péne Blanque.

Unos metros más arriba, llegamos a los pies del Dec de Lhurs. En un amplio rellano que nos sirve de mirador natural, disfrutamos de una bonita panorámica del valle de Lescun, aunque no podemos evitar que se nos vaya la mirada hacia el Midi d'Ossau, que si las cosas no se tuercen, intentaremos subir el año que viene.

Cerca de un claro, la pendiente se suaviza

Salimos a cielo abierto, donde nos fotografiamos con la figura del Dec de Lhurs de fondo

En ligero descenso, vamos alternando tramos de bosque

Donde las hayas, ya sin hojas, se entremezclan con altivos ejemplares de abeto

Con otras de claros, donde podemos comprobar, la verticalidad de esta cara Sur del Billare
Por la que se desprende el barranco de Landrosque, junto a la pared Sur del Billare
Que flanqueamos por una bonita terraza labrada en la roca

Donde seguimos atravesando una pedrera, con vistas a la aguja y escarpes de la cara Norte del Dec de Lhurs
Remontando el barranco de Landrosque, con la cima del Midi d'Ossau a nuestras espaldas
Aunque se puede seguir por el barranco, nosotros lo vadeamos

Pasamos a la margen derecha, por la que remontamos una loma, con vistas al Pics de Pené Blanque
Por la que alcanzamos un rellano, que sirve de mirador natural, del valle de Lescun
Aprovechamos que pega el sol, para hacer un breve descanso, comemos, bebemos y después regresamos al sendero, donde continuamos caminando en suave ascenso dirección Oeste, bajo la pared Norte del Dec de Lhurs, hasta que llegamos a un punto elevado, donde iniciamos el descenso por medio de un precioso tramo de karst, tomando de referencia los numerosos hitos que hay colocados a lo largo de este, donde emerge ante nuestros ojos, la proa de la Mesa de los Tres Reyes, que en los mapas aparece reflejado como la Table.

Siguiendo el sendero, alcanzamos la vaguada en la que se ubica el Lac de Lhurs, donde nos quedamos helados, ya que las altivas paredes del Dec de Lhurs nos tapan el sol, y además corre una ligera brisa, por lo que intensificamos el ritmo en busca del sol, que encontramos justo al llegar a la cubeta del Lac de Lhurs, que conforma una fotografía de postal, con el anfiteatro de fondo que conforman los picos de la Table, la Mesa de los Tres Reyes y el Péne Blanque.

Al otro lado del lago, comprobamos que hay un refugio, como le da el sol, pensamos que es un buen lugar para descansar, antes de comenzar el ataque final a la cima. Así que comenzamos a bordear la cubeta del ibón por la derecha, yendo por el sendero principal, hasta llegar al otro lado, donde acometemos un corto repecho, por el que rápidamente alcanzamos la Cabaña de Claveanne, también conocida como Cabaña de Lhurs.

Aunque una parte esta cerrada, tiene una zona abierta al público, que no podemos evitar echar un vistazo, quedándonos maravillados del buen estado en que se encuentra, la limpieza y lo bien equipado que está, ya que cuenta con una fuente en el exterior, electricidad, enchufes, luz, una estufa y un altillo donde poder dormir, todo un lujo!.

A resguardo del viento nos sentamos al sol, ya con los abrigos puestos, bebemos, comemos, mientras embelesados miramos a uno y otro lado, disfrutando de tan fascinante enclave en el que se sitúa el refugio, que pensamos que puede ser un buen lugar para pernoctar y hacer una actividad de mayor envergadura desde el.

Tras la pausa, continuamos en suave ascenso por la loma

Hasta alcanzar un punto elevado, donde asoma la proa de la Mesa de los Tres Reyes

Donde iniciamos el descenso, por medio de un pequeño tramo de karst

Tomando de referencia los hitos que hay colocados a lo largo del tramo

Siguiendo el sendero, alcanzamos la vaguada por el que discurre el barranco por el que desagua


El Lac de Lhurs, que conforma una bella postal con la Table, La Mesa de los Tres Reyes, y el Pené Blanque

Desde el lago, bordeamos la cubeta por la derecha, y llegamos a la Cabaña de Claveanne

En la que descansamos, mientras disfrutamos de las vistas hacia la Table

Y el Lac de Lhurs
Son las 12:45, hoy con el cambio horario, disponemos de menos horas de luz, así que nos ponemos en marcha. Caminamos sin sendero por medio de una zona de pastos, en la que habitualmente se encuentra el ganado y un simpáticos border collie, que se recogen en una cabaña que se encuentran a tan solo unos metros del refugio, a la cual nos dirigimos.

Sin entrar dentro del cercado, la rodeamos por la derecha, alcanzamos una zona de caos, por la que avanzamos tomando de referencia algunos hitos, que hay colocados a lo largo de este, lo que nos permite orientarnos con facilidad.

Poco a poco, el collado lo tenemos más cerca, bajando de este, observamos como una pareja de montañeros desciende por la otra ladera, echo un vistazo al GPS y compruebo que existe otro sendero que va más cercano a las paredes del Dec de Lhurs, ya que por donde transitamos, más tarde se dirige hacia el Oeste para subir a la Mesa de los Tres Reyes.

Por el momento, decidimos seguir por esta vertiente, ya que nos resulta más sencillo ganar desnivel, que yendo por los pastizales. Una vez fuera de la zona de caos, realizamos un largo flanqueo virando hacia el Sur, por terreno prácticamente llano, en el que apenas ganamos cota, disfrutando de las vistas que tenemos en todo momento, hasta enlazar con el sendero sobre la cota 1.850 metros, donde el Lac de Lhrus, va quedando abajo.

Ya sobre el track, continuamos avanzando por un sendero bien trazado, que realiza alguna suave lazada, que nos permite subir sin grandes esfuerzos, guiándonos de los hitos y teniendo de referencia en todo momento el collado, disfrutando hacia el Este de las crestas calizas que conforman esta cara del Dec de Lhurs; al Oeste de la Table, y la Mesa de los Tres Reyes.

En apenas tres cuartos de hora, llegamos al collado previo a la cima, donde a las ya conocidas vistas sobre la Mesa de los Tres Reyes, se unen otros tres gigantes de la zona, el Petrechema, las Agujas de Ansabére y el Pic d'Anie, además del Midi d'Ossau, que ya habíamos visto de subida al Lac de Lhurs.

Desde el refugio, caminamos sin sendero, hacia la cabaña de pastores

Que dejamos a nuestra izquierda, y nos adentramos en una zona de caos

Por el que avanzamos cómodamente, tomando de referencia algunos hitos

Una vez salimos fuera del caos, realizamos un largo flanqueo hacia el Sur

Hasta enlazar con el sendero que discurre cerca del Dec de Lhurs, mientras abajo va quedando el Lac de Lhurs

Ya sobre el track, continuamos ascendiendo, con vistas a las crestas que conforman la cima del Dec de Lhurs

Al Oeste, de la Table y la Mesa de los Tres Reyes

En apenas tres cuartos de hora, llegamos al collado previo a la cima

Donde a las vistas ya conocidas, se unen el Petrechema y las Agujas de Ansabére

Además del Midi d'Ossau, del que ya disfrutamos subiendo al Lac de Lhurs

Desde el collado, nos quedan unos 200 metros de desnivel hasta la cima, que por la cercanía de está, intuimos que no es la que se alza frente a nosotros. Para disipar las dudas, nos ponemos en marcha , caminamos dirección Este por el amplio cordal, hacia la arista coronada por una cresta caliza, donde a su izquierda aparece la vertical pared del Gran Billare, que desde esta perspectiva intimida.

En apenas un par de minutos, iniciamos el tramo final de ascensión al Dec de Lhurs, caminando por el extremo de la arista, que por dura pendiente nos va acercando hasta las afiladas cuchillas de la cresta, desde la que podemos comprobar como 1.000 metros más abajo, el río de la Gave d'Ansabére, serpentea en el valle del mismo nombre, en el que sobresale la figura del Pic Poure de Lamary, siendo este valle una buena zona para hacer raquetas.

Tras un par de lazadas, cambiamos de vertiente, acometemos una larga rampa por la que nos adentramos en el laberinto, que forma el roquedo que conforma la cresta de esta primera elevación, donde el sendero es engullido por los bloques de caliza, y nos guiamos por los hitos que hay colocados en abundancia, teniendo que utilizar las manos en contadas ocasiones para seguir progresando, mientras un grupo de sarrios salen huyendo, al notar nuestra presencia.

Sobre la cota 2.130 metros salimos del laberinto de rocas, alcanzamos un collado que hace de divisoria entre la antecima y la cima principal del Dec de Lhurs, que ya divisamos, y que se encuentra cercado por otro roquedo, que hemos de salvar para coronar la cima.

Antes de continuar, echamos un trago de agua, después, proseguimos la ascensión, realizamos un sencillo destrepe por el que llegamos a la base del roquedo, en el que nos internamos tanteando las rocas con los pies, ya que algunas se mueven, y apoyamos las manos en un par de ocasiones, para llegar tras cuatro horas a la cima del Dec de Lhurs, que nos recibe con un cielo azul, prácticamente despejado, donde el sol está en su máximo apogeo, aunque hace fresco en la cima, así que nos abrigamos.

El Dec de Lhurs, es conocido como una de las atalayas de Lescun, ya que desde su cima, se disfrutan de unas panorámicas de 360º, como hoy podemos atestiguar, donde al Sur destaca el Midi d'Ossau; al Norte el Petrechema, las Agujas de Ansabére, la Mesa de los Tres Reyes, y el Peneblanque;  al Este, del Pic d'Anie y el Billare (Gran y Petit Billare).

Desde el collado, caminamos por el cordal, hacia la arista coronada por una cresta caliza

En un par de minutos, iniciamos la subida por la arista, desde la que divisamos el valle de la Gave d'Ansabére

Tras un par de lazadas, acometemos una larga rampa, por la que nos introducimos en el laberinto

Que forma el roquedo, que conforma la cresta caliza, que corona esta primera elevación

Donde los bloques de caliza, engullen el sendero, y tenemos que usar las manos en contadas ocasiones


Mientras un grupo de sarrios, salen huyendo al sentir nuestra presencia

Sobre la cota 2.130 metros, salimos a un collado, que divide la antecima y la cima del Dec de Lhurs
Tras realizar un destrepe, llegamos a la base del roquedo, por el ascendemos con cuidado

Hasta llegar a la cima del Dec de Lhurs, tras cuatro horas desde el aparcamiento de Anapia

Que es conocido como una de las "atalayas de Lescun", ya que desde su cima, obtenemos unas vistas de 360º
Al Norte del Petrechema, las Agujas de Ansabére, la Table y la Mesa de los Tres Reyes

Y al Este del Pic d'Anie y el Billare (Gran y Petit Billare)

Aunque existe la posibilidad trazar un circular, bajando por el vecino valle d'Escoueste, nos quedan apenas tres horas de luz, así que para no complicarnos la vida, iniciamos el descenso por el mismo lugar, atentos a los hitos, para no salirnos de la traza original, y acabar embarcados, deteniéndonos de vez en cuando para disfrutar de las vistas que tenemos hacia el Petrechema, las Agujas de Ansabére y la Mesa de los Tres Reyes, donde también podemos ver unos metros más abajo el collado, al cual llegamos en tan solo media hora.

Una vez en el collado, continuamos por el sendero principal, que nos permite bajar de forma más directa, mientras disfrutamos de las vistas a la Table, la Mesa de los Tres Reyes y el Lac de Lhurs, cuya cubeta ya podemos ver parcialmente, a la que nos vamos acercando ya sin sendero, cerca de la cabaña de pastores, que dejamos a nuestra izquierda, avanzando campo a través, tomando de referencia algunos hitos, que nos llevan hasta el refugio, en el que nos detenemos para comer.

Con energías renovadas, emprendemos la marcha, rodeamos por la izquierda la cubeta del Lac de Lhurs, donde enlazamos con el precioso tramo de karst, que nos deposita a los pies de la base del Dec de Lhurs, donde comprobamos como las nubes empiezan a cubrir las montañas de los valles circundantes.

El sol va perdiendo fuerza, la sombra comienza a dar en todo el valle, las temperaturas bajan, así que nos abrigamos mientras descendemos paralelos al barranco de Landrosque, hasta internarnos en el precioso bosque de hayas y abetos, que conforma el bois de Larrangus, donde disfrutamos de los últimos coletazos del otoño, bajando hacia el fondo del valle de Lescun.

Ensimismados, abandonamos la compañía de este precioso bosque, salimos a la pista de Lhurs, por la que rodeamos la montaña, dejando a nuestras espaldas la cima del Dec de Lhurs, ahora completamente tapada por las nubes, mientras nos acercamos al aparcamiento de Anapia, gozando de las vistas que tenemos del bucólico valle de Lescun, y los imponente Orges de Camplong, que se unen a partir de ahora, a la larga lista de pendientes.

Tras siete horas y media, alcanzamos el cruce donde se junta con la pista que sube al Plateau de Sanchése, y unos metros más abajo, llegamos con las últimas luces del día, al aparcamiento de Anapia, donde damos por finalizada está espectacular ascensión al Dec de Lhurs, después de 16 kilómetros y 1200 metros de desnivel positivo, en el que es sin duda, uno de los valles más bonitos de los pirineos, al que regresaremos este invierno con las raquetas para seguir descubriendolo.

En la cima, iniciamos el descenso, por el mismo itinerario

Atentos a los hitos, para no acabar embarcados
Disfrutando de las vistas, hacia el Petrechema, las Agujas de Ansabére, la Mesa de los Tres Reyes

Y al collado, al que llegamos tras media hora, desde el que descendemos por el sendero principal

De forma más directa, por el que rápidamente aparece la cubeta del Lac de Lhurs

Al que nos acercamos sin sendero, dejando a nuestra izquierda la cabaña de pastores

Hasta llegar al refugio donde descansamos. Tras la pausa, rodeamos por la izquierda el Lac de Lhurs



Y enlazamos con el preciso tramo de Karst, que nos deja a los pies del Dec de Lhurs

Donde comprobamos como las nubes empiezan a cubrir las montañas de los valles circundantes

Abrigados, descendemos por el barranco de Landrosque, hasta internarmos en el bois de Larrangus

Hasta salir a la pista de Lhurs, en la que disfrutamos de las vistas al bucólico valle de Lescún
Y a los Orges de Camplong, llegando tras siete horas y media al aparcamiento de Anapia

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