sábado, 6 de mayo de 2017

Circular al robledal blanco de Mesomero, desde el Cuello San Garbá


A escasos 50 kilómetros de la ciudad de Zaragoza, se encuentra la sierra de Algairén, un conjunto montañoso formando por pizarras y cuarcitas del cámbricosituada en las comarcas de Campo de Cariñena y Valdejalón, constituyendo una pequeña unidad bien individualizada del Sistema Ibérico, siendo su punto culminante con 1276 metros, el pico Valdemadera.

Catalogada como LIC, dentro de la declaración de la Red Natura 2000, sus laderas se encuentran parcialmente revestidas de carrascales, mientras el resto han sido repobladas por diferentes especies de pinos (nigra, pinaster y halepensis), aunque también existen otras especies como romeros, jaras, enebros, alcornoques, 
robles e incluso una pequeña mancha de roble albar (quercus Petraea), que en latín significa, piedra, haciendo referencia a la dureza de su tronco.

Está especie, es muy escasa en Aragón y tan solo es posible encontrar algunas manchas, en el Moncayo, Pirineos, y en la vertiente oriental de la Sierra de Algairén, en el desconocido Valle del Mesomero, que hoy quiero recorrer, uniendo varios senderos balizados.



Como hoy es un paseo y en está época del año, algunos domingos se realizan batidas de caza por la zona, me lo tomo con tranquilidad. S
obre de las once de la mañana, salgo desde Cuarte de Huerva hacia Almonacid de la Sierra, en vez de dejar la furgoneta en dicha población, aprovecho que los caminos son buenos, para reducir las distancias, y quitarme unos cuantos kilómetros de camino sin interés, así que desde la misma plaza de España, tomo el camino de la Hermana, con buen firme y totalmente llano, a excepción del último kilómetro, donde comienzo a subir hasta alcanzar el Cuello San Garbá, conocido por los lugareños, como la Replaceta de Almonacid, en la que convergen varios itinerarios.

Desde el cruce de caminos, comienzo a trotar durante poco más de cincuenta metros, por medio de un cortafuegos, hasta que a mano derecha, tomo la Senda de la Lechera, por la que me interno en el pinar, por un camino de tierra que rápidamente se transforma en una senda, perfectamente trazada, que de vez en cuando, atraviesa pequeñas zonas despobladas de vegetación, pasando por el 
mirador de la Val de Garzón, desde el que puedo comprobar la gran masa arbórea que cubre todo esta cara de la Sierra de Algairén, y el bonito contraste que ofrece con las llanuras del campo de Cariñena.

Absorto en el paisaje, el sonido de un disparo me devuelve a la realidad, durante unos segundos me quedo en silencio, hasta que dos nuevos disparos me ponen en alerta. A pesar de la hora que es, compruebo que al otro lado de la sierra, están realizando una batida de jabalíes, así, como de momento voy por la cara opuesta, decido continuar regresando a la senda, y a la carrera, me adentro definitivamente en el pinar de la Hermana, siempre en ligero ascenso, tan solo unos metros por debajo de la base de la cresta de la Sierra, que hace poco más de un mes, en compañía de Ángel y Marián, recorrimos cuando realizamos la integral a la Sierra de Algairén.

Tras algo más de kilómetro y medio, comienzo a descender, la senda se deja correr muy bien y poco a poco, me voy acercando al pico El Cortado, cuyo perímetro exterior se encuentra cercado, mientras sigo escuchando algún disparo, aunque cada vez más dispersos, hasta alcanzar
 la confluencia con la senda que baja desde la cresta de la Sierra, donde me encuentro, con una pareja que viene asustada al escuchar los disparos, les tranquilizo, explicándoles que en este lado están a resguardo y después. prosigo por la senda, por la que tras algo más de veinte minutos, llego al Collado de la Hermana.

En el collado, la senda gira 90º para evitar el vallado cinegético, que me impide continuar por el antiguo camino de Almonacid, por el que se sube a la Peña de la Hermana, que tengo justo enfrente y más adelante, al pico El Cortado, que no ofrece mayor interés, que sumar una cima más a la lista. Antes de seguir, me detengo un instante para echar un trago de agua, mientras corroboro que los disparos han cesado, así que a la carrera, comienzo a perder desnivel de forma rápida, por la espectacular Senda las Tiernas, por la que me adentro en un denso encinar, cuyas ramas se encuentran colonizadas por los líquenes.

En un pequeño claro, me detengo para disfrutar de las vistas hacia el Este, con el Pico Moncayo o San Miguel, como máximo protagonista, cuya cima ya se encuentra nevada, y hacia el Norte, la cercana Sierra de Vicort, en la que destaca la silueta del pico del Rayoaunque sin duda el paraje que más me llama la atención, es el desconocido valle del Mesomero, que se encuentra en lo hondo, cubierto casi en su totalidad por una espesa masa boscosa.

Después, me adentro de nuevo en el maravilloso encinar, donde poco a poco la pendiente se va suavizando, pasando junto a los restos de las antiguas carboneras de la Val de Medollo, que recuerdan que la extracción de carbón vegetal en está zona, era uno de los principales oficios, como así lo atestiguan, las más de ciento cincuenta carboneras, que hay repartidas a lo largo de la sierra.

Siguiendo las marcas blancas y amarillas del PR-Z14, continúo el descenso hacia el valle del Mesomero, por un terreno de sube y baja, con el piso perfecto que permite la carrera, acercándome poco a poco al fondo del valle, donde 
el bosque comienza a clarear, hasta alcanzar el valle de Tiernas, que en esta zona recibe varios nombres, como valle del Mesomero e incluso el valle del Amor, debido a que en los años noventa, una comuna hippie, intento establecerse en esta zona.

Desde el Cuello San Garbá, inicio la circular por medio de un cortafuegos, por el que rápidamente
Enlazo a mano derecha, con la senda de la Lechera
Por la que voy alternando tramos de pinar
Con algunos claros, en el que se ubica, el mirador de la Val de Garzón
Hasta que sobre la cota 950 m, me adentro definitivamente en el pinar de la Hermana
Por el que en suave descenso, me voy acercando al pico El Cortado
Y tras algo más de veinte minutos, llego al Collado de la Hermana
En el collado, la senda hace un giro de 90º, que evita un vallado cinegético
 Y ya, a la carrera, inicio un bonito descenso
Por el que me adentro, en un espectacular bosque de encinas
Que de vez en cuando clarea, disfrutando de las vistas hacia el Moncayo
Y la sierra de Vicort, aunque sin duda, destaca en lo hondo, el valle del Mesomero
Hacia el cual desciendo
Adentrándome definitivamente en el encinar
Por el que llego al Valle del Tiernas, también conocido como Valle del Mesomero o del Amor

Nada más llegar al valle, abandono la senda principal que se dirige a la Fuente de la Teja, para enlazar con el PR-Z15, donde continúo por la senda del Mesomero, que se difumina en un labrado, para hacer acto de presencia, tras cruzar el cauce seco del barranco de Valdevillar, que discurre paralelo al camino que da acceso 
 a La Casa de la Viuda de Don Pablo Gil.

Nada más dejarla atrás, la senda desemboca en el camino de Alpartir, por el que avanzo a la carrera, por el bonito bosque de Mesomero, donde las encinas conviven con varios grupos de serbales, fresnos y arces de Montpellier, que son regados por las cercanas aguas del río Tiernas.

Casi en el ecuador del recorrido, alcanzo el área recreativa de la Fuente la Jordana, que al ser una fuente natural, depende mucho de las lluvias, por lo que tras un otoño escaso en precipitaciones, apenas baja un hilillo de agua, aunque el entorno sobre el que se sitúa es maravilloso, así que aprovecho para comer y echar un trago, ya que, después, tengo que superar en apenas tres kilómetros, más de quinientos metros de desnivel positivo.

Con energías renovadas, regreso al camino principal, por el que sigo a la carrera durante medio kilómetro, por un terreno de falso llano, entre medio del encinar, hasta que alcanzo una bifurcación, marcada en su entrada con una estaca, situada junto a un cartel rojo de”propiedad privada”, que me impide seguir por el camino de Alpartir, así que abandono el camino, para coger la Senda del Mesomero, por la que en suave ascenso, me interno en el espectacular bosque del Mesomerotomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-Z15, que no dejaré hasta el Collado del Tío Francisco.

A medida que voy ganando desnivel, la pendiente se acentúa, sobre la cota 1000 m. comienzan hacer acto de presencia las primeras manchas de roble albar (quercus petraea), una especie escasa en Aragón, que suele ubicarse entre los 900-1400 m. y que a pesar de estar a finales del otoño, todavía conservan parte de sus hojas, aunque muchas de ellas, ya se encuentran en el suelo, cubriendo la senda.

Como la extensión del robledal, no es muy grande, avanzo despacio disfrutando del entorno y de las últimas pinceladas del otoño, mientras poco a poco, los robles van dando paso a las encinas, cuyas ramas en este tramo también se encuentran colonizadas por los líquenes, lo que en biología es conocido como "la seca", que también se produce en otras especies como alcornoques, quejigos y rebollos.

Cerca del collado, la pendiente se endurece, el esfuerzo comienza a notarse, así que quito una capa de ropa, me quedo con la térmica y continúo el ascenso caminando, hasta salir del bosque, donde ya puedo ver el collado del Tío Francisco, al que llego en un par de minutos, que hace de límite natural entre el Campo de Cariñena y la Comunidad de Calatayud.

Nada más llegar al valle, abandono la senda principal y enlazo con el PR-Z15
Que va paralela al camino de acceso (privado) a la Casa de la Viuda de Don Pablo Gil
Hasta que desemboca en el Camino de Alpartir
Por el que avanzo a la carrera, por el bonito bosque de Mesomero
Donde las encinas
Conviven con varios grupos de serbales, fresnos y arces de Montpellier
Hasta alcanzar el área recreativa de la Fuente la Jordana, en la que me detengo unos minutos
Después, regreso al Camino de Alpartir
Por el que continúo durante medio kilómetro, hasta llegar a una bifurcación
Donde tomo la senda del Mesomero y me interno en el bosque 
Y sobre la cota 1000 m., comienzan a aparecer las primeras manchas de roble albar
Que a pesar de estar a finales del otoño, aun conservan parte de sus hojas
Aunque, como la mancha no es muy extensa, las encinas vuelven a colonizar el entorno
Y una vez fuera del bosque, ya puedo ver el Collado del Tío Francisco

Desde el collado, parten varios itinerarios. Como el PR-Z15 se dirige hacia el Raso de la Cruz, ahora voy a seguir por uno de sus ramales, el PR-Z15.1, que va al Cerro del Espino, segundo objetivo del día, así, que, como este tramo es más llevadero, a la carrera sigo hacia el Norte, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas, remontando una corta pero fuerte rampa, por la que alcanzo el altar, en el que todas las navidades, el Club Montaña Pirineos monta un pequeño belén.

Superado este pequeño repecho, inicio el descenso entre carrascas, rodeando la montaña, por cómodo sendero de tierra, por el que rápidamente alcanzo el collado del Cuervo, donde el sendero converge en una pista rodada, por la que avanzo durante un centenar de metros, hasta que tomo a mano izquierda, el sendero de la Cresta de la Sierra, adentrándome de nuevo en el pinar, por un terreno de falso llano.

Chino a chano, voy ganando desnivel, atrás, voy dejando el pinar, que tan buena sombra me ha ofrecido, una vez fuera, ya puedo ver la cima del Cerro del Espino, que pese a su cercanía, aún queda lejos, ya que este último tramo es bastante tendido, así que antes de afrontar los últimos repechos, troto durante unos minutos por la llanura, hasta que comienzo a ascender, ahora ya caminando, contemplando las vistas que a uno y a otro lado me ofrece esta sierra, mientras alcanzo la primera loma, que, aunque a lo lejos parece la cima, tan solo es una primera elevación, desde la que observo como un grupo de bikers, ascienden desmontados la última rampa.

Con la cruz de forja que marca la cima del Cerro del Espino, ya a la vista, desciendo a la marcheta, aumento el ritmo para afrontar la última rampa, donde la pendiente se acentúa, paso a los bikers y casi a la par, coronamos la cima del Cerro del Espino, que, con sus 1188 m., es una de las principales cimas de la Sierra de Algairén.

Aprovechando que tengo compañía en la cima, me hago una fotografía junto a la cruz de forja, con el Pico Moncayo como telón de fondo, mientras disfruto de las vistas hacia el Sur del Pico Valdemadera y al Norte del Valle del río Grio, que tengo pendiente de visitar.

Desde la cima, tan solo me queda descender hasta el Cuello San Garbá, así que me despido e inicio el descenso por buen sendero, entre pequeños mantos de carrascas, por el que alcanzo el collado del Espino (cota 1150 m.), donde el sendero se bifurca en dos: hacia la izquierda se puede recorrer toda la Cresta de la Sierra, hasta el Collado de la Hermana, pero hoy, continúo por el sendero principal, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-Z15.1, con vistas a las llanuras del Campo de Cariñena, por el que me interno de nuevo en el pinar.

Poco a poco, la pendiente se acentúa, el sendero comienza a tener mal piso, ya que se encuentra descompuesto, con mucha tierra, por lo que me toca extremar las precauciones, aunque aun así, no puedo evitar dar algún que otro patinazo y a medida que voy perdiendo desnivel, el pinar va quedando atrás, el sendero, se transforma en camino y unos metros más adelante, en un claro cortafuegos, por el que desciendo hasta el Cuello San Garbá, donde tras un par de horas, cierro está bonita circular, por el desconocido valle del Mesomero.

Desde el Collado del Tío Francisco, continúo a la carrera hacia el Cerro del Espino (PR-Z15.1)
Hasta alcanzar el Collado del Cuervo, donde el sendero converge en una pista rodada
Por la que desciendo durante cien metros, hasta alcanzar un cruce
Donde cojo a mano izquierda, el sendero de la Cresta de la Sierra
Una vez fuera del pinar, ya puedo ver la cima del Cerro del Espino, a la que me acerco a la carrera
Hasta alcanzar la última loma, donde la pendiente aumenta
Coronando a la par, con un grupo de bikers, la cima del Cerro del Espino, desde la que me fotografío con el Moncayo de fondo
Mientras disfruto de las vistas hacia el Sur del Pico Valdemadera
Y al Norte del Valle del Río Grio
Tras el descanso, inicio el descenso con la vista puesta en la Cresta de la Sierra
Hasta llegar al collado del Espino, donde el sendero se bifurca en dos, tomando el ramal por el que discurre el PR-Z15.
Desde el que observo las llanuras del Campo de Cariñena y me adentro
En el pinar durante unos minutos, en el que a medida que desciendo
La pendiente va aumentando, saliendo del bosque y enlazando con el cortafuegos, por el que llego al Cuello San Garbá

miércoles, 5 de abril de 2017

Las Hoces del río Piedra, desde Aldehuela de Liestos


El río Piedra, llamado en su tramo alto, hasta Embid, río de San Nicolás del Congosto, tiene una longitud de 76 kilómetros, nace en Rueda de la Sierra (Guadalajara), es afluente del río Jalón por la margen derecha y pertenece a la cuenca del Ebro.

Su nombre, proviene por la alta concentración de carbonato cálcico de sus aguas, qué, al salir del manantial, se deposita sobre el suelo, las plantas, musgos, etc., produciendo un fenómeno cárstico de meteorización, por lo cual, tiene un caudal muy irregular, al tratarse de un río de régimen pluvial mediterráneo.

En su tramo alto, 
entre las poblaciones de Aldehuela de Liestos y Torralba de los Frailes, el río forma una sucesión de meandros, conocidos como Hoces, que hoy, en compañía de Carlos (Zancadas Ligeras), vamos a recorrer, uniendo dos pequeños recorridos circulares.



Salimos desde Cuarte de Huerva hacia Aldehuela de Liestos, unos metros antes de llegar a dicha población, tomamos una pista de tierra, que nace a nuestra izquierda, en el que se ubica un panel informativo sobre las hoces del río Piedra, por la que continuamos durante un par de kilómetros, hasta que muere en la unión del barranco de la Fuente del Sapo con el río Piedra, donde aparcamos la furgoneta debajo de un álamo.

Sobre las 9:30, nos ponemos en marcha, tomando de referencia las marcas blancas y rojas del GR.24 "Ruta de las Hoces", por cómodo sendero, entre campos de labor, donde ya podemos ver la Puerta de la Hoz, que da acceso al desfiladero, que el río Piedra ha surcado a lo largo de los siglos y a la que llegamos entre carrascas, en poco más de cinco minutos, donde, comprobamos que el otoño ha comenzado a dar paso al invierno, ya que la mayoría de los árboles de hoja caduca, que componen el bosque que cubre parcialmente el ancho del desfiladero, han perdido casi en su totalidad la hoja, con lo que nos quedamos con las ganas de disfrutar de las últimas pinceladas del otoño.

Por el fondo del barranco, caminamos pausadamente disfrutando del entorno, siempre pegados al cauce seco del río Piedra, que recibe su nombre por la capacidad que tienen sus aguas de petrificar o convertir en piedra toda la materia orgánica que baña, debido al alto contenido de carbonato que llevan sus aguas, describiendo diversos meandros, que vamos remontando hasta localizar el Pozo del Muchacho, que se encuentran seco, debido a las escasas precipitaciones y a las filtraciones del río.

Unos metros más adelante, cuando alcanzamos el primer kilómetro, llegamos al Pozo del Sombrerillo, nombre que recibe por el bolo que corona una de las agujas sobre la que se sitúa y lugar, donde damos comienzo a la primera circular, que realizaremos en el sentido de las agujas del reloj, es decir, por el fondo del barranco, así que, sin apenas detenernos, continuamos por el sendero principal, caminando paralelos al cauce del río Piedra, alternando preciosos tramos de bosque, donde las carrascas comparten espacio con álamos negros, sabinas, quejigos, guillomos y algún que otro ejemplar de Arce de Montpellier, fácilmente reconocible por la forma de trébol que tienen sus hojas, convirtiéndose este tramo de bosque, en un jardín botánico.

Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, llegamos hasta una pequeña oquedad, acondicionada con una mesa de picnic, conocida como la Cueva del Asno, lugar perfecto para hacer una parada si se va con niños, aunque en nuestro caso, tan solo nos detenemos un instante para echar un ojo, mientras poco a poco, la mañana va entrando, la humedad se disipa y los rayos de sol van penetrando entre los árboles, por lo que aprovechamos para trotar entre carrascas, quejigos y arces de Monpellier, que todavía mantienen parte de sus hojas, dando la nota de color al recorrido.

A medida que avanzamos, el desfiladero se va encajonando, afrontamos el tramo más angosto, donde las paredes de la hoz se juntan y la vegetación se espesa, resultando el que es sin duda, el tramo más bonito de todo el recorrido.

Cuando llevamos una milla, pasamos junto a la base de las Peñas Caídas, que se encuentran acondicionada con una mesa de picnic y unos metros más adelante, llegamos hasta los restos de una antigua carbonera, donde hasta mediados del S.XX se utilizada para obtener carbón vegetal, a partir de la leña de la carrasca o el quejigo, porque no debemos olvidar, que este u otros senderos que hoy recorremos para disfrutar de la naturaleza, son antiguos caminos de herradura, 
que, se utilizaban a diario para unir poblaciones o de acceder a los campos de trabajo.

Iniciamos el recorrido, siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24 "Ruta de las Hoces"
Por un cómodo sendero, entre campos de labor
Hasta alcanzar la Puerta de la Hoz
Que da paso al desfiladero, que el río Piedra a formado a lo largos de los siglos
Pasando por el Pozo del Sombrerillo, que está seco
Donde iniciamos la primera circular de la jornada
 Por el cauce del barranco, entre carrascas, quejigos, álamos negros
Y Arce de Montpellier, con sus características hojas en forma de trébol, que ponen la nota de color al recorrido
Siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.24, llegamos a la cueva del Asno, una oquedad
Con una mesa de picnic, perfecta para hacer un descanso, aunque, como acabamos de empezar
Aprovechamos para trotar a la sombra del bosque, disfrutando de los últimos coletazos del otoño
Donde a medida que vamos avanzamos, el desfiladero se va estrechando, bordeando las Peñas Caídas
Y unos metros más adelante, los restos de una antigua carbonera

Después, regresamos al sendero, por el que caminamos durante poco más de cincuenta metros, hasta que alcanzamos el abrigo rocosa de la Cueva de las Peñas Caídas, algo más grande que el anterior, acondicionado también con una mesa de picnic, para acto seguido, continuar por el sendero, alcanzando una corta pero dura rampa, con el piso bastante resbaladizo, debido a la cantidad de hojas que hay en el suelo, y la humedad, que se encuentra equipada, con un tramo de sirga, con la que nos ayudamos para superar esta pequeña dificultad.

Una vez en la zona alta, la vegetación desaparece por unos instante, la hoz se abre y las vistas se extienden hasta un meandro que forma el río Piedra, en el que el sol penetra ya a estas horas e ilumina las altivas paredes calizas del cañón, dándoles una tonalidad rojiza, muy característica de este tipo de roca, mientras poco a poco, descendemos hasta el cauce del río, el sendero se torna de un bonito color verde, por el que caminamos pausadamente, disfrutando del entorno, entre carrascas y algún que otro álamo, por el que comenzamos a divisar entre los árboles, las verticales paredes de la Peña del Buitre, en el que anidan una numerosa colonia de buitres leonados.

Sobre la cota 960 m, llegamos al Paso del Angostillo, punto en el que convergen los dos ramales del GR.24 y finaliza, la primera circular del día, que, haremos a la vuelta, para disfrutar de las hoces a vista de pájaro, así que continuamos por el fondo del barranco, hasta llegar a la confluencia del barranco del Montecillo en el río Piedra, justo a los pies de la Peña del Buitre, en la que nos detenemos para observar a un grupo de buitres, que están posados en la roca, a la espera de coger una buena térmica para alzar el vuelo.

Como parece que de momento no están por la labor de echar a volar, continuamos caminando por las hoces del río Piedra, obviando el ramal que va hacia el barranco del Montecillo, para seguir por el fondo del barranco, tomando como referencia las marcas rojas y blancas del GR.24, aunque el sendero no tiene pérdida, en el que a medida que avanzamos, el paisaje se va transformando; la hoz poco a poco se va abriendo, las paredes pierden altura y la vegetación decrece, reduciéndose tan solo a pequeños grupos de carrascas y esporádicos chopos, que a duras penas conservan algunas de sus hojas.

Piso herboso, cómodo sendero y terreno llano, aprovechamos para trotar un poco, mientras deambulamos por uno de los meandros que forma el río Piedra y por el que nada más salir de él, alcanzamos el Torrejón del Molino, una extensa pradera, en la que se ubica un refugio libre, situado al lado de la escuela de escalada de Torralba de los Frailes, que cuenta con cien vías, que van desde el 5b, hasta el 8a.

Junto al refugio, coincidimos con un grupo de senderistas, que han iniciado el recorrido desde Torralba de los Frailes, charramos un rato con ellos y aprovechamos para hacer una parada para comer, mientras observamos los restos del antiguo molino harinero de Torralba de los Frailes, realizado en mampostería, del que tan solo se conserva de la parte hidráulica, la rampa de caída del agua y los dos cárcavos. 

Después, continuamos rodeando el peñasco, pasando por la cueva de las Peñas Caídas
Y remontamos por sendero, una pronunciada cuesta cubierta de hojas, que, resbala bastante pero está acondicionado con sirga
Por la que salimos a otra sección del cañón, que recorremos disfrutando de las vistas
Hasta llegar al paso del Angostillo, donde se juntan los dos ramales del GR.24 y un poco más adelante, la Peña del Buitre 
En la que se posan los buitres, a la espera de una buena térmica
Pero, como no se animan a volar, seguimos caminando por el fondo del barranco
Tomando de referencia las marcas blancas y rojas del GR.24, observando como el paisaje se va transformando
En el que a medida que avanzamos, el sol va penetrando, iluminando las paredes
 Hasta llegar al Torrejón del Molino, donde se ubican los restos de un molino, un refugio y la escuela de escalada de Torralba de los Frailes

La mañana avanza, el sol nos reconforta, apetece estar un rato más aquí, disfrutando del paisaje, pero es hora de seguir, así que desde el Torrejón del Molino, retomamos la marcha e iniciamos en este lugar la segunda circular de la jornada, cogiendo el sendero que va por el fondo del barranco, por el que rápidamente llegamos al azud del Pozo de las Escaleras, antigua presa de forma semicircular, construida con grandes sillares, que suministraba el agua a la balsa del molino y que vemos, que ha sido restaurada.

Pegados a la acequia, rodeamos por la derecha el Pozo de las Escaleras, hasta alcanzar la parte superior de la presa, por la que cruzamos el cauce seco del río Piedra, donde enlazamos con un bonito sendero, con el piso tapizado por las hojas, por el que caminamos entre un bosque de ribera, formado principalmente por chopos, álamos, robles y fresnos, por el que avanzamos siguiendo las marcas blancas y verdes del sendero local, que en este tramo comparte itinerario con el GR.24, caminamos por la margen derecha del río Piedra, en el que, a medida que ascendemos la vegetación va cambiando; carrascas y encinas comienzan a ganar protagonismo, dejando atrás el bosque de ribera.

Cuando apenas hemos superado el kilómetro siete, alcanzamos un cruce de senderos, donde el GR.24 se divide en dos
En este punto, abandonamos por unos minutos la compañía del río Piedra, cruzamos el cauce y continuamos dirección SO hacia el mirador de las Hoces de Torralba o Reconquillo, por un sendero, por el que comenzamos a ganar desnivel de forma gradual, paralelos al barranco de la Cueva, entre un espeso bosque de robles, encinas y carrascas, hasta que, sobre la cota 1.045 metros, el barranco de la Cueva se bifurca en dos, yendo ambos ramales en claro ascenso.

Mirando el terreno, observamos que a la derecha, nace una senda marcada con un hito, que, decidimos seguirla y enseguida, vemos que ha sido un acierto, ya que recorre una bonita cornisa, desde la que obtenemos unas espectaculares vistas del tramo de la Hoz de Torralba, observando un poco más arriba, los restos de una edificación, que, posiblemente en otros tiempos, sirviese para guardar el ganado, para acto seguido, continuar recorriendo la cornisa, a pesar, de que el sendero se adentra en la montaña.

Cuando alcanzamos el noveno kilómetro, echamos un vistazo al GPS y comprobamos que, estamos a la altura del mirador del Reconquillo, por lo cual, abandonamos la cornisa y comenzamos a ganar desnivel monte a través, buscando las zonas más limpias, hasta llegar al mirador del Reconquillo, donde, aprovechamos que se ha quedado una mañana agradable, para parar a comer, mientras disfrutamos de una amplia panorámica de la hoz de Torralba y de las sierras colindantes, en el que podemos observar, como en este tramo de la hoz, el río piedra ha formado un meandro perfecto.

Ahora, vamos en busca del sendero principal, que, localizamos marcado con un hito, donde continuamos hacia el noroeste, entre carrascas, aliagas, gamones y algún que otro ejemplar de rebollo, cruzando el cauce seco del barranco del Reconquillo, punto, en el que enlazamos con la Cañada Real que va hacia Torralba de los Frailes, donde aprovechamos la suave pendiente, para trotar un rato, mientras poco a poco, el camino va virando hacia el noroeste, hasta posicionarnos frente a los torreones del Morrón del Gaitero y el Zapato del Cura.

A cada paso, el sol calienta, nos apetece disfrutar de la sombra, así que aumentamos el ritmo y en poco más de dos minutos, llegamos a la base del Morrón del Gaitero, en el que hacemos una rápida fotografía e iniciamos el descenso a la pradera, por un sendero con bastante piedra suelta, por el que bajamos con precaución al Torrejón del Molino, donde atravesamos la pradera, hasta llegar a las ruinas del molino y a la sombra del refugio, paramos a reponer líquidos, cerrando está segunda circular, que nos ha dejado un buen sabor de boca.

Desde el Torrejón del Molino, retomamos la marcha e iniciamos la segunda circular, pasando por el azud del Pozo de las Escaleras
Donde continuamos paralelos al río Piedra, siguiendo las marcas blancas y verdes de un sendero local
Que comparte este tramo con el GR.24, por el que atravesamos un bonito bosque de carrascas y encinas
Sobre el kilómetro 7, llegamos a una bifurcación, donde el GR.24 se secciona en dos, por lo que dejamos la compañía del río Piedra
Para dirigirnos en suave ascenso, al mirador de las Hoces de Torralba o Reconquillo
Paralelos al barranco de la Cueva, entre un espectacular bosque de encinas, carrascas y robles, que ponen el punto de color
Hasta salir a cielo abierto, donde el barranco sigue subiendo, pero, nosotros tomamos una senda a mano derecha
Por la que avanzamos por el borde de los acantilados
Desde los que disfrutamos de las vistas de las hoces a vista de pájaro
Hasta que llegamos a la altura del mirador, donde remontamos los metros que nos separan
Y disfrutamos de una fantástica panorámica, tanto de las Hoces como del entorno que las envuelve
Como no sabemos si la cornisa tiene continuación, buscamos el sendero original, por el que seguimos hacia el Noroeste
Entre carrascas, aliagas, gamones y algún rebollo, enlazando con la Cañada Real que va a Torralba de los Frailes
Mientras vamos virando hacia el Noroeste, acercándonos a los dos torreones conocidos como el Morrón del Gaitero y el Zapato del Cura
Pasando por la base del Morrón del Gaitero, desde el que iniciamos el descenso hasta llegar al Torrejón del Molino, cerrando la circular

Después, regresamos sobre nuestra pasos, siguiendo las marcas blancas y rojas del GR.24,
disfrutando de este tramo de la hoz del río Piedra, cuyas paredes están iluminadas a estas horas por la luz del sol, ofreciendo algunos detalles que está mañana habían pasado desapercibidos, dejando 
atrás la Peña del Buitre.

Unos metros más adelante, alcanzamos el Paso del Angostillo, donde enlazamos con la senda del mirador, por la que avanzamos en suave ascenso durante poco más de un kilómetro, ganando entre carrascas el centenar de metros de desnivel positivo que nos quedaban, hasta llegar al desvío del mirador de las Hoces, donde, dejamos por unos minutos la senda principal y tomamos otra secundaria, por la que caminamos durante cincuenta metros, hasta llegar al mirador de las Hoces, privilegiado balcón, desde el que ahora si, contemplamos como los buitres alzan el vuelo.

Ensimismados de tan bello espectáculo, permanecemos largo rato en el mirador. Como lo bueno siempre acaba, regresamos a la senda principal, por la que seguimos caminando por terreno llano, rodeando por las alturas uno de los numerosos meandros que forma el río Piedra e iniciamos el descenso, por un sendero bien marcado pero con una fuerte pendiente, en el que aprovechamos la inercia para correr un poco, aunque no podemos evitar la tentación de detenernos por última vez, para disfrutar de las hoces del río Piedra, cuyo final se encuentra cercano, ya que desde este lugar, podemos ver la Puerta de la Hoz.

En un pispas, nos plantamos en el pozo del Sombrerillo, punto en el que cerramos la circular. Desde aquí, proseguimos dirección norte por el fondo de la hoz, atravesamos la Puerta de la Hoz, que en esta ocasión utilizamos de salida, para continuar siguiendo las marcas blancas y rojas del GR.24, entre campos de labor, echando una última mirada atrás y alcanzando la furgoneta, después de casi cinco horas de caminata, que, se han pasado "volando", debido a la preciosidad del paraje que hemos recorrido.

Antes de partir a Zaragoza, hacemos los pertinentes estiramientos, comemos sendos bocatas de lomo con sus respectivas cervezas, mientras rememoramos lo vivido en el recorrido de hoy y planificamos otros nuevos. Ya, de vuelta a Zaragoza, hacemos una parada en la reserva natural de la laguna de Gallocanta, que tiene el honor de ser la mayor laguna natural de la península ibérica y junto con la laguna de Fuentedepiedra, en Málaga, la mayor laguna salada de Europa, en la que cada invierno más de 40.000 grullas visitan sus aguas y permanecen en ella, hasta mediados de febrero.

Después, retrocedemos sobre nuestros pasos, siguiendo las marcas blancas y rojas del GR.24
Fijándonos en los detalles, que a la sombra, se nos habían pasado esta mañana
Dejando atrás la Peña del Buitre, hasta llegar al Paso del Angostillo, donde abandonamos el fondo del barranco
Para tomar a mano izquierda, la senda del mirador, por la que en suave ascenso, entre carrascas
Alcanzamos el desvío al mirador de las Hoces, donde dejamos por unos minutos la senda principal
Para bajar al mirador, desde el que obtenemos una amplia panorámica de la Hoz, que sobrevuelan los buitres
Unos minutos más tarde, regresamos a la senda principal, por la que bajamos hasta el Pozo del Sombrerillo
Cerrando la circular y caminando, atravesamos la Puerta de la Hoz 
Por la que salimos de la hoz y entre campos de labor, llegamos al coche, finalizando este bonito recorrido
De vuelta a Zaragoza, paramos en la laguna de Gallocanta, la mayor laguna natural de la Península Ibérica
En la que cada invierno, más de 40.000 grullas visitan sus aguas

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