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sábado, 6 de mayo de 2017

Circular al robledal blanco de Mesomero, desde el Cuello San Garbá


A escasos 50 kilómetros de la ciudad de Zaragoza, se encuentra la sierra de Algairén, un conjunto montañoso formando por pizarras y cuarcitas del cámbrico, situada en las comarcas de Campo de Cariñena y Valdejalón, constituyendo una pequeña unidad bien individualizada del Sistema Ibérico, siendo su punto culminante con 1276 metros, el pico Valdemadera.

Catalogada como LIC, dentro de la declaración de la Red Natura 2000, sus laderas se encuentran parcialmente revestidas de carrascales, mientras el resto han sido repobladas por diferentes especies de pinos (nigra, pinaster y halepensis), aunque también existen otras especies como romeros, jaras, enebros, alcornoques, 
robles e incluso una pequeña mancha de roble albar (quercus Petraea), que en latín significa, piedra, haciendo referencia a la dureza de su tronco.

Está especie, es muy escasa en Aragón y tan solo es posible encontrar algunas manchas, en el Moncayo, Pirineos, y en la vertiente oriental de la Sierra de Algairén, en el desconocido Valle del Mesomero, que hoy quiero recorrer, uniendo varios senderos balizados.



Como hoy es un paseo y en está época del año, algunos domingos se realizan batidas de caza por la zona, me lo tomo con tranquilidad. S
obre de las once de la mañana, salgo desde Cuarte de Huerva hacia Almonacid de la Sierra, en vez de dejar la furgoneta en dicha población, aprovecho que los caminos son buenos, para reducir las distancias, y quitarme unos cuantos kilómetros de camino sin interés, así que desde la misma plaza de España, tomo el camino de la Hermana, con buen firme y totalmente llano, a excepción del último kilómetro, donde comienzo a subir hasta alcanzar el Cuello San Garbá, conocido por los lugareños, como la Replaceta de Almonacid, en la que convergen varios itinerarios.

Desde el cruce de caminos, comienzo a trotar durante poco más de cincuenta metros, por medio de un cortafuegos, hasta que a mano derecha, tomo la Senda de la Lechera, por la que me interno en el pinar, por un camino de tierra que rápidamente se transforma en una senda, perfectamente trazada, que de vez en cuando, atraviesa pequeñas zonas despobladas de vegetación, pasando por el 
mirador de la Val de Garzón, desde el que puedo comprobar la gran masa arbórea que cubre todo esta cara de la Sierra de Algairén, y el bonito contraste que ofrece con las llanuras del campo de Cariñena.

Absorto en el paisaje, el sonido de un disparo me devuelve a la realidad, durante unos segundos me quedo en silencio, hasta que dos nuevos disparos me ponen en alerta. A pesar de la hora que es, compruebo que al otro lado de la sierra, están realizando una batida de jabalíes, así, como de momento voy por la cara opuesta, decido continuar regresando a la senda, y a la carrera, me adentro definitivamente en el pinar de la Hermana, siempre en ligero ascenso, tan solo unos metros por debajo de la base de la cresta de la Sierra, que hace poco más de un mes, en compañía de Ángel y Marián, recorrimos cuando realizamos la integral a la Sierra de Algairén.

Tras algo más de kilómetro y medio, comienzo a descender, la senda se deja correr muy bien y poco a poco, me voy acercando al pico El Cortado, cuyo perímetro exterior se encuentra cercado, mientras sigo escuchando algún disparo, aunque cada vez más dispersos, hasta alcanzar
 la confluencia con la senda que baja desde la cresta de la Sierra, donde me encuentro, con una pareja que viene asustada al escuchar los disparos, les tranquilizo, explicándoles que en este lado están a resguardo y después. prosigo por la senda, por la que tras algo más de veinte minutos, llego al Collado de la Hermana.

En el collado, la senda gira 90º para evitar el vallado cinegético, que me impide continuar por el antiguo camino de Almonacid, por el que se sube a la Peña de la Hermana, que tengo justo enfrente y más adelante, al pico El Cortado, que no ofrece mayor interés, que sumar una cima más a la lista. Antes de seguir, me detengo un instante para echar un trago de agua, mientras corroboro que los disparos han cesado, así que a la carrera, comienzo a perder desnivel de forma rápida, por la espectacular Senda las Tiernas, por la que me adentro en un denso encinar, cuyas ramas se encuentran colonizadas por los líquenes.

En un pequeño claro, me detengo para disfrutar de las vistas hacia el Este, con el Pico Moncayo o San Miguel, como máximo protagonista, cuya cima ya se encuentra nevada, y hacia el Norte, la cercana Sierra de Vicort, en la que destaca la silueta del pico del Rayo, aunque sin duda el paraje que más me llama la atención, es el desconocido valle del Mesomero, que se encuentra en lo hondo, cubierto casi en su totalidad por una espesa masa boscosa.

Después, me adentro de nuevo en el maravilloso encinar, donde poco a poco la pendiente se va suavizando, pasando junto a los restos de las antiguas carboneras de la Val de Medollo, que recuerdan que la extracción de carbón vegetal en está zona, era uno de los principales oficios, como así lo atestiguan, las más de ciento cincuenta carboneras, que hay repartidas a lo largo de la sierra.

Siguiendo las marcas blancas y amarillas del PR-Z14, continúo el descenso hacia el valle del Mesomero, por un terreno de sube y baja, con el piso perfecto que permite la carrera, acercándome poco a poco al fondo del valle, donde 
el bosque comienza a clarear, hasta alcanzar el valle de Tiernas, que en esta zona recibe varios nombres, como valle del Mesomero e incluso el valle del Amor, debido a que en los años noventa, una comuna hippie, intento establecerse en esta zona.

Desde el Cuello San Garbá, inicio la circular por medio de un cortafuegos, por el que rápidamente
Enlazo a mano derecha, con la senda de la Lechera
Por la que voy alternando tramos de pinar
Con algunos claros, en el que se ubica, el mirador de la Val de Garzón
Hasta que sobre la cota 950 m, me adentro definitivamente en el pinar de la Hermana
Por el que en suave descenso, me voy acercando al pico El Cortado
Y tras algo más de veinte minutos, llego al Collado de la Hermana
En el collado, la senda hace un giro de 90º, que evita un vallado cinegético
 Y ya, a la carrera, inicio un bonito descenso
Por el que me adentro, en un espectacular bosque de encinas
Que de vez en cuando clarea, disfrutando de las vistas hacia el Moncayo
Y la sierra de Vicort, aunque sin duda, destaca en lo hondo, el valle del Mesomero
Hacia el cual desciendo
Adentrándome definitivamente en el encinar
Por el que llego al Valle del Tiernas, también conocido como Valle del Mesomero o del Amor

Nada más llegar al valle, abandono la senda principal que se dirige a la Fuente de la Teja, para enlazar con el PR-Z15, donde continúo por la senda del Mesomero, que se difumina en un labrado, para hacer acto de presencia, tras cruzar el cauce seco del barranco de Valdevillar, que discurre paralelo al camino que da acceso 
 a La Casa de la Viuda de Don Pablo Gil.

Nada más dejarla atrás, la senda desemboca en el camino de Alpartir, por el que avanzo a la carrera, por el bonito bosque de Mesomero, donde las encinas conviven con varios grupos de serbales, fresnos y arces de Montpellier, que son regados por las cercanas aguas del río Tiernas.

Casi en el ecuador del recorrido, alcanzo el área recreativa de la Fuente la Jordana, que al ser una fuente natural, depende mucho de las lluvias, por lo que tras un otoño escaso en precipitaciones, apenas baja un hilillo de agua, aunque el entorno sobre el que se sitúa es maravilloso, así que aprovecho para comer y echar un trago, ya que, después, tengo que superar en apenas tres kilómetros, más de quinientos metros de desnivel positivo.

Con energías renovadas, regreso al camino principal, por el que sigo a la carrera durante medio kilómetro, por un terreno de falso llano, entre medio del encinar, hasta que alcanzo una bifurcación, marcada en su entrada con una estaca, situada junto a un cartel rojo de”propiedad privada”, que me impide seguir por el camino de Alpartir, así que abandono el camino, para coger la Senda del Mesomero, por la que en suave ascenso, me interno en el espectacular bosque del Mesomero, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-Z15, que no dejaré hasta el Collado del Tío Francisco.

A medida que voy ganando desnivel, la pendiente se acentúa, sobre la cota 1000 m. comienzan hacer acto de presencia las primeras manchas de roble albar (quercus petraea), una especie escasa en Aragón, que suele ubicarse entre los 900-1400 m. y que a pesar de estar a finales del otoño, todavía conservan parte de sus hojas, aunque muchas de ellas, ya se encuentran en el suelo, cubriendo la senda.

Como la extensión del robledal, no es muy grande, avanzo despacio disfrutando del entorno y de las últimas pinceladas del otoño, mientras poco a poco, los robles van dando paso a las encinas, cuyas ramas en este tramo también se encuentran colonizadas por los líquenes, lo que en biología es conocido como "la seca", que también se produce en otras especies como alcornoques, quejigos y rebollos.

Cerca del collado, la pendiente se endurece, el esfuerzo comienza a notarse, así que quito una capa de ropa, me quedo con la térmica y continúo el ascenso caminando, hasta salir del bosque, donde ya puedo ver el collado del Tío Francisco, al que llego en un par de minutos, que hace de límite natural entre el Campo de Cariñena y la Comunidad de Calatayud.

Nada más llegar al valle, abandono la senda principal y enlazo con el PR-Z15
Que va paralela al camino de acceso (privado) a la Casa de la Viuda de Don Pablo Gil
Hasta que desemboca en el Camino de Alpartir
Por el que avanzo a la carrera, por el bonito bosque de Mesomero
Donde las encinas
Conviven con varios grupos de serbales, fresnos y arces de Montpellier
Hasta alcanzar el área recreativa de la Fuente la Jordana, en la que me detengo unos minutos
Después, regreso al Camino de Alpartir
Por el que continúo durante medio kilómetro, hasta llegar a una bifurcación
Donde tomo la senda del Mesomero y me interno en el bosque 
Y sobre la cota 1000 m., comienzan a aparecer las primeras manchas de roble albar
Que a pesar de estar a finales del otoño, aun conservan parte de sus hojas
Aunque, como la mancha no es muy extensa, las encinas vuelven a colonizar el entorno
Y una vez fuera del bosque, ya puedo ver el Collado del Tío Francisco

Desde el collado, parten varios itinerarios. Como el PR-Z15 se dirige hacia el Raso de la Cruz, ahora voy a seguir por uno de sus ramales, el PR-Z15.1, que va al Cerro del Espino, segundo objetivo del día, así, que, como este tramo es más llevadero, a la carrera sigo hacia el Norte, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas, remontando una corta pero fuerte rampa, por la que alcanzo el altar, en el que todas las navidades, el Club Montaña Pirineos monta un pequeño belén.

Superado este pequeño repecho, inicio el descenso entre carrascas, rodeando la montaña, por cómodo sendero de tierra, por el que rápidamente alcanzo el collado del Cuervo, donde el sendero converge en una pista rodada, por la que avanzo durante un centenar de metros, hasta que tomo a mano izquierda, el sendero de la Cresta de la Sierra, adentrándome de nuevo en el pinar, por un terreno de falso llano.

Chino a chano, voy ganando desnivel, atrás, voy dejando el pinar, que tan buena sombra me ha ofrecido, una vez fuera, ya puedo ver la cima del Cerro del Espino, que pese a su cercanía, aún queda lejos, ya que este último tramo es bastante tendido, así que antes de afrontar los últimos repechos, troto durante unos minutos por la llanura, hasta que comienzo a ascender, ahora ya caminando, contemplando las vistas que a uno y a otro lado me ofrece esta sierra, mientras alcanzo la primera loma, que, aunque a lo lejos parece la cima, tan solo es una primera elevación, desde la que observo como un grupo de bikers, ascienden desmontados la última rampa.

Con la cruz de forja que marca la cima del Cerro del Espino, ya a la vista, desciendo a la marcheta, aumento el ritmo para afrontar la última rampa, donde la pendiente se acentúa, paso a los bikers y casi a la par, coronamos la cima del Cerro del Espino, que, con sus 1188 m., es una de las principales cimas de la Sierra de Algairén.

Aprovechando que tengo compañía en la cima, me hago una fotografía junto a la cruz de forja, con el Pico Moncayo como telón de fondo, mientras disfruto de las vistas hacia el Sur del Pico Valdemadera y al Norte del Valle del río Grio, que tengo pendiente de visitar.

Desde la cima, tan solo me queda descender hasta el Cuello San Garbá, así que me despido e inicio el descenso por buen sendero, entre pequeños mantos de carrascas, por el que alcanzo el collado del Espino (cota 1150 m.), donde el sendero se bifurca en dos: hacia la izquierda se puede recorrer toda la Cresta de la Sierra, hasta el Collado de la Hermana, pero hoy, continúo por el sendero principal, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas del PR-Z15.1, con vistas a las llanuras del Campo de Cariñena, por el que me interno de nuevo en el pinar.

Poco a poco, la pendiente se acentúa, el sendero comienza a tener mal piso, ya que se encuentra descompuesto, con mucha tierra, por lo que me toca extremar las precauciones, aunque aun así, no puedo evitar dar algún que otro patinazo y a medida que voy perdiendo desnivel, el pinar va quedando atrás, el sendero, se transforma en camino y unos metros más adelante, en un claro cortafuegos, por el que desciendo hasta el Cuello San Garbá, donde tras un par de horas, cierro está bonita circular, por el desconocido valle del Mesomero.

Desde el Collado del Tío Francisco, continúo a la carrera hacia el Cerro del Espino (PR-Z15.1)
Hasta alcanzar el Collado del Cuervo, donde el sendero converge en una pista rodada
Por la que desciendo durante cien metros, hasta alcanzar un cruce
Donde cojo a mano izquierda, el sendero de la Cresta de la Sierra
Una vez fuera del pinar, ya puedo ver la cima del Cerro del Espino, a la que me acerco a la carrera
Hasta alcanzar la última loma, donde la pendiente aumenta
Coronando a la par, con un grupo de bikers, la cima del Cerro del Espino, desde la que me fotografío con el Moncayo de fondo
Mientras disfruto de las vistas hacia el Sur del Pico Valdemadera
Y al Norte del Valle del Río Grio
Tras el descanso, inicio el descenso con la vista puesta en la Cresta de la Sierra
Hasta llegar al collado del Espino, donde el sendero se bifurca en dos, tomando el ramal por el que discurre el PR-Z15.
Desde el que observo las llanuras del Campo de Cariñena y me adentro
En el pinar durante unos minutos, en el que a medida que desciendo
La pendiente va aumentando, saliendo del bosque y enlazando con el cortafuegos, por el que llego al Cuello San Garbá

martes, 31 de enero de 2017

Integral a la Sierra de Algairén (Pico Valdemadera, Alto de la Nevera, Cerro del Espino y Peña Sangarba)


Ubicada en el sector central de la Cordillera Ibérica, se encuentra la Sierra de Algairen, entre las poblaciones de Encinacorba y Alpartir, a poco más de media hora en coche de Zaragoza.

A pesar de su cercanía, es una sierra poco transitada, y es fácil caminar por ella en soledad, con 1.273 m, el Pico Valdemadera, es su cima más elevada, a la cual subí con mi mujer hace un par de inviernos.

En esta ocasión, tengo en mente un itinerario más ambicioso, como es la integral a la Sierra de Algairen, ascendiendo a las principales cimas de esta sierra, como el Pico Valdemadera, el Alto de las Neveras, el Cerro del Espino, la Peña Sangarba, y recorriendo la cresta de la Sierra. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



En esta ocasión, me acompañan Ángel y Marian, que desde la subida en el mes de agosto al Taillón, no nos veíamos, así que hoy será un día de reencuentros.

Quedo con ellos en Cuarte de Huerva, desde la que cogemos la A-23 hasta la población de Cariñena, donde tomamos la A-220 dirección la Almunia de Doña Godina, hasta el desvío hacia Cosuenda.

Una vez en Cosuenda, cruzamos la población por la calle principal, hasta enlazar con una pista asfaltada, que un kilómetro más adelante se convierte, en un camino de tierra, en perfecto estado, por el que alcanzamos el área recreativa del Raso de la Cruz, donde dejamos aparcado el coche.

Antes de iniciar el recorrido, nos acercamos un instante, para echarle un ojo, a un panel informativo de la zona, en la que se describen varios itinerarios, que parten desde el área recreativa.

Nosotros por el momento, tomaremos de referencia el PR-Z43, que se dirige al collado de Valdecerezo, así que sin más dilación, iniciamos el recorrido, tomamos el camino de la izquierda, dirección SE, por el que atravesamos el área recreativa del Raso de la Cruz, que a estas horas se encuentra sumida en un silencio absoluto, tan solo roto por el trinar de los pájaros. 

Nada más dejarla atrás, continuamos andando por amplio camino de tierra, en suave ascenso, entre encinas, y carrascas, paralelos al barranco de Valdecerezo.

Cuando apenas hemos superado el primer kilómetro, llegamos a una bifurcación, perfectamente señalizada, donde abandonamos el camino principal, y cogemos el sendero, que nace a nuestra derecha, por el que nos internamos en un espeso bosque de carrascas, en el que comenzamos a ver los primeros robles, que se mezclan con las jaras, y los acebos.

Después de media hora, alcanzamos el Sitio del Emparrado (Sitio l'Emparráu), en el que se encuentran los restos de una fuente, que manaba el agua directamente del barranco, y un banco de hormigón, que puede servir perfectamente, para hacer una larga parada, para comer y reponer fuerzas, pero no es nuestro caso, ya que nosotros apenas hemos comenzado la jornada.

De vuelta al sendero principal, afrontamos uno de los tramos más bellos, pero a su vez más duros de todo el recorrido. Tomando de referencia las marcas blancas y amarillas, comenzamos a ganar desnivel, por medio de un precioso robledal, en el que conviven con encinas y fresnos, por el que poco a poco, vamos ganándole metros al sendero, que gracias a las diversas zetas que describe, nos permite avanzar con "algo más de comodidad", aunque las prendas de abrigo, empiezan en sobrarnos.

Iniciamos el recorrido, en el área recreativa del Raso de la Cruz, desde la que parten varios itinerarios



Alcanzamos una bifurcación, abandonamos el camino principal, y tomamos el sendero de la derecha

Llegamos al Sitio del Emparrado





Comenzamos el tramo más bello, pero más duro, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas


A medida que vamos ganando desnivel, la pendiente se suaviza, cuando alcanzamos la cota 900 m, el PR-Z43, se bifurca en dos, teniendo la posibilidad de continuar rectos hacia la Nevera y el Mirador de la Falaguera, o tomar el sendero de la izquierda, hacia el Collado de Valdecerezo.

Si bien ambas opciones acaban muriendo en la pista de acceso que une Valdemadera con el pico de las Neveras, con apenas medio kilómetro de distancia entre una y otra. Como en la anterior vez que subí a Valdemadera, lo hice por la Nevera, en está ocasión, me decanto por subir hacia el Collado de Valdecerezo, así que tomamos el ramal de la izquierda, y continuamos dirección SE, entre medio de un bonito bosque de carrascas, alternando tramo de suave ascenso, con otros prácticamente llanos.

Chino a chano el bosque va clareando, salimos a cielo abierto, y en poco más de cinco minutos, alcanzamos el collado de Valdecerezo, donde enlazamos con el GR.90.3, que sube desde Aguarón. y que cogemos en sentido ascendente, tomando de referencia las clásicas marcas rojas y blancas, además del tendido de alta tensión, que se alza encima nuestro.

Por unos instantes, atravesamos un bonito carrascal colonizado por los líquenes, una vez fuera de él, seguimos por sendero, dirección O, ya con vistas al Pico Valdemadera, que localizamos a nuestra izquierda, fácilmente reconocible, por las antenas que pueblan, y afean su cima.

Aunque en línea recta, la distancia es bastante corta, el sendero nos aleja de ella, así que proseguimos la marcha, y afrontamos una dura, pero corta rampa, que nos hace sudar de lo lindo.  

Tras superarla, llegamos a la pista de acceso al Pico Valdemadera, donde giramos a la izquierda, y continuamos por ella, al principio en fuerte pendiente por pista de tierra, y unos metros más adelante, por una pista hormigonada, por la que vamos rodeando la cima, hasta que está gira a la izquierda, y en poco más de dos minutos, alcanzamos el vértice geodésico del Pico Valdemadera, desde el que obtenemos una amplia panorámica del campo de Cariñena, la Sierra de Vicor, y del Moncayo.

Sobre la cota 900, el PR-Z43, se bifurca en dos, rectos hacia la Nevera, izquierda al collado de Valdecerezo


Salimos a cielo abierto, y alcanzamos el collado de Valdecerezo, donde enlazamos con el GR.90.3


Atravesamos un bonito tramo en el que las carrascas, han sido colonizadas por los líquenes




Al final del sendero, enlazamos con la pista de acceso al Pico Valdemadera

Desde la cima, vemos la Sierra de Vicort, y la cima del Moncayo, tapado por las nubes






Permanecemos unos minutos en la cima, disfrutando de las vistas, mientras bebemos y comemos. Después, retrocedemos sobre nuestros pasos, ya con nuestra mirada puesta en nuestro siguiente objetivo, el Alto de la Nevera, que se encuentra a poco más de dos kilómetros de donde nos hayamos, y que identificamos, por el edificio de ICONA que hay en su cima.

En fuerte descenso, alcanzamos la bifurcación por la que hemos ascendido hace unos minutos, desde el collado de Valdecerezo. En está ocasión, continuamos rectos dirección NO, por amplia pista de tierra, hasta enlazar con el ramal del PR-Z43, que viene desde la Nevera, y que hemos obviado esta mañana.

Tomando de referencia las marcas blancas y amarillas, seguimos durante medio kilómetro hasta el collado de la Falaguera, donde abandonamos el PR-Z43, que se dirige en descenso hacia el Raso de la cruz, en una bonita circular, apta para todas las personas.

Nosotros continuamos por el camino principal, dirección NO, por terreno totalmente llano, hasta alcanzar el camino cementado, que da acceso al Alto de la Nevera, donde abandonamos la pista, y por una corta, pero dura rampa, alcanzamos la modesta cima del Alto de la Nevera, también conocido como el mirador de la Falaguera, desde el que tenemos unas vistas de 360º de las sierras y valles colindantes.

Desde la cima del Pico Valdemadera, regresamos sobre nuestros pasos, ya con vistas al Alto de la Nevera

Rápidamente, enlazamos con el ramal del PR-Z43, que viene desde la Nevera

Alcanzamos el collado de la Falaguera, desde el que podemos ver el edificio de ICONA

Alto de la Nevera o Mirador de la Falaguera

Vistas desde la cima del Alto de la Nevera, del Valle del río Grio



Aprovechamos que hace buena temperatura, para hacer una nueva pausa, mientras ojeamos el entorno, en busca del sendero, que nos permita unir el Alto de la Nevera, con el Cerro del Espino.

En la cara norte, vemos que nace una trocha marcada en su inicio con un hito, así que nos ponemos en marcha, e iniciamos el descenso, entre un manto de gayubas y jaras, con vistas al valle del río Grio, y de nuestro siguiente objetivo, el Cerro del Espino.

A medida que bajamos, la trocha se convierte en un claro sendero, por el que llegamos al collado del Hoyo de la Silla, donde empezamos a seguir las marcas blancas y amarillas del PR-Z15, que viene desde el collado del Tío Francisco, al que llegamos tras medio kilómetro, por terreno llano.

En el collado del Tío Francisco, convergen varios senderos, nosotros vamos a seguir el PRZ-15.1, que desde el valle de Tiermas, sube por el robledal blanco hasta este punto, y continúa hasta la cima del Cerro del Espino.

Sin más dilación, proseguimos por el sendero principal, dirección N, tomando de referencia el PRZ-15.1, remontando unos metros, hasta alcanzar un punto elevado, sobre el que se sitúa un pequeño altar de piedra, a la sombra de las carrascas, en el que todos los años, el Club Montaña Pirineos, monta el belén montañero.

Como todo lo que sube baja, ahora descendemos suavemente, entre una espeso bosque de carrascas, que gracias a su poco porte, nos permiten disfrutar de unas fantásticas vistas del campo de Cariñena, y de la zona baja de la sierra, en el que el pino, es el rey.

Junto a la caseta, vemos que nace una trocha, marcada con un hito en su inicio


Unos metros más abajo, la trocha, se convierte en un claro sendero, por el que discurre el PR-Z15




Alcanzamos el collado del Tío Francisco, en el que convergen varios senderos


Altar de piedra, en el que se monta el belén montañero


Vistas desde el sendero, del campo de Cariñena





Siguiendo las marcas blancas y amarillas, alcanzamos el collado del Cuervo, en el que el sendero converge en una pista de tierra, por la que descendemos durante doscientos metros, hasta que llegamos a una bifurcación, perfectamente señalizada, donde dejamos la pista, y tomamos un sendero a mano izquierda, por el que continuamos por el PR-Z15.1 hacia el Cerro del Espino.

Nada más tomarlo, nos adentramos en un bonito pinar, por el que en suave ascenso, vamos ganando desnivel. Poco a poco la vegetación va desapareciendo, dejamos atrás definitivamente el pinar, que tan buena sombra nos ha ofrecido durante unos minutos.

Una vez a cielo abierto, ya podemos ver la cima del Cerro del Espino, coronada por una cruz de forja. Aunque la distancia que nos separa de ella, no es excesiva, este tramo se hace bastante largo, ya que la pendiente a superar es bastante fuerte, por lo que avanzamos despacio, cada uno a su ritmo, hasta que finalmente, tras tres horas de caminata, llegamos a la cima del Cerro del Espino, que con sus 1.188 m, es una de las principales cimas de la Sierra de Algairen.

A pesar de que hoy esta nublado, disfrutamos de unas fantásticas vistas desde su cima, hacia el Oeste de la Sierra de Vicort, reconocible por las antenas que pueblan el Pico del Rayo, que es el pico más emblemático de la sierra, y en la hondonada, el valle del Mesomero, en el que se ubica un precioso robledal albar, una especie poco frecuente en Aragón.

Como hace buen día, aprovechamos para hacer una larga parada para comer, mientras echamos la vista atrás, y vemos lo lejos que ya queda, el pico Valdemadera, al que ascendimos hace un par de horas.

Siguiendo las marcas blancas y amarillas, llegamos al collado del Cuervo




Continuamos por la pista, durante doscientos metros, hasta tomar el sendero que nace a nuestra izquierda




Dejamos atrás el pinar, salimos a cielo abierto, y ya podemos ver a lo lejos, la cima del Cerro del Espino


Cima del Cerro del Espino, con una cruz de forja, que hace de vértice geodésico

Vistas desde la cima del Cerro del Espino, de la Sierra de Vicort

Vistas desde la cima del Cerro del Espino, del Pico Valdemadera


Con energías renovadas, nos ponemos de nuevo en marcha, que aún nos queda toda la cresta de la Sierra por recorrer, en el que sin duda va a ser, el tramo más entretenido de todo el recorrido, y que nos va a llevar un buen rato superarlo.

Entre gayubas y carrascas, comenzamos a descender, siguiendo de momento el PR-Z15, hasta el collado del Cerro del Espino, donde abandonamos el sendero principal, por el que discurre el PR, y tomamos a mano izquierda una trocha, marcada en el inicio por un hito.

En fuerte pendiente, avanzamos poco a poco, la trocha por momentos se difumina, y la espesa vegetación, nos obliga a ir atentos, a los diversos hitos, que hay colocados a lo largo de está.

Con algún que otro problema, finalmente, salimos a cielo abierto, remontamos una corta, pero pronunciada pedrera, por la que nada más superarla, llegamos a la modesta cima de la Peña Sangarba, donde nos nos detenemos, y en la que se inicia, el largo tramo de la cresta de la Sierra.

Tras el habituallamiento, inciamos el descenso, ya con vistas a la cresta de la Sierra

Descendemos hasta el collado del Cerro del Espino, donde tomamos una trocha, que nace a nuestra izquierda


Salimos de la espesa vegetación, y remontamos una corta, pero dura pedrera

Tras superarla, llegamos a la cima de la Peña Sangarba, inicio del largo tramo de cresta



Aunque en la lejanía parece bastante vertical, y poco accesible, una vez en su inicio, la cosa cambia, ya que observamos que es bastante ancha, y más o menos, hay un paso definido por ella.

Sin pensar lo mucho, nos metemos en harina, comenzamos a avanzar por filo de la cresta, de punta en punta, tomando de referencia los hitos, que hay colocados en los puntos más estratégicos.

Superadas las primeras dificultades, destrepamos por una chimena, ayudándonos de las manos, utilizando en algún punto concreto, la técnica de la oposición.

Una vez en la zona baja, caminamos durante cien metros, entre carrascas, y matorral bajo, para casi sin descanso, volver a trepar hasta una nueva punta.

De nuevo en el filo de la cresta, avanzamos por el cordal, cubierto de carrascas y afiladas rocas, que rodeamos, a izquierda y derecha, siempre buscando el mejor paso, y el menos arriesgado, aunque la sensación de vacío, es prácticamente inapreciable.

Siguiendo los hitos, poco a poco vamos perdiendo desnivel, dejamos abajo la cresta, y alcanzamos una repisa, por la que caminamos unos metros, hasta alcanzar la base de una pedrera, por la que remontamos, utilizando las manos, hasta llegar de nuevo al filo de la cresta.

Antes de seguir progresando, aprovechamos para hacer una mínima parada, para disfrutar de las vistas, y echar una mirada atrás, para comprobar todo el tramo de cresta que hemos recorrido, y lo lejos que ya queda, el Pico Valdemadera.

Iniciamos la cresta, buscando siempre los mejores pasos

Destrepamos una chimenea, ayudándonos de las manos

Para casi sin descanso, volver a trepar 

De nuevo en filo de la cresta, vamos rodeando las rocas, tanto a izquierdas como a derechas

Poco a poco, vamos perdiendo desnivel, hasta que alcanzamos la base de una pedrera

Por la que alcanzamos la cresta, en la que echamos una mirada atrás
Con la vista puesta al frente, oteamos el horizonte, en busca de referencias. No muy lejos de donde nos hayamos, vemos el Pico El Cortado, fácilmente identificable, por el vallado que rodea toda su base, a la altura del collado de la Hermana, que se sitúa a unos trescientos metros de donde nos encontramos.

Antes de continuar, comprobamos que el tramo de cresta que nos queda, a priori, es más sencillo, así que seguimos caminando unos metros más por el filo de la cresta, hasta que iniciamos el descenso por medio de una pedrera, por la que alcanzamos una amplia terraza, por la que continuamos avanzando cómodamente, disfrutando de las vistas.

Aunque las reseñas que vimos por internet, eran bastante escasas, nos sorprende lo bien marcada que esta toda la cresta, cosa que se agradece, ya que aunque no tiene una dificultad excesiva, nos permite ir siempre a lo seguro, sin perder demasiado tiempo en buscar el paso bueno.

A cada metro, la cresta se ensancha cada vez más, caminar por ella resulta más sencillo, y lentamente, avanzamos entre rocas, romeros, y carrascas; rodeando las murallas de rocas, que salen a nuestro paso.

Cuando tenemos a la vista el collado de la Hermana, descendemos por medio de una pedrera, hasta el inicio de una trocha, que nace a nuestra derecha, y que todo hace indicar, que es por ella, por la que debemos abandonar la cresta.

A partir de ahora, la cresta pierde dificultad, y se ansancha


Caminamos por una amplia terraza

Siguiendo los numerosos hitos, que hay colocados a lo largo de toda la cresta



Con vistas al collado de la Hermana, descendemos hasta las proximidades de este, por medio de una pedrera


Antes de tomarla, echamos un vistazo al GPS, el track que llevamos, nos indica que debemos continuar unos cien metros más, hasta el collado de la Hermana, y tomar allí un sendero. 

Como intuimos que esta trocha, debe enlazar con dicho sendero, no nos lo pensamos, marcamos la entrada con un hito, y tomamos la trocha por la que en suave descenso, nos adentramos en un pinar, y unos cien metros más adelante, enlazamos con el sendero que viene desde collado de la Hermana, por el que continuamos el descenso, dirección NE, paralelos a la cresta de la Sierra, que hemos recorrido hace unos minutos.

Bajo el pinar, la tarde comienza a refrescar, el sol se ha ido definitivamente, así que hacemos una pausa para ponernos ropa de abrigo. Después, reanudamos la marcha, seguimos descendiendo por medio del pinar, que poco a poco va aclarando, hasta prácticamente desaparecer.

A medida que vamos perdiendo cota, el sendero se va ensanchando, hasta convertirse en un claro camino, por el que enlazamos con el cortafuegos, por el que discurre el PR-Z15.1, que desciende de forma más directa, desde el Cerro del Espino, y que cogemos en sentido descendente, durante algo más de cien metros, hasta alcanzar una encrucijada de caminos, en el que convergen varios itinerarios.

Tomamos la trocha, y marcamos su inicio con unos hitos

Enseguida enlazamos con el sendero, que viene desde el collado de la Hermana




Al final del camino, enlazamos con el cortafuegos, por el que discurre el PR-Z15





Aunque la idea inicial, es llegar al Raso de la Cruz, pasando por la Casa de los Frailes, echamos un vistazo al mapa, y vemos que ambos caminos que salen a nuestra derecha, nos llevan hasta el Raso de la Cruz.

Tras sopesar los pros, y las contras, decidimos ir a lo seguro, así que al final, nos decantamos con seguir con el plan inicial, por lo que cogemos el camino por el que discurre el PRZ-15, hacia la Casa de los Frailes.

Sin más preámbulos, nos ponemos de nuevo en marcha, seguimos por medio del pinar, por amplio camino de tierra, por terreno totalmente llano, dirección SO, tomando de referencia las marcas blancas y amarillas.

De vez en cuando, el pinar clarea, y podemos ver algún ejemplar de cerezo, y especialmente de roble, en el que comienza a notarse en el color de sus hojas, la entrada del otoño.

Cuando alcanzamos el kilómetro catorce, llegamos a una intersección perfectamente señalizada, donde optamos por seguir por el camino principal, hacia el albergue juvenil de la Casa de los Frailes, al cual arribamos tras algo más de trescientos metros, en suave descenso.

Llegamos a un cruce de caminos, donde al final tomamos el PRZ-15.1 hacia la Casa de los Frailes





Superado el kilómetro catorce, pasamos junto el albergue juvenil de la Casa de los Frailes


Como el acceso está restringido, permanecemos un minuto tras la cerca, para echar un vistazo al albergue, que tiene toda la pinta, de ser utilizado para realizar colonias y campamentos.

Después, regresamos al camino principal, caminamos unos metros más por el pinar, hasta que poco a poco, los pinos van dando paso a las carrascas, que pueblan ambas orillas del camino.

A medida que perdemos desnivel, el camino se va ensanchando, hasta convertirse en pista, por la que llegamos hasta una intersección, donde enlazamos con el PRZ-15, que viene desde el Collado del Tío Francisco.

Ya en fuerte descenso, continuamos caminando por la pista, dejamos a nuestra derecha el sendero que baja desde el Collado de la Falaguera, y unos metros más tarde, alcanzamos el área recreativa del Raso de la Cruz, tras 17 km, y casi 1.000 m d+.

Antes de partir, hacemos unos estiramientos, recogemos los bártulos, y nos acercamos hasta la población de Cosuenda, donde nos tomamos una cervezas, mientras reponemos energías.



Llegamos a una nueva intersección, donde enlazamos con el PR-Z15, que viene del collado del Tío Francisco




Tras casi siete horas de caminata, llegamos de nuevo al area recreativa del Raso de la Cruz

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