Hasta principios del siglo XIX, los únicos que conocían Ordesa eran contrabandistas, pastores y cazadores, gente que no sabía escribir o no se preocupaba por hacerlo, así que fuera de los valles nadie tenía noticia de la existencia de este y otros enclaves del pirineo.
A finales del siglo XVIII, los pioneros del turismo de montaña empezaron a explotar la cordillera, en su mayor parte aristócratas franceses, que hacían excursiones desde los balnearios como Barèges o el de Saint Sauveur, adentrándose poco a poco hacia el sur, descubriendo lugares como el Circo de Gavarnie, hasta que en el año 1787, el barón de Carbonnière llega al pirineo, con la intención de descubrir la ruta, a la cima, que los cazadores llamaban 'moum-perguti', la montaña perdida.
A finales del siglo XVIII, los pioneros del turismo de montaña empezaron a explotar la cordillera, en su mayor parte aristócratas franceses, que hacían excursiones desde los balnearios como Barèges o el de Saint Sauveur, adentrándose poco a poco hacia el sur, descubriendo lugares como el Circo de Gavarnie, hasta que en el año 1787, el barón de Carbonnière llega al pirineo, con la intención de descubrir la ruta, a la cima, que los cazadores llamaban 'moum-perguti', la montaña perdida.
Finalmente, el impulsor fue un español; Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa de Asturias, que el 16 de agosto de 1918 declaro Parque Nacional, con el nombre de <<Valle de Ordesa>>, que el 13 de julio de 1982 se amplio y recalifico al actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, que con una superficie de 15.608 ha, engloba los términos municipales de Bielsa, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin, Torla-Ordesa y Broto.
Su orografía, está dominada por el macizo de las Tres Sorores, Treserols, el macizo calcáreo más alto de Europa, del que en forma más o menos radical, descienden una serie de impresionantes crestas montañosas y valles glaciares, siendo el más característico, el valle de Ordesa, compuesto por verticales farallones en los que hay pequeñas zonas llanas conocidas como "fajas", que son pasillos muy aéreos que mantienen una altura constante a lo largo de su recorrido, contando el valle de Ordesa con mucho de estos balcones: Faja de Pelay, Faja Petazales, Faja Racún, Faja Blanquera y la que es la más espectacular: La Faja de las Flores, que hoy voy a recorrer con mi hermano subiendo por las clavijas de Carriata y bajando por las clavijas de Cotatuero.
Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc, y para saber como llegar al punto de inicio, en el siguiente enlace. "Como llegar"
Aprovecho un día entre semana, que han dado bueno, para irme con mi hermano a Ordesa, hace ya unos cuantos años que no voy, y desde hace tiempo tenía ganas de volver.
Nos ponemos los bártulos y retrocedemos unos metros por la carretera, hasta que llegamos a la altura de Casa Olivan, donde cogemos el sendero que nos lleva en continuo ascenso, por un bosque de hayas.
El sendero es estrecho y sombrío, no se encuentra balizado, pero no tiene pérdida, el día es muy bueno, y comenzamos a sudar. Llegamos a la altura de una caseta de madera, que puede servir de refugio, reanudamos la marcha y enseguida salimos del hayedo, donde podemos ver el Tozal de Mallo.
A partir de este punto, nos encontramos varios paneles con diferentes alternativas, nosotros nos dirigimos hacia el circo de Carriata, para subir por las clavijas, llegamos a una pequeña trepada con buenos puntos de apoyo en la roca, que superamos sin mayores complicaciones.
Poco después se nos presentan dos alternativas para llegar hasta la faja de las flores, una por una estrecha fajeta equipada con sirga o por las clavijas de Carriata, opción esta última que nosotros escogemos. El sendero nos acerca hasta un gran paredón de roca, y después nos lleva paralelo a este, por el camino podemos ver una marmota, que vigila nuestros pasos.
Cuando el sendero finalizada, llegamos a las clavijas de Carriata, desde la que podemos ver la fajeta, que se encuentra equipada con sirga.
Las clavijas a simple vistas nos dan algo de respeto, ya que no se encuentran equipadas con cable de vida (pensábamos que sí), pero una vez metidos en harina, el primer tramo lo pasamos muy bien, ya que las rocas son grandes, están escalonadas y ofrecen muy buenos apoyos, tras superar el primer tramo y andar unos metros, llegamos al segundo tramo más corto pero más vertical y con apoyos menos claros, que superamos, aunque es un pelín más complicado que el tramo anterior.
Después de superarlas, aprovechamos para hacer una pequeña parada, enseguida continuamos la marcha, y tras realizar alguna fácil y corta trepada, llegamos a la unión del sendero de las clavijas con el de la fajeta, que se encuentra bien señalizado.
Desde este punto, ya podemos ver la Faja de las Flores, para llegar a ella, vamos subiendo por la ladera de la montaña, evitando la zona de pedrera, una vez en lo más alto, justo a unos metros del inicio de la Faja de las Flores, y tras haber superado todo el tramo de subida, decidimos para a comer, y realizar toda la faja y la bajada hasta el aparcamiento de un tirón.
Después de comer, reanudamos la marcha y comenzamos la Faja de las Flores, el sendero es evidente y estrecho, aunque con la suficiente anchura, para caminar tranquilos.
Como vamos bien de tiempo, nos paramos de vez en cuando para fotografiar la faja y su entorno, pasamos por debajo de un gran roca, que se ha quedado encajada, a pesar de que a penas ha llovido en los últimos meses, las rocas manan agua, y en una de ellas, mi hermano aprovecha para llenar la botella.
Las vistas desde la faja son impresionantes y la sensación de vació es enorme, ya que esta se encuentra sobre los 2.400 m, a mitad del recorrido, podemos ver como pasamos por encima del aparcamiento de Ordesa.
Cuando hemos recorrido la mitad de la faja, el sendero empeora considerablemente, ya que se encuentra en peor estado, algo más estrecho y más aéreo, por lo que extremamos las precauciones y reducimos el paso.
Después de recorrer algo más de tres kilómetros por la Faja de las Flores, llegamos al final de esta, que nos dejan en una Tartera (terreno cubierto de grandes piedras), desde la que se obtiene una fantástica panorámica, con el Taillón, la Brecha de Roland, el Casco y la Torre.
Continuamos la marcha, siguiendo los hitos por la tartera, llegamos hasta una canal, por la que realizamos un sencillo destrepe y nos deja junto a un torrente de agua, que utilizamos para guiarnos y realizar el descenso junto a él, que nos lleva, hasta un pradera, donde podemos ver un bonito salto de agua, donde aprovechamos para fotografiarnos y comprobar que las últimas lluvias, han servido para aumentar el caudal.
Volvemos unos metros sobre nuestros pasos, y continuamos por la margen derecha del río de Cotatuero, el cual forma una gran cascada al final de la pradera, nosotros realizamos un corto destrepe, con una gran sensación de vacío, que nos deja en las Clavijas de Cotatuero.
Nos ponemos los arneses y comenzamos las clavijas, que se dividen en tres tramos, el primero de ellos es bastante aéreo, y con tan solo el apoyo de las clavijas para pies y manos. Las clavijas se encuentran bastante distanciadas, por lo que vamos con precaución y aseguramos bien los apoyos (quien mida menos de 1,70 m. le costará llegar a alguna de ellas).
Tras superar el primer tramo, llegamos al segundo, mucho más sencillo, ya que podemos apoyar los pies en la roca, aunque casi al final tenemos que hacer un largo estiramiento para llegar a la roca, que nos deja en el siguiente tramo.
El último tramo es una canal, que se encuentra mojada, ya que la roca esta sudando agua, el destrepe sin agua es sencillo, ya que además de las clavijas, las piedras ofrecen buenos apoyos, pero bajamos con precaución, ya que este tramo no dispone de cable de vida.
Tras finalizar la canal, guardamos los arneses en las mochilas, y proseguimos la marcha, por un sendero bien definido, que nos lleva hasta el interior de un bosque de hayas.
Cuando llegamos al desvío, donde nos da la opción de ir al Circo de Carriata, nos desviamos unos metros, para ver un torrente de agua, a lo lejos podemos ver la cascada donde hemos comenzado a descender.
Continuamos descendiendo por el hayedo dirección a la pradera, el hayedo esta espectacular, aunque a medida que avanzamos, nuestras rodillas comienzan a resentirse de tan largo descenso. La ruta esta llegando a su fin, cuando llegamos a la altura de la Virgen del Pilar, allí enlazamos con la pista principal, y en menos de cinco minutos llegamos al aparcamiento.































































