Las Peñas de Herrera, son
cuatro peñas alineadas de Norte a Sur, a modo de espina dorsal,
situadas en el Sistema Ibérico, al Oeste del pico San Miguel o
Moncayo, en la cima de una colina, que estaba formada
por un glaciar que erosiono la parte más débil de la colina,
dejando al descubierto la parte rocosa.
Su nombre, les viene dado por
el antiguo castillo de Ferrera, del que tan solo se conserva el
acceso tallado en la roca, y la depresión excavada donde debió
erigirse, ubicado en lo alto de la peña principal, el Alto del
Picarrón o Picarro (Peña I 1.591 m), que delimita los términos municipales de Talamantes, Añón de Moncayo, Calcena y Purujosa.
Las otras tres peñas que
componen los “Castillos de Herrera”, son la Peña II o del Camino
(1.542 m), cuyo acceso es el más complejo de las cuatro, con un paso
de II+/III- (PD), la Peña III o de Enmedio (1.462 m) y la Peña IV o
La Gotera (1.347 m), que se encuentra algo alejada del sendero por el
que discurre el GR.90.1, que sube a las otras tres peñas, por lo que
habitualmente se suele obviar su ascensión, tal y como nos paso hace
unos años, cuando lo intentamos desde la población de
Purujosa.
Para la jornada de hoy, en
compañía de Cosmín, aprovechamos que la niebla cubre el valle del Ebro, para disfrutar de una jornada al sol e intentar subir a las Peñas de Herrera, desde la población de Talamantes, siguiendo las
marcas blancas y rojas del GR.90.1
Como las nieblas
persisten, no madrugamos, quedamos sobre las 9 en el Mesón del
Aceite, en Bulbuente, donde hacemos tiempo tomando un café y un
pincho de tortilla. Luego, en un solo coche, cogemos la carretera de
Talamantes, por la que circulamos con una densa niebla, que a medida
que vamos ganando desnivel, se va disipando, hasta que un kilómetro
antes de llegar a Talamantes, desaparece, viendo después de una
semana el astro rey, el sol.
A las afueras de
Talamantes, dejamos la furgoneta en un pequeño aparcamiento
habilitado para 6 o 7 vehículos, donde tras ponernos los bártulos,
iniciamos la integral a las Peñas de Herrera, adentrándonos en el
núcleo urbano, desde el que observamos dos de las
peñas que conforman los “Castillos de Herrera”, el Alto del
Picarrón y la Peña del Camino, que se amplían al salir del pueblo,
con sus otras dos hermanas, la Peña de Enmedio y la Peña La Gotera.
Nada más salir, el
asfalto da paso a un camino de tierra, por el que avanzamos dirección Oeste entre campos de labor y un muro de piedras, que delimita el camino de las pistas deportivas, que nos conduce hasta una encrucijada, donde el GR.90.1 se bifurca en dos, teniendo la
posibilidad de ir al collado de Valdelinares por el camino por el que discurre la vereda de Castilla, o, por el sendero que
recorre el barranco de Valdeherrera, que es la opción que escogemos,
aunque no descartamos regresar más tarde por la vereda.
De momento, continuamos por el sendero salpicado de bonitas carrascas, por el que rápidamente alcanzamos el cauce del barranco de Valdeherrera, que a estas horas todavía permanece en la umbría, el cual vadeamos por una pasarela de madera, para acto seguido comenzar a remontarlo por la margen derecha, siguiendo un bonito sendero herboso, blanqueado por el dorondón, que es como se
le conoce en Aragón a la cencellada, que contrasta con el brillo de
las paredes rocosas de las Peñas de Herreras, iluminadas por el sol.
Siguiendo las marcas blancas y rojas, vamos ganando desnivel de forma paulatina, alternando bonitos pasos entre carrascas con otros a cielo abierto, acercándonos paso a paso a las Peñas de Herrera, hasta que el sendero traza un giro a la derecha de 90º, que nos aleja de ellas, para comenzar una corta pero pronunciada subida, pasando junto a a un terreno de margas, en el que capta nuestra atención el castillo natural que conforma el Alto del Picarrón.
Unos metros más arriba,
alcanzamos el collado de
Valdelinares, lugar en el que se juntan las dos variantes del
GR.90.1. perfecto mirador del valle del Ebro, donde nos acercamos
hasta un extremo para disfrutar del mar de nubes, en el que tan solo
apreciamos la población de Talamantes y en la parte superior
derecha, la prominencia del pico Bollón de Tabuenca, que con sus
1.036 m, resulta una magnífica atalaya para admirar las llanuras
del Campo de Borja, la sierra del Moncayo o el destino de hoy, las
Peñas de Herrera.
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A las afueras de Talamantes, iniciamos la integral observando el Alto del Picarrón y la Peña del Camino |
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Callejeando por su núcleo urbano, en el que siguiendo las marcas del GR.90.1 |
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Nos dirigimos por un camino, entre campos de labor y un muro de piedra, hacia los "Castillos de Herrera" |
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Hasta llegar a una encrucijada, donde el GR.90.1, nos ofrece dos variantes |
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Eligiendo el ramal que por un bonito sendero salpicado de carrascas |
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Nos conduce hasta el barranco de Valdeherrera, que vadeamos por una pasarela de madera |
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Para comenzar a remontarlo, por un sendero herboso, blanqueado por el dorondón |
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Que contrasta con el brillo de las paredes rocosas de las Peñas de Herrera, iluminadas por el sol |
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Siguiendo las marcas rojas y blancas, vamos ganando desnivel , alternando pasos entre carrascas |
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Con otros a cielo abierto, acercándonos paso a paso a las Peñas de Herrera, hasta que el sendero |
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Traza un giro de 90º a la derecha, que nos adentra en un terreno de margas |
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Donde la vista se nos va hacia el castillo natural que conforma el Alto del Picarrón |
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Unos metros más arriba, alcanzamos el collado de Valdelinares, donde abajo podemos ver Talamantes |
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Y el mar de nubes que cubre el valle del Ebro, en el que destaca la prominencia del pico Bollón de Tabuenca |
En el collado, nos encontraos a 1.135 metros y la base de la Peña La Gotera, en torno a
los 1.250 metros, por lo que tenemos la opción de abandonar aquí el
GR.90.1, que se dirige hacia el collado de las Peñas de Herrera,
para continuar hacia el Norte, primero andando por un camino, para
después campo a través, trazar una larga diagonal que nos permita
acceder de forma directa a la zona donde rompe la muralla, o, seguir
subiendo por el GR.90.1 (la opción de la diagonal, es la más
cómoda).
Tras mucho sopesarlo, al
final decidimos continuar por el sendero oficial que sube bordeando
las Peñas de Herrera, por el que continuamos ascendiendo, siempre
con la mirada puesta en las peñas que conforman los “Castillos de
Herrera”, donde aprovechamos los escasos árboles que hay apostados
a lo largo del sendero, para utilizar sus ramas como marco natural
para fotografiar la Peña de Enmedio, y ya de paso, echar una mirada
atrás, observando como en el horizonte, blanquean algunas de las
principales montañas de los pirineos.
Sin apenas detenernos,
seguimos caminando por el agradable sendero, que va bordeando una
pequeña elevación, que nos impide comprobar a que altura estamos de las murallas que conforman la Peña La Gotera, pasando
junto al desvío de la fuente de Valdeherrera, que omitimos, para
continuar subiendo unos metros, donde comprobamos como
desde este punto, nos va a resultar complicado acceder de forma
directa a la brecha, ya que un barranco se interpone en nuestro
camino.
Como estamos en tierra de
nadie (igual nos da bajar que subir), continuamos remontando el sendero que realiza un par de largas lazadas, hasta llegar a la altura de unos bancales, situados por encima de la
cabecera del barranco, punto en el que dejamos el
sendero, para dirigirnos campo a través hacia la base de la Peña La Gotera, tomando inicialmente de referencia una hilera de pinos, para más adelante, avanzar por los bancales más limpios de troncos y ramas quemados, que todavía perduran de un incendio que se produjo
en la zona en el año 2012, con la atenta mirada de un buitre,
posado en una punta secundaria que separa la Peña de Enmedio de la Peña La Gotera, a cuya base llegamos con menos apuros de los previstos, ya
que está vez, veníamos con un pantalón grueso que nos ha evitado
más de un zarpazo en las piernas.
Ahora, nos toca localizar el punto en el que rompe la peña, por el que accederemos a su cima, para lo cual, comenzamos a perder el desnivel ganado de más, paralelos a la muralla rocosa, alejados unos metros de ella para evitar que en caso de caer una piedra, pueda golpearnos, alternando tramos de monte a través con trochas realizadas por el paso de los corzos, zorros y jabalíes, que habitan en esta zona, hasta localizar la parte débil de la muralla, situada al lado de un par de gendarmes, que rodeamos hasta alcanzar la planicie que conforma la parte superior, que remontamos para coronar la Peña La Gotera (Peña IV), en la que realizamos un tentempié, mientras disfrutamos de unas excelentes vistas hacia la Peña de Enmedio, el pico Morrón y la máxima elevación del Sistema Ibérico, el pico San Miguel o Moncayo.
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En el collado de Valdelinares, continuamos siguiendo las marcas blancas y rojas del GR.90.1
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Siempre con la mirada puesta en la Peñas de Herrera |
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Donde aprovechamos los escasos árboles, para fotografiar la Peña de Enmedio |
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Y ya de paso, echar una mirada atrás, observando en el horizonte, como blanquean los pirineos |
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Sin apenas detenernos, seguimos caminando, pasando junto al desvío a la fuente de Valdeherrera |
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Rodeando una loma, vamos remontando el sendero que traza un par de lazadas |
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Hasta llegar a la altura de unos bancales, donde dejamos el sendero, para continuar monte a través |
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Tomando de referencia una hilera de pinos, para más adelante, ir por los bancales más limpios |
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Con la atenta mirada de un buitre, posado en una punta secundaria |
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Situada entre las Peñas de Enmedio y La Gotera, a cuya base llegamos |
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Ahora, vamos a buscar el punto donde rompe la muralla, para lo cual bajamos alternando tramos sin sendero |
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Con trochas de animales, hasta localizar el punto débil de la muralla, situado al lado de un par de gendarmes |
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Que rodeamos, hasta acceder a planicie superior, que remontamos para llegar a la cima de la Peña La Gotera |
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Desde la que disfrutamos de las vistas hacia la Peña de Enmedio |
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El pico Morrón |
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Y la máxima elevación del Sistema Ibérico, el pico San Miguel o Moncayo |
Después, regresamos sobre nuestros pasos, viendo el enorme tajo en la roca por el que bajamos hasta la base de la peña, que remontamos, observando como las nieblas persisten en el valle del Ebro.
Una vez llegamos al punto de retorno, en vez de ir en busca del sendero por el que discurre el GR.90.1, preferimos continuar monte a través, siguiendo a ratos una trocha por la que pasamos por una especie de collado que, separa la Peña La Gotera de la Peña de Enmedio, desde el que divisamos el barranco de los Moros, que se puede recorrer por un sendero por el que discurre la vereda de Ambel a Purujosa, que es otra de las opciones que barajamos para la vuelta.
Por el momento,
continuamos subiendo hasta alcanzar la base de la Peña de Enmedio,
que vamos rodeando hasta localizar una canal, por la que podríamos
acceder a la cima, con un paso de II o III, algo
expuesto pero con buenos apoyos, que preferimos evitar, ya que el
acceso a está mole rocosa se puede hacer caminando, por lo que tan
solo subimos unos metros hasta colocarnos cerca de la base, que
seguimos rodeando, hasta posicionaros cerca del collado de las Peñas
de Herrera.
En este lugar, la muralla
rompe por varios frentes, así que por comodidad elegimos el más cercano, por lo que sin sendero, comenzamos a caminar por un terreno rocoso, en el que no tenemos ni
que apoyar las manos, hasta acceder a la meseta por la que avanzamos
unos metros para coronar la Peña de Enmedio (Peña III), desde la
que observamos nuestro siguiente objetivo, la Peña del Camino, que
es la única de las cuatro que ofrece un par de pasos con dificultad,
aunque lo que más nos llama la atención, es el fantástico mar de nubes
de la cara oculta del Moncayo, con la sierra de la Virgen de fondo,
que nos hace replantear el itinerario de vuelta, pero eso ya lo
decidiremos más adelante.
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Después, regresamos sobre nuestros pasos, bajando por el enorme tajo en la roca |
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Hasta la base de la muralla, que remontamos, observando como las nieblas persisten en el valle del Ebro |
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Una vez llegamos al punto de retorno, en vez de ir en busca del sendero por el que discurre el GR.90.1 |
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Continuamos siguiendo a ratos una trocha, por la que llegamos a un collado que separa ambas peñas |
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Desde el que divisamos el barranco de los Moros, que se puede recorrer por un sendero |
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De momento, seguimos avanzando, llegando a la Peña de Enmedio, que rodeamos hasta localizar una canal |
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Por la que tan solo subimos hasta llegar a la base de la peña, avanzando lentamente |
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Hasta posicionarnos cerca del collado de las Peñas de Herrera, donde la muralla rompe por varios frentes |
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Eligiendo el más cercano, por lo que sin sendero, caminamos por un terreno rocoso |
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Para acceder a la meseta, que remontamos hasta la cima de la Peña de Enmedio |
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Desde la que divisamos nuestro siguiente objetivo, la Peña del Camino |
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Aunque lo que nos llama la atención, es el mar de nubes con la sierra de la Virgen de fondo |
Sin apenas detenernos,
regresamos sobre nuestros pasos, pero esta vez si, bajamos por un
pasillo marcado con una estaca metálica que es por donde accedí la otra vez (da igual una que otra, las dos son sencillas), por
el que llegamos hasta la base de la Peña de Enmedio, donde campo a
través y perdiendo algo de tiempo en marca el itinerario, alcanzamos
el collado de las Peñas de Herrera, en el que recuperamos el sendero
por el que discurre el GR.90.1.
Siguiendo el sendero, avanzamos cómodamente ganando desnivel de forma moderada, a la sombra de la Peña del Camino, cuyo acceso podríamos hacer de forma directa desde este lugar, pero preferimos ir por el
sendero hasta posicionarnos a la altura de una grieta fácilmente
reconocible por un gendarme apoyado en la pared, lugar donde
abandonamos el sendero, para remontar los poco más de cien metros
que nos quedan, hasta llegar bajo la terraza de acceso a la grieta, donde realizamos un pequeño descanso antes de afrontar el único
paso técnico de la jornada.
Luego, accedemos a la terraza herbosa,
por la que caminamos hasta llegar a la entrada de la grieta, donde
superamos un sencillo resalte de unos tres metros, acondicionado con cuerda, por el que entramos primero a una pequeña oquedad, desde la que fotografiamos el pico Morrón, para acto seguido, adentrarnos en la grieta, por la que avanzamos ayudándonos de la cuerda y mediante oposición.
Una vez en la base de la chimenea, ahora nos toca afrontar los casi siete metros de altura, que al igual que en el resto, se encuentra equipada con una cuerda, con la que nos ayudamos en contadas ocasiones, ya que preferimos superar los pasos de II+/III, por oposición, o, utilizando las presas naturales que ofrece la roca.
Con algún que otro
contratiempo, finalmente salimos a la meseta superior que compone la
cima de la Peña del Camino, por la que caminamos unos metros hasta
alcanzar el punto más elevado, desde el que visualizamos la última
de las Peñas de Herrera, el Alto del Picarrón.
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Luego, regresamos sobre pasos, pero esta vez, cogemos un pasillo rocoso marcado con una estaca metálica |
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Por el que bajamos a la base de la Peña de Enmedio, donde monte a través |
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Llegamos al collado de las Peñas de Herrera, en el que recuperamos el GR.90.1 |
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Para continuar cómodamente, ganando desnivel de forma moderada, a la sombra de la Peña del Camino |
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A la que podríamos acceder de forma directa, pero preferimos seguir un poco más por el sendero |
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Hasta visualizar la grieta, donde abandonamos el sendero, para remontar los cien metros que nos quedan |
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Y llegar bajo la terraza de acceso a la grieta, en la que hacemos un descanso |
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Después, accedemos a la terraza herbosa, por la que caminamos hasta la entrada |
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Donde superamos un sencillo resalte de unos tres metros, acondicionado con cuerda |
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Accediendo primero a una cueva, desde la que fotografiamos el pico Morrón |
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Para acto seguido, meternos en la grieta, por la que avanzamos mediante oposición y la cuerda |
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Una vez en la chimenea, superamos los pasos de II+/III, por oposición o utilizando las presas naturales |
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Finalmente, salimos a la meseta superior, que compone la cima de la Peña del Camino, por la que avanzamos |
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Hasta llegar al punto más elevado, desde el que vemos el Alto del Picarrón |
Después, regresamos hasta
la entrada de la chimenea, que destrepamos con cuidado; pasamos la
grieta, hasta salir a la terraza herbosa, por la que vamos dejando
atrás la Peña del Camino, ya con la mirada puesta en la V que forma
el Alto del Picarrón, al que podríamos acceder de forma directa por medio, pero he notado unas pequeñas molestias en el cuádriceps
de la pierna derecha, así que descartamos esa opción.
Sin bajar al sendero por
el que discurre el GR.90.1, que va al collado de las Neveras, alejándonos de nuestro destino, preferimos dar un rodeo por la derecha,
hasta llegar a la altura de una pequeña pedrera, que remontamos
realizando pequeñas lazadas, mientras seguimos disfrutando del
maravilloso mar de nubes, con la sierra de la Virgen de fondo.
Una vez en la base del
Alto del Picarrón, caminamos con cuidado por un terreno rocoso,
realizamos una sencilla trepada en la que apenas tenemos que apoyar
las manos, hasta alcanzar el antiguo corredor natural que desde el
S.XII al XIV, se utilizo para acceder al castillo de Ferrera, donde
todavía vemos los restos de algunos escalones, por los que caminamos
hasta salir a la planicie en la que se situaba el pequeño castillo
de planta circular (6 por 8 metros), que se construyo con la
reconquista cristiana, para vigilar el paso desde Castilla hacia
Aragón por Beratón y el barranco de Morana.
Varios siglos más tarde,
corroboramos este hecho, porque a pesar de las nieblas que cubren el
valle del Ebro, disfrutamos de unas magníficas vistas, donde además
de las ya consabidas, nos deleitamos con los cuchillares de la cara
Oeste del pico Morrón, que en su cara Sur, es como un queso de
Gruyere, lleno de oquedades, cuevas y abrigos, aunque hablando de
cuchillares, tremendas son las vistas hacia la cadena de cinco
cumbres que componen las Peñas Albas, en la cara oculta del Moncayo,
que en contadas ocasiones he visto desde esta perspectiva.
Maravillados con las
vistas, ahora toca regresar a Talamantes, la visión de las Peñas
Albas con ese mar de nubes, nos ha motivado tanto, que sobre la
marcha vamos a cambiar los planes, para recorrer la pista que va al
collado del Campo y luego bajar por el desconocido barranco de
Valdetreviño, matando dos pájaros de un tiro.
Así que sin apenas
descansar, descendemos hasta la base del Alto del Picarrón, donde en
vez de bajar hasta la pista de forma directa, lo hacemos recorriendo
el cómodo cordal, pasando junto a una de las puntas secundarias, que
si bien podríamos subir a pesar de ser bastante vertical, el
descenso resulta algo comprometido, aunque aprovechamos que nos
protege de una molesta brisa, para comernos el bocadillo.
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Sin apenas detenernos, volvemos a la entrada de la chimenea, que destrepamos |
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Pasamos la grieta |
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Y salimos de nuevo a la terraza, por la que avanzamos hacia el Alto del Picarrón |
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Al que podríamos acceder de forma directa, pero preferimos dar un rodeo |
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Hasta alcanzar una pequeña pedrera, que remontamos |
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Una vez en la base del Alto del Picarrón, caminamos con cuidado por un terreno rocoso |
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Realizamos una sencilla trepada, que nos deja en lo que fue el acceso al castillo de Ferrera |
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Un corredor rocoso, en el que todavía se conservan algunos escalones, por el que salimos a la planicie |
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Del Alto del Picarrón, desde el que disfrutamos de los cuchillares de la cara Oeste del pìco Morrón |
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Y de la cadena de cinco cumbres que conforman las Peñas Albas |
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Maravillados con la vistas, iniciamos el regreso a Talamantes |
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Primero destrepando el Alto del Picarrón y después, en vez de bajar directos a la pista |
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Que viene del collado Bellido, lo hacemos por el amplio cordal |
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Pasando junto a una de las puntas secundarias, que si bien se puede subir, el descenso es algo comprometido |
Con energías renovadas, recogemos todo, dejamos el lugar como nos lo hemos encontrado e iniciamos el camino de vuelta, bajando monte a través, hasta enlazar con la pista de tierra que viene desde el collado de Bellido, por la que caminamos siguiendo las balizas de las rutas de Btt 5/2, que comparten tramo con el sendero de pequeño recorrido PR-Z3, que une la abadía cisterciense del S.XII del Real Monasterio de Santa María de Veruela, con el collado del Campo, hacia el cual nos dirigimos, disfrutando de las vistas que tenemos de las Peñas Albas, la sierra de la Virgen o la Peña del Tolmo de la Cina, que se ubica en medio de los barrancos de Valdecongosto y Cuartún.
Sobre la cota 1.397 metros (km. 10.6), abandonamos la pista por unos minutos para continuar a mano izquierda monte a través, siguiendo a ratos una trocha por la que en poco más de dos minutos, coronamos la humilde elevación del Cabezo de los Frailes, donde echamos una mirada atrás para disfrutar de la bonita estampa que conforman el pico Morrón y el Moncayo, que despunta en medio de la espina dorsal de las Peñas de Herrera.
Mirando al Sur, observamos como el collado del Campo está aproximadamente a un kilómetro de donde nos hayamos, lo que nos hace pensar en trazar una larga diagonal que nos permita ir directos, aunque el terreno es algo confuso en la zona baja. Si fuera algo más temprano nos la jugaríamos, pero ahora es mejor ir a lo seguro, así que monte a través bajamos hasta conectar de nuevo con la pista, por la que suavemente vamos perdiendo desnivel dirección Sur/Este.
En apenas una hora desde que coronamos el Alto del Picarrón, llegamos a la encrucijada de caminos que se forma en el collado del Campo, donde de momento hacemos caso omiso a las paletas que indican los diferentes destinos, para fijar la vista en la espectacular zona de margas, con la sierra de la Virgen y las Peñas Albas de fondo, sublime!.
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Con energías renovadas, bajamos monte a través |
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Hasta enlazar con la pista, por la que discurren las rutas de Btt 5/2 y el PR-Z3 |
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Por la que continuamos caminando hacia el collado del Campo |
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Disfrutando de las vistas hacia las Peñas Albas, con la sierra de la Virgen de fondo |
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Y la peña del Tolmo de la Cina, que se ubica en medio de los barrancos de Valcongosto y Cuartún |
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Siguiendo la pista, sobre la cota 1.397 metros (km.10.6) |
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Abandonamos la pista, para seguir monte a través y a ratos por una trocha |
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Hasta coronar la humilde elevación del Cabezo de los Frailes |
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Donde echamos una mirada atrás, para disfrutar de los picos Morrón, Moncayo y las Peñas de Herrera |
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Después, descendemos monte a través por la cara opuesta a la que hemos subido |
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Hasta conectar con la pista |
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Por la que suavemente vamos perdiendo desnivel |
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Hasta alcanzar la encrucijada que se forma en el collado del Campo |
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Donde de momento hacemos caso omiso a las paletas que indican los diferentes destinos |
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Para fijar la vista en la espectacular zona de margas, con la sierra de la Virgen y las Peñas Albas |
En el collado, enlazamos
con el GR.90 que viene desde la población de Calcena. Aunque nos
apetece visitar el refugio collado del Campo, que está a medio
kilómetro en dirección a la Tonda, las pocas horas de luz que
quedan y sobre, todo, la niebla que cubre las llanuras, que no nos apetece
cogerla de noche conduciendo de vuelta a casa, nos hace desistir de
esta opción.
Finalmente, cogemos otra
pista de tierra a mano izquierda, que por el barranco de Valdetreviño
nos ha de llevar hasta las calles de Talamantes, avanzando por una
pequeña zona de pastos, cercada parcialmente para el ganado, en el
que a medida que vamos perdiendo desnivel, el entorno se va
transformando, dando paso a un bonito pinar en el que nos fijamos en
los detalles, donde los últimos rayos del sol iluminan las copas de
los pinos.
Cuando apenas hemos
recorrido un kilómetro desde el collado, abandonamos la pista por la
que podríamos bajar hasta la fuente del Boticario, para continuar
siguiendo las marcas blancas y rojas del GR.90, por un precioso
sendero que nada más pasar junto a las ruinas de una antigua
edificación, nos mete de lleno en el pinar, por el que caminamos
paralelos al recién nacido barranco de Valdetreviño (margen
izquierda), disfrutando de tan magnífico entorno, sin duda ha sido
todo un acierto bajar por aquí!.
Siguiendo el sendero, este
desemboca en un camino de tierra, en el que nos encontramos
deambulando un perro de caza, que seguramente se ha extraviado de
una rehala, al que llamamos para ver su identificación y avisar a su
dueño, pero sin éxito, por lo que continuamos bajando por el camino
durante trescientos metros, hasta localizar la entrada del sendero,
donde dejamos el camino, para acto seguido vadear el barranco de
Valdetreviño, por el que descendemos paralelos a su cauce por la
margen izquierda, fijándonos en los esbeltos pinos que pueblan la
margen derecha del barranco, colonizados por las enredaderas.
Unos metros más abajo,
nos desviamos para ver la fuente del Boticario, que mana un hilo de
agua. Después, regresamos sobre nuestros pasos hasta el sendero
principal, por el que llegamos a una pequeña zona de picnic, que da
paso a lo que parece la depuradora de Talamantes, donde recuperamos
el camino que va por la margen derecha, en el que tenemos
la posibilidad de ir a visitar la ermita de San Miguel, opción que
descartamos.
Ya, con la vista puesta en
Talamantes, continuamos dejando atrás el pinar, que da
paso a una zona más árida, salpicada de algunas carrascas, por la
que finalmente llegamos a Talamantes, cerrando la circular y unos
metros más abajo, al aparcamiento, dando por finalizada esta bella
integral a las Peñas de Herrera, donde por unas horas hemos
disfrutado de una jornada de sol, alejados de las nieblas que cubren
el valle del Ebro.
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En el collado, enlazamos con el GR.90, por el que continuamos por una pista a mano izquierda |
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Pasando por una zona de pastos, que a medida que vamos perdiendo desnivel da paso a un pinar |
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En el que nos fijamos en los detalles |
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Donde los rayos de sol |
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Iluminan las copas de los pinos |
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Cuando apenas hemos recorrido un kilómetro desde el collado, dejamos la pista |
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Para tomar a mano izquierda un sendero, en el que nada más dejar atrás unas ruinas |
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Nos mete de lleno en el pinar, por el que caminamos paralelos al barranco de Valdetreviño |
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Siguiendo el sendero, este desemboca en un camino |
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Por el que descendemos durante trescientos metros, hasta localizar la entrada del sendero, donde vadeamos ... |
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El barranco, para ir por la margen izquierda, en el que los pinos han sido colonizados por las enredaderas |
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Unos metros más abajo, visitamos la fuente del Boticario. Después, regresamos al sendero |
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Por el que salimos a la pista de tierra, que viene por la margen derecha |
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Salpicado con algunas carrascas |
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Llegando a Talamantes, donde cerramos el círculo y un poco más abajo, al aparcamiento |