martes, 19 de julio de 2011

Lea Ibilbidea de Mendetxa a Oleta



Lea Ibilbidea, es un sendero que discurre por la orilla del río Lea y une las poblaciones Vizcaínas de Mendexa, Oleta, Gizaburuaga, Aulesti y Munitibar.
 

Tiene una distancia de 23 kilómetros, la vuelta se puede realizar andando por el mismo camino, lo que supone un total de 46 kilómetros, o en autobús. Otra opción es realizarla por tramos, que es como yo la estoy haciendo. Este primer tramo, une las poblaciones de Mendetxa y Oleta, y seguramente es el tramo más bonito de la ruta, especialmente su inicio. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



El inicio de la ruta, se sitúa en el Puente de Itzunza, justo en la unión del rió con el mar Cantábrico, donde se forma la ría. A un lado del puente, puedo ver el mar cantábrico, una pequeña playa y la embarcación Boga Boga, que es un claro ejemplo de la construcción naval, que se realizó en esta zona, hasta mediados del S.XX.

Al otro lado del puente puedo comprobar, como se forma la ría, y la espesa masa forestal que la rodea, en el que destaca el pino, los sauces y los chopos.





Después de observar el paisaje, tomo el camino que desciende levemente, hasta llegar a los pies del puente Itzunza donde se encuentra el Molino de Mareas Marierrota, construido en el año 1555. Del nuevo apenas quedan restos y ha sido reconstruido, su función era la crear un salto de agua, aprovechando las mareas y utilizar el agua en tiempos de sequía.
 

En este punto tengo dos opciones para seguir, una por el sendero balizado o una segunda por el dique, ambos se unen metros más adelante, así que voy por el dique, desde el que hay unas fantásticas vistas de la marisma.
 

De vuelta al sendero, puedo ver en la otra orilla, el Palacio de Zubieta, construido en el año 1716, de estilo barroco y esta considerado como el edificio más bellos de Vizcaya.



El sendero, es amplio, es muy buen estado y se encuentra en algunos tramos acondicionado con pasarelas de madera, tras cruzar un pequeño puente, enlazo con una corta subida acondicionada con escalones para no resbalar y barandilla.

Tras el descenso, me detengo para contemplar algunos ejemplares de la flora de la zona, como esta Achillea millefolium.



Continuando la marcha, llego hasta un puente de un solo arco, que dejo a mano derecha, desde este punto puedo ver las ruinas del Hospital de Zaharra, construido en el año 1632, de estilo barroco y que fue construido para atender a los enfermos de la iglesia de Mendetxa y circundantes. 

El sendero discurre en parte por un antiguo Camino Real, un camino que esta construido con los restos de escoria de la antigua Ferrería de Yarza, camino por el que fue Felipe II, para contratar sus servicios. 

Unos metros más adelante, puedo ver una antigua presa, un elemento muy habitual a lo largo de la ruta, y que servía para llevar el agua a las ferrerías y los molinos. 

Tras realizar una ligera subida, y descender nuevamente, llego hasta una carretera de acceso a varios caseríos de la zona, que recorro unos metros cruzando un puente sobre el río, y cambio a la margen contraria. 

La entrada al camino, se encuentra balizada, y a lo lejos ya puedo ver el barrio de Oleta, tras andar unos metros por una pasarela de madera que evita un tramo embarrado, por el que seguramente pase una acequia o se filtre el agua del río, enlazo con el camino principal, que me lleva hasta las primeras casas de Oleta, que atravieso, hasta llegar a la carretera, donde doy media vuelta y regreso por el mismo camino.







Bilbao

Salimos de la estación de Gernika dirección Bilbao, debido al mal tiempo llegamos bastante tarde, en torno a las 12:30 h a la estación de Atxuri, si os alojais fuera de la ciudad lo mejor es acercarse a la ciudad utilizando los trenes de cercanías que te dejan a 5 minutos andando del casco viejo y que tan solo cuesta 4,50 € (ida y vuelta, desde la estación más lejana Gernika) o también utilizando el metro que llega a poblaciones como Portugalete o Getxo con paradas a 5 minutos del museo Guggenheim por unos 3,20 € (ida y vuelta).


Nada más salir de la estación se encuentra el inicio del tranvía, que no cogimos ya que en esos momentos no llovía y decidimos ir a pie hasta el centro que se encuentra a tan solo 5 minutos andando, de camino nos encontramos con Mercado de la Ribera, que se encuentra en fase de remodelación y que data del año 1929, lo que más destaca del exterior son sus grandes ventanales y del interior las vidrieras, las vistas a la ría y la modernidad de sus instalaciones ya que cuenta con ascensores y escaleras automáticas.



Cruzando la calle, se encuentra la entrada al casco viejo de la ciudad, conocida popularmente como "Las siete calles", de él destaco la limpieza y la buena conservación de sus edificios, además cuenta con un gran ambiente a pesar del mal día que hacía y está repleto de tiendas, bares y restaurantes que se llenan a la hora del chiqueteo.




Caminando por las siete calles, llegamos a una pequeña plaza llamada Plazuela de Santiago, donde está ubicado la Catedral de Santiago, que data del año 1379, de un claro estilo gótico.

Aprovechando que la entrada es gratuita, accedimos a su interior, nos sorprendió lo pequeña que es para ser una Catedral. Su interior consta de tres naves, y repartidas en sus laterales hay un total de 15 pequeñas capillas, cada una con la imagen de un santo/a. 

Como suele ser habitual en los templos religiosos, lo que más nos gusto fueron los ventanales, los Rosetones, y el gran órgano que hay en la entrada la Catedral.






Continuamos nuestro paseo por las siete calles, tomando la calle Correo y saliendo al Teatro Arriaga,  con una estampa idílica no solo por la belleza del edificio sino por su ubicación, ya que justo detrás de ella se ubica la ría de Bilbao, que nos acompaña durante todo nuestro paseo por la ciudad, en sus bajos se encuentra una oficina de turismo.

Al otro lado de la ria, podemos ver, el bonito edificio de la estación de Santander.



Viendo que se acercaba la hora de comer nos volvimos a adentrar en las siete calles, como nos venía de paso nos acercamos a La Plaza Nueva, que data del año 1849, de estilo Neoclásico y con forma cuadrangular, la plaza debido a su ubicación, es una de las más importantes de la ciudad. Lo que más nos gusto de la plaza es que se puede disfrutar de ella en cualquier momento, con indiferencia del tiempo que haga ya que en sus extremos hay soportales, con columnas dóricas y arcos de medio punto.


De entre la amplia oferta de restauración que existe en el casco histórico de la ciudad, nos decidimos por el Restaurante Gorbeia.


Donde degustamos algunos de los platos típicos de la zona, como el famoso bacalao al pil pilUna vez comidos, comenzó a llover de nuevo, así que salimos al paseo de la ribera para coger el tranvía que dispone en esa zona de una parada, como dato a tener en cuenta para aquellas personas que no les guste mucho caminar, una buena opción es coger el tranvía ya que por 1,30 € (ida), te lleva por los principales puntos de interés de la ciudad. 



En este caso nosotros lo cogimos para ir al Museo Guggenheim, que se ha convertido en pocos años en el buque insignia de la ciudad, del museo destacar el edificio ya que es el si ya es una obra de arte, ver cómo han dado formas a las planchas de titanio. Las exposiciones que se realizan en su interior personalmente no creo que merezcan la pena ya que son de arte contemporáneo, además del alto coste de la entrada (13 €), las largas filas que hay que realizar para entrar y encima lloviendo como nos sucedió a nosotros, así que tan solo lo vimos por fuera.

Cerca de la entrada principal, se encuentra la mascota del museo, Puppy, un colorido perro de la raza Terrier, recubierto de flores y con una altura de 12 metros, donde todos los turistas, incluidos nosotros inmortalizan su visita a Bilbao. 



El tiempo nos dio una pequeña tregua por lo que aprovechamos para pasear junto a la ría, por el Muelle Olbeaga, a tan solo unos metros del Museo Guggenheim, se encuentran varios edificios emblemáticos como la Universidad de Deusto, a la que accedemos a través de la pasarela Padre Arrupe, construida en el año 1886 y del que no hubiese encantado ver el Paraninfo pero no estaba accesible ese día. 

La torre de Iberdrola  y el Euskalduna, un edificio multifuncional que se utiliza como Palacio de Congresos y para espectáculos. 





Desde allí dirigiéndonos a la Plaza del Sagrado Corazón, tomamos la gran vía principal artería de la ciudad, hasta llegar a la Plaza de Federico Moyua, en la que destaca el hotel Carlton, catalogado con 5 estrellas y el Palacio de Chavarrí. Además de estos edificios destacar que en el centro de la plaza de forma circular se encuentran unos bonitos jardines muy bien cuidados.



En esta misma plaza, se sitúa dos entradas al metro, que fue construido por el famoso Nosman Foster, que decidimos visitar y que por poco más de 3 € (ida y vuelta), te lleva a poblaciones del extrarradio de la ciudad como Portugalete o Getxo




De allí, tomamos la calle Rodríguez Arias, donde mi mujer realizo alguna compra y callejeamos hasta llegar a la Alhóndiga, se trata de un edificio de principios del X.XIX, que funcionaba como bodega, hace unos años la rehabilitaron manteniendo la fachada original. 


La planta calle, tiene una luz bastante tenue que ayuda a relajarse, además tiene una decoración minimalista en la que destacan las columnas, cada una de ellas diferentes. Como dato curioso desde esta planta puede ver como se baña la gente en la piscina que se encuentra en la planta alta del edificio ya que el suelo de la piscina es de cristal.

En los extremos de la planta calle hay alguna tienda, en el resto de plantas hay una bonita biblioteca, una sala de estudios, sala de exposiciones y cines.






Se nos echaba el día encima, y era hora del volver a la estación, pero antes aprovechamos para tomarnos un pastel de arroz, que es un dulce típico de la zona y por último nos acercamos a la segunda catedral de Bilbao, seguramente la más conocido y que seguro que a mi compañero Pedro le gustaría ver, se trata de Campo de San Mamés.


que vimos por fuera, la verdad que exteriormente da un aspecto de viejo y dispone de un museo cuya precio de entrada ronda los 6 €.

De aquí nos dirigimos a la parada del Tranvía que se encuentra a 2 minutos andando que nos llevo de nuevo a la estación de Axturi.  



En líneas generales nos gusto la ciudad, ya que no es muy grande, tiene una gran movilidad, tanto para acceder a la ciudad como para desplazarte por ella, ya que dispone de tren, autobús, metro y tranvía, se encuentra bastante limpia, cosa que nos sorprendió poco siempre ha llevado fama de todo lo contrario.


Quizás su punto débil por decir algo sea que para mi gusto es una ciudad demasiado moderna, ya que tiene edificios de construcción reciente y moderna como el Guggenheim, Euskalduna, Metro etc.., lo que le quita algo de encanto. Así que nos resulto una ciudad bonita pero no será una de estas que se te quedan grabadas y las recuerdas en el tiempo, pero os recomiendo su visita.

jueves, 14 de julio de 2011

Lekeitio

Por tercer verano consecutivo, hemos pasado parte de nuestras vacaciones en Lekeitio, esta bonita villa marinera, que desde el primer día que la visitamos nos atrapó.

Lekeitio se encuentra situado en el litoral oriental de la provincia de Bizkaia, en la comarca de Lea-Artibai, cuenta con un clima suave y está asentado sobre las laderas de los montes Otoio y Lumentza. En la actualidad tiene 7.500 habitantes, antiguamente su economía se basaba en la pesca, la industria conservera y la maderera, pasando actualmente estas a un segundo plano, convirtiendo el turismo y los servicios como principal actividad económica.

Aparcar en el interior de Lekeitio no es tarea fácil, en el extrarradio de la villa, hay varios aparcamientos gratuitos, nosotros habitualmente dejamos el coche en los primeros aparcamientos, bien el que se encuentra en la entrada junto a la residencia o en el siguiente junto al centro de salud y al lado del hotel Zubieta. Caminando hacia el centro, nos encontramos con algunas edificaciones clásicas de la zona, como esta en la calle Denbaki.



O el Palacio de Uriarte, en la calle Santo Domingo, un palacio de origen barroco, construido a mediados del S.XVI, que da al casco histórico.


Allí se encuentra, uno de los principales puntos de interés de la villa, la Basílica de Santa María de la Asunción, que data del S.XV, es de estilo gótico y que tiene aspecto de fortaleza. Del exterior destaca su fachada que tiene un color especial debido a su cercanía con el mar y de la que destaca su portada con arcos apuntalados y el friso.


La Basílica por dentro es pequeña y está compuesta por una nave principal con altos techos, algo característico del gótico y bóvedas de crucería, al fondo de la nave principal se encuentra el Retablo Mayor policromado que ocupa todo el ancho de la nave.




En la plaza Enparantza que se encuentra al lado de la Basílica, esta el edificio del ayuntamiento que sirve también como oficina de turismo, a unos metros se encuentra la Playa de Isuntza, la única playa de Lekeitio, se trata de una playa semiurbana que cuenta con una mar tranquila, ideal para niños, aunque su cercanía con el puerto haga que nosotros habitualmente vayamos a la de Karraspio, que se encuentra justo al lado pero que pertenece a Mendetxa.

La Playa de Isuntza cuenta con vestuarios, duchas, baños, además de alquiler de piraguas con las que podemos dar un paseo y rodear la isla de san Nicolás. Además de darnos un baño, podemos pasear por la arena, o por los jardines que se encuentran encima de la playa, que sirven de mirador, y que cuentan con un parque infantil para los más pequeños.





Cerca de ambas, se encuentra la isla de San Nicolás, a la que podemos acceder cuando la marea este en bajamar, bien por el arenal de la playa de karraspio, o por el paseo en piedra construido para llegar hasta ella, el problema de este último, es que hay varios tramos rotos por lo que a veces nos tocara bajar a la arena.

Una vez en la base de la isla, se accede a ella, a través de unas escaleras construidas en la roca, y continuar después por un sendero, que nos lleva a lo más alto, donde quedan restos de una antigua ermita, y desde la que se obtienen unas fantásticas panorámicas del litoral y de Lekeitio.






Volviendo sobre nuestros pasos y continuando por los jardines de la avenida Santa Elena, se llega al puente de Isuntza, donde se forma la ría y donde se encuentra varada la embarcación Boga Boga, un claro ejemplo de la construcción naval que se realizaba en la zona.



Desde el puente de Isuntza, comienza unas de las rutas más conocidas de la zona, y que cada año va ganando más adeptos, la Lea Ibilbidea, que recorre las poblaciones de Mendexa, Oleta (Amoroto), Gizaburuaga, Aulestí y Munitibar. 

En el inicio de la ruta, podemos ver El Molino de Mareas Marierrota, del que apenas quedan restos del antiguo, y que ha sido reconstruido, además de ver el edificio, podemos dar un paseo por el dique, donde la gente aprovecha para pescar y en el que hay unas fantástica vistas de la marisma. 



Volviendo al casco histórico, llegamos al Puerto, con un origen pesquero, pero que a pasos agigantados van ganándole terreno, las embarcaciones de recreo. Si os gusta el pescado, es aconsejable bajar al puerto a primera hora de la mañana, ya que se ponen los puestos ambulantes y podemos comprar pescado fresco muy barato.


A medio día tanto los lugareños como turistas, se aglutinan en los restaurantes y bares para tomar el chiquiteo, la especialidad en muchos de ellos son los pulpitos conocidos como Rabak, en esa misma zona se encuentra amarrado el Barco Playa de Ondarzabal, un antiguo barco pesquero con casco de madera que ha sido reconvertido en museo etnológico.

Andando por el Casco histórico, se pueden ver varios de los principales edificios de lekeitio, como el Palacio de Oxangoiti, la Antigua cofradía de pescadores o la Iglesia de San José.


Saliendo del casco histórico llegamos la Punta Amandarri, que sirve de rompeolas con fantásticas vistas de la isla de San Nicolás, y donde se sitúa el restaurante del Club Náutico, con la mejor terraza de la zona. 

Justo encima del Club Náutico hay un pequeño chiringuito, donde tomarse al atardecer o por la noche una copa.




Desde allí tomaremos el paseo de Santa Catalina, que discurre junto al Cabo de Santa Catalina, una bonita zona de acantilados, donde las gaviotas se posan, a tan solo unos metros de nosotros.



A lo largo del paseo, hay una zona de descanso con un pequeño parque infantil y una fuente, al final del paseo y después de unos 20 minutos desde el club náutico llegamos hasta el Faro de Santa Catalina.


El Faro de Santa Catalina, es un pequeño complejo que dispone de un mirador al faro y al cantábrico, bar/cafetería, aseos y la zona de visita al faro. Valga como aviso a navegantes que la visita es guiada y cuesta 6,50 € pero que no se visita el faro sino las antiguas estancias de la casa del farero que se han reconvertido como Centro de Interpretación de la navegación. 

A escasos 50 metros del complejo terminaremos la visita con La Ermita de Santa Catalina de Antzoriz, de origen gótico, planta rectangular y muros de mampostería, en la actualidad se puede visitar aunque esta desacralizada.



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