Hasta principios del siglo
XIX, los únicos que conocían Ordesa eran contrabandistas, pastores
y cazadores, gente que no sabía escribir o no se preocupaba por
hacerlo, así que fuera de los valles nadie tenía noticia de la
existencia de este y otros enclaves del pirineo.
A finales del siglo XVIII,
los pioneros del turismo de montaña empezaron a explotar la
cordillera, en su mayor parte aristócratas franceses, que hacían
excursiones desde los balnearios como Barèges o el de Saint Sauveur, adentrándose poco a poco hacia el sur, descubriendo lugares como el
Circo de Gavarnie, hasta que en el año 1787, el barón de Carbonnière
llega al pirineo, con la intención de descubrir la ruta, a la cima,
que los cazadores llamaban 'moum-perguti', la montaña perdida.
Tras quince años de
perseverancia, en el año 1802 lanza una avanzadilla compuesta por
los guías Rondo y Laurens, acompañados por un pastor de Pineta,
que logran hollar la cima el 6 de agosto de 1802 y cuatro días más
tarde, repite itinerario coronando la cumbre de Monte Perdido, desde la que avista el cañón de Ordesa, que no tardaría en
visitar, cruzando por el Puerto de Bujaruelo.
En los siguientes años,
los relatos de este legendario montañero atrajeron a otros
pirineístas, como Henry Russell, que junto con otros grandes como
Lucien Briet, Schrader o Henri Beraldi, reclamaron la protección de
Ordesa frente a deforestación, la pesca o la caza, para evitar la
desaparición de la cabra montesa pirenaica, el Bucardo, cuyas
últimas manadas sobrevivían en las abruptas laderas de Ordesa (el
último ejemplar murió en enero de 2000).
Finalmente, el impulsor
fue un español; Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa de Asturias,
que el 16 de agosto de 1918 declaro Parque Nacional, con el nombre de
<<Valle de Ordesa>>, que el 13 de julio de 1982 se amplio
y recalifico al actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, que
con una superficie de 15.608 ha, engloba los términos municipales de
Bielsa, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin, Torla-Ordesa y Broto.
Su orografía, está
dominada por el macizo de las Tres Sorores, Treserols, el macizo
calcáreo más alto de Europa, del que en forma más o menos radical,
descienden una serie de impresionantes crestas montañosas y valles
glaciares, siendo el más característico, el valle de Ordesa,
recorrido por el río Arazas, que se abre en dirección este-oeste,
que es el que hoy domingo en compañía de mi familia y un amigo de
Adrián, queremos recorrer, aprovechando que el año pasado, el
Parque Nacional conmemoro su centenario.
La idea es hacer la ruta circular, que partiendo desde la Pradera de Ordesa, nos acerca hasta los miradores de las cascadas de Arripas, la Cueva y el Estrecho, situados en la margen derecha del río Arazas, para más tarde regresar por la margen izquierda, así que sobre las 9 de la mañana, salimos de Cuarte de Hueva, recogiendo previamente a un amigo de Adrián.
Tras coger pan en La Nave,
echar gasóleo y tomar un café en Broto, llegamos a Torla, donde
disfrutamos de la clásica estampa de esta bella localidad del valle
de Broto, con el Mondarruego de fondo, puerta de acceso al Parque
Nacional de Ordesa y Monte Perdido, a cuyo aparcamiento situado en la
Pradera de Ordesa llegamos cerca del mediodía, con la grata sorpresa
de que el aparcamiento se encuentra “poco concurrido”, para ser un
domingo de verano.
Con tranquilidad,
preparamos las mochilas. Cuando el reloj está a punto de marcar las
12, nos ponemos en marcha, cruzando la parte final del aparcamiento,
hasta coger el camino de Soaso por el que tomando de referencia las
marcas blancas y rojas del GR.11, nos adentramos en un espectacular
hayedo-abetal que en sus primeros compases, se entremezclan con
pequeñas praderas, conocidas en la zona como <<lañas>>, donde podemos ver como emerge la Punta Tobacor.
Unos metros más adelante, el camino desemboca en una replaceta, en la que se ubica la hornacina de la Virgen del Pilar, encrucijada de caminos, donde dejamos el sendero que asciende de forma directa hacia las clavijas de Cotatuero, para continuar dirección Este por el camino de Soaso, paralelos al cauce del río Arazas, que observamos su discurrir apoyados en el puente de Cotatuero.
Después, seguimos
caminando hasta adentramos definitivamente en hayedo-abetal, en el
que los jóvenes ejemplares se entremezclan con los más longevos, de
un porte descomunal, que al pasar junto a ellos nos hacen sentirnos
“poca cosa”, formando un espeso manto verde, que tan solo nos
permite oír el río, alimentado por un sinfín de arroyos y
barrancos, como el de las Ollas, que remontamos unos
metros para disfrutar de las cascadas que forma antes de desembocar
en el río Arazas.
Con cuidado, bajamos
al camino, por el que continuamos atravesando este bosque de hadas,
donde el maravilloso entorno y la sombra que nos ofrecen las hayas,
hace que apenas nos percatemos que vamos subiendo, mientras poco a
poco, el río comienza a sonar cada vez más, advirtiéndonos de la
cercanía de la primera de las cascadas, la cascada de Arripas, a
cuyo mirador llegamos cuando todavía no ha transcurrido una hora
desde el inicio (±50
minutos).
Si bien desde el mirador
hay una trocha que baja hasta el cauce del río, está es bastante
pendiente y resbaladiza, así que como se que si bajo yo, los chicos
me van a seguir, decidimos disfrutar de está espectacular cascada desde el mirador,
seccionada en varias alturas, que se expande como un abanico en el salto principal, por lo que también es conocida como la cascada del Abanico, mientras elevamos la mirada para observar los paredones calizos por los que discurre la faja de Pelay.
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Con la estampa que forma el pueblo de Torla con el Mondarruego de fondo, accedemos a la Pradera de Ordesa |
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Desde la que empezar a caminar, hasta coger el camino de Soaso, en el que vamos alternando el bosque |
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Con pequeñas praderas, conocidas como <<lañas>> |
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Tomando de referencia las marcas blancas y rojas del GR.11, hasta llegar a una replaceta |
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En la que se ubica la hornacina de la virgen del Pilar, tomando el ramal de la derecha |
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Paralelos al cauce del río Ara, que observamos desde el puente de Cotatuero |
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Después, seguimos dirección Este por el camino de Soaso, adentrándonos definitivamente en el hayedo-abetal |
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En el que los jóvenes ejemplares se mezclan con otros más longevos, formando un espeso manto |
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Que solo nos deja oír el río, alimentado por un sinfín de arroyos y barrancos |
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Como el de la Olla, que forma pequeñas cascadas antes de desembocar en el río Arazas |
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Luego, regresamos al camino por el que vamos subiendo ligeramente, mientras el río poco a poco suena más |
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Alcanzando el mirador de la cascada de Arripas, también conocida como la cascada del Abanico |
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Elevando la mirada para ver los paredones calizos, por los que discurre la faja de Pelay |
Picamos unas patatas fritas, echamos un trago de agua fresca en la fuente de Arripas, para acto seguido, reanudar la marcha por el camino de Soaso, sostenido en este tramo por un muro de contención, que va trazando unas cuantas lazadas, que nos permite seguir ganando desnivel sin apenas esfuerzo, hasta llegar a una bifurcación de caminos, donde podemos elegir el ramal de la izquierda que se dirige de forma directa a la Cola de Caballo (sin pasar por las cascadas) o el de la derecha, que va a las cascadas de la Cueva y del Estrecho.
Como nuestra intención es realizar la circular a las cascadas, tomamos el ramal de la derecha
por el que más tarde cambiaremos de margen para regresar a la
Pradera de Ordesa por el mirador de los Bucardos, aunque ahora nos
vamos primero a ver las cascadas, por un camino que rápidamente se
transforma en un precioso sendero que nos introduce de lleno en el
bosque, por el que avanzamos disfrutando del entorno, atentos a las raíces de las hayas que afloran en el sendero, hasta llegar al desvío del mirador de la cascada de la Cueva, al que llegamos tras descender unos metros.
Si bien las vista desde el mirador de la cascada, no es la mejor de todas, debido a las tardías
nevadas del mes de junio, la cascada baja a tope de agua. Aprovechamos la barandilla para apoyarnos en ella y fotografiarnos
con la cascada de fondo, para una vez visitada, regresar sobre
nuestros pasos hasta el sendero principal, por el que remontamos el
desnivel perdido por un sendero rocoso, hasta alcanzar el camino
acondicionado que nos lleva hasta el mirador de la cascada del
Estrecho, desde el que divisamos está espectacular cascada, que sin
duda es la más bonita de las tres, aunque como la visión desde el
mirador es algo alejada, decidimos acercarnos un poco remontando el
río.
Una vez hechas las pertinentes fotografías, volvemos al mirador, donde antes de ver
cual es el siguiente paso, bajo por una corta trocha hasta la parte superior de la cascada de la Cueva, en la que observo como el agua se
precipita al vacío y entre las ramas de la hayas,
el Gallinero, en el que unos metros más abajo, discurre la
espectacular Faja de las Flores, que hace ya unos cuantos años recorrí con mi hermano.
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Tras reponer energías, regresamos al camino de Soaso, sostenido en este tramo por un muro de contención |
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Que va trazando varias lazadas, hasta llegar a una bifurcación de caminos, donde cogemos |
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El camino que va hacia las cascadas de la Cueva y el Estrecho, que nos mete de lleno en el bosque |
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Transformándose en un sendero, por el que vamos disfrutando del entorno, atentos a las ramas de las hayas |
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Hasta llegar al desvío al mirador de la cascada de la Cueva, al que accedemos bajando unos metros |
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Y desde el que disfrutamos de la cascada, que debido a las nevadas del mes de junio, baja a tope de agua |
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Así que apoyados en la barandilla, aprovechamos para hacernos una foto con la cascada de fondo |
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Después, regresamos sobre nuestros pasos, hasta el sendero principal, donde remontamos los metros perdidos |
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Hasta alcanzar el camino acondicionado por el que accedemos |
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Al mirador de la cascada del Estrecho, donde remontamos unos metros el río Arazas, para verla de más cerca |
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De vuelta al mirador, me aproximo por una trocha a la parte superior de la cascada de la Cueva |
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En el que observo como el agua se precipita al vacío |
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Y entre las ramas de las hayas, el Gallinero |
Son las 2 de la tarde, ahora podemos comer en el mirador, regresar
sobre nuestros pasos para cruzar a la margen izquierda del río Arazas
por el puente de Arripas, situado cerca del desvío a las cascadas o
seguir un poco más por el camino de Soaso, hasta donde los chicos
aguanten.
Por votación popular (los
chicos votan por seguir, yo me abstengo y mi mujer quiere volver), al
final decidimos seguir “un poco más”, así que regresamos sobre
nuestros pasos durante un centenar de metros, hasta que a mano
derecha cogemos un sendero, por el comenzamos a ganar rápidamente
desnivel, en una corta pero dura ascensión donde los rayos del sol
iluminan las hojas de los árboles, ofreciendo unos bonitos
contraluces de la muralla rocosa de la Punta Tobacor.
A medida que vamos ganando
desnivel, la pendiente se va moderando, mientras subimos observamos a
nuestra derecha la parte superior de la cascada del Estrecho, mientras
unos metros más adelante, enlazamos con el camino de Soaso, que
abandonamos por unos minutos para acceder a un balcón, en el que
vemos desde arriba como la cascada del Estrecho se precipita al
vacío, en tanto aguas arriba, el río Arazas forma otras cascadas de
menor envergadura.
Después, regresamos al
camino, en el que de repente el bosque nos engulle, estamos en el
Bosque de las Hayas, mágico lugar donde el camino en claro ascenso
va realizando varias lazadas, cuyo esfuerzo es mitigado por la
humedad, envergadura y follaje de los árboles, de este
hayedo-abetal, que es la principal especie arbórea que conforma el
Parque Nacional, donde el 18% de su superficie está vestida por los
bosques.
Cuando el terreno da una
tregua, alcanzamos un pequeño refugio de madera, clásicos en este
Parque Nacional, donde nos detenemos unos minutos para esperar a mi
mujer que se ha quedado rezagada, al mismo tiempo que permanecemos en
silencio, escuchando el trinar del herrerillo capuchino, el Reyezuelo
y otros pájaros, que habitan estos bosques de cuentos de hadas.
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En el mirador, decidimos seguir un poco más, así que retrocedemos un centenar de metros |
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Hasta coger a mano derecha un sendero |
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Corto pero intenso |
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Donde los rayos del sol iluminan las hojas de los árboles |
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Ofreciendo bonitos contraluces de las murallas de la Punta Tobacor |
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Mientras a nuestra derecha, observamos la parte superior de la cascada del Estrecho |
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Unos metros más adelante, enlazamos con el camino de Soaso, que abandonamos un instante |
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Para asomarnos a un balcón, donde vemos como la cascada del Estrecho se precipita al vacío |
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En tanto aguas arriba, el río Arazas forma otras cascadas de menor envergadura |
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Luego, regresamos al camino de Soaso |
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En el que por arte de magia, el bosque de las Hayas nos engulle |
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La humedad, envergadura y el follaje de las hayas, nos permiten subir plácidamente |
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Hasta llegar a la altura de un refugio de madera, en el que nos detenemos para oír trinar a los pájaros |
Ya todos juntos, los chicos se encuentran animados, quieren más!, así que proseguimos con la idea de intentar comer en la Gradas de Soaso, caminando por medio del hayedo, donde poco a poco los abetos se comienzan a entremezclar con las hayas, ganando protagonismo, ofreciéndonos una agradable sombra que nos hace ir ligeros.
Siempre en suave ascenso,
el camino traza un par de largas lazadas, donde comenzamos a notar
que el bosque va clareando, hasta salir al paraje que forma la cueva
del Frachinal, que transcurre por una amplia terraza por la que
avanzamos disfrutando del paisaje, viendo como en poco tiempo, el río
Arazas ha quedado en lo hondo.
Al final de la
terraza, iniciamos un tenue descenso hacia el cauce del río,
cruzando el barranco de Tobacor, que hoy baja completamente seco (hay
una pasarela metálica), observando como poco a poco el valle se va
abriendo, hasta llegar a la orilla del río, que en este tramo sus
aguas bajan remansadas.
Paralelos a la margen
derecha del río, avanzamos tranquilamente viendo como la vegetación va cambiando, las hayas y abetos que hasta ahora cubrían ambas
laderas, van dando paso en las parte superiores al pino negro,
claramente distinguible desde aquí por las franjas de color que ambas
especies ofrecen, mientras al fondo intuimos las Gradas de Soaso.
A la sombra de un árbol,
nos detenemos un instante para reponer la capa de crema solar. En
este tramo, el arbolado va escaseando y el sol que hasta ahora
habíamos ido esquivando, se nota, aunque de vez en cuando algunas nubes lo van tapando, cosa que por una parte se agradece, pero por otra nos preocupa, ya que no queremos que se nos estropeen las vistas.
Después, seguimos unos
metros más por el camino de Soaso, hasta llegar a la altura de las
Gradas de Soaso, donde abandonamos el camino, para tomar a la derecha
una trocha por la que bajamos hasta la base de las Gradas de Soaso,
en las que decidimos para a comer a la sombra de un arbusto, para
saborear un delicioso bocadillo de tortilla de patata, mientras
disfrutamos de tan magnifico espectáculo.
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Todos juntos, desde el refugio continuamos por medio del hayedo hacia las Gradas de Soaso |
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Por un espectacular bosque, donde los abetos van ganando protagonismo |
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Ofreciéndonos una agradable sombra, que nos permite subir ligeros |
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A medida que vamos ganando desnivel, el bosque clarea, alcanzamos el paraje que forma la cueva Frachinal |
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Que recorremos por una amplia terraza, donde el río Arazas, en poco tiempo ha quedado en lo hondo |
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Una vez superada, iniciamos un tenue descenso hasta llegar a la altura del cauce del río Arazas |
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Cuyas aguas en este tramo bajan remansadas |
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Ya por terreno llano, seguimos caminando paralelos al río, viendo como la vegetación va cambiando |
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Las hayas, van dando paso al pino negro en la parte superior de la ladera |
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Mientras al fondo ya podemos ver las Gradas de Soaso, a las que llegamos caminando por el camino de Soaso |
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Que abandonamos, para coger una trocha, que nos deja en su base, desde la que disfrutamos |
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De tan magnífico espectáculo |
Permanecemos casi una hora junto al río, la verdad es que se está muy bien, pero toca regresar. Como estamos a tres cuartos de hora de la Cola de Caballo, propongo que regresen mientras yo me acerco corriendo, pero los chicos se niegan en rotundo a volver, y mi mujer, para no quedarse sola también quiere ir, así que todos a la Cola de Caballo!.
Recogemos todo, dejamos el
entorno como está y volvemos al camino de Soaso, por el que comenzamos a remontar el río Arazas, con una sucesión de largas lazadas, que nos permite disfrutar desde diferentes alturas, de la sucesión de cascadas que conforman las Gradas de Soaso, hasta llegar a un balcón, donde nos reagrupamos.
Siguiendo el curso del
río, alcanzamos la parte superior del valle de Ordesa, donde el
camino de Soaso, se transforma en un camino adoquinado, desde el que
disfrutamos por primera vez, del impresionante macizo de Monte
Perdido, cubierto mínimamente por las nubes, que esperemos que no vaya
a más y nos fastidien las vistas …, mientras por terreno
completamente llano, vamos atravesando el valle que se va
expandiendo, pasando junto al refugio de Soaso, que dejamos a nuestro
izquierda, para continuar paralelos a la margen derecha del río
Arazas, que observamos como es alimentado por otros barrancos que
forman unas bonitas cascadas.
A medida que nos vamos
acercando, el camino va virando poco a poco hacia el Norte, la visión
del Circo de Soaso nos da aliento para seguir caminando, en tanto, atravesamos extensos pastizales salpicados en las partes altas de pino negro, en los que descansa el ganado, donde agazapada en una
roca, pensando que no las vemos, vigila nuestros pasos una curiosa marmota, mientras al fondo, ya intuimos la Cola de Caballo, a la que
llegamos remontando un pequeño montículo, por una tímida trocha que se difumina a ratos entre las rocas.
Una vez en la Cola de
Caballo, permanecemos unos minutos disfrutando de tan magnífica
cascada, que deseamos ver más de cerca, así que cruzamos el cauce
del río por una pasarela metálica, dejando a nuestra derecha el
sendero que sube al refugio de Goriz y la faja de Pelay, para
continuar por una senda paralela a la margen izquierda del río
Arazas, hasta llegar a la base de la Cola de Caballo, en la que nos
hacemos unas fotografías de recuerdo.
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Después de comer, regresamos al camino de Soaso |
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Por el que comenzamos a remontar el curso del río Arazas |
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Por una sucesión de lazadas |
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Que nos permite ver a diferentes alturas, la sucesión de cascadas que forman las Gradas de Soaso |
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Hasta llegar a la parte superior del valle de Ordesa, donde el camino se transforma en un sendero adoquinado |
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Desde el que disfrutamos por primera vez del impresionante macizo de Monte Perdido |
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Paralelos a la margen derecha del río Arazas, continuamos observando como es alimentado por otros barrancos |
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Que forman bonitas cascadas y chorreras. A medida que vamos avanzando |
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El camino va virando hacia el Norte, atravesando extensos pastizales, en los que descansa el ganado |
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Mientras una curiosa marmota vigila nuestros movimientos |
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Finalmente, llegamos a la Cola de Caballo, que para ver más de cerca, cruzamos el río por una pasarela |
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Donde cogemos una senda por la que llegamos a la base de la Cola de Caballo |
Nos ha costado algo más
de cuatro horas llegar, descansamos unos minutos, nos
remojamos los pies, para acto seguido iniciar el camino de regreso,
atravesando la parte superior del valle, en el que afortunadamente el
sol es tapado por la nubes, pero no así el macizo de Monte Perdido, que ahora se muestra en su máxima plenitud, fijándonos en los
detalles y como una cría se alimenta de su madre.
Al final del valle,
iniciamos el descenso hacia las Gradas de Soaso, llegamos a su base,
caminamos junto al río hasta llegar a la altura del barranco de
Tobacor, en el que iniciamos la última subida del día hasta el
paraje de la cueva del Frachinal, donde nada más dejarlo atrás, nos
adentramos en el espectacular hayedo-abetal del bosque de las Hayas,
en el que los chicos se lanzan cuesta abajo charrando, mientras yo me
quedo a medio camino entre ellos y mi mujer, llegando al desvío
hacia las cascadas de los Estrechos y la Cueva.
Aunque nos gustaría visitarlas de nuevo y coger el desvío para cruzar a la margen izquierda del río, donde poder disfrutar de las vistas hacia la zona de Cotatuero, nos conformamos con lo realizado, así que obviamos el desvío a las cascadas, para continuar por el camino de Soaso hacia el fondo del valle, pasando junto al mirador de la cascada de Arripas, que miramos por última vez, hasta llegar definitivamente al fondo del valle, donde los chicos siguen a su
marcha hacia la Pradera de Ordesa, mientras yo espero a mi mujer, pasando
junto a la hornacina de la Virgen del Pilar y en cinco minutos más, al aparcamiento, donde los chicos nos esperan sentados en un banco.
Ahora, recogemos todo, montamos en el coche y nos vamos a Broto a tomar un helado, que bien merecido se lo tienen, pero por lo visto no están cansados, que se marchan a callejear por Broto, a cazar Pokemons, pero eso ya son otras historias.
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Descansamos unos minutos, para acto seguido regresar por la parte superior del valle |
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Echando una mirada atrás para disfrutar del macizo de Monte Perdido |
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Y de los detalles, como el de un ternero alimentándose de su madre |
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Al final del valle |
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Iniciamos el descenso hacia las Gradas de Soaso |
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Una vez en su base |
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Caminamos paralelos al río, cruzamos el barranco de Tobacor, e iniciamos la última subida |
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Hasta alcanzar la terraza por la que recorremos el paraje que forma la cueva del Frachinal |
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Donde nada más dejar atrás, iniciamos el descenso por medio del hayedo |
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Dejando a nuestra izquierda el desvío hacia las cascadas del Estrecho y la Cueva |
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Para continuar haciendo fondo del valle por el camino de Soaso |
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Pasando junto al mirador de la cascada de Arripas, que miramos por última vez |
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Alcanzando el fondo del valle |
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Y la hornacina de la virgen del Pilar |
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Alcanzando después de siete horas la Pradera de Ordesa |