lunes, 29 de septiembre de 2014

SL–GI 4001 Agorregi: hierro y agua (Parque Natural Aia Pagoeta)


Después de la visita realizada ayer, a la ciudad de San Sebastián, por la mañana nos levantamos tarde, y al mediodía, nos acercamos a Zarautz a dar una vuelta, y comprar pescado.

Esta tarde, nos apetece acercarnos a realizar alguna ruta por el Parque Natural de Aia-Pagoeta, que ya visitamos hace siete años. Por aquel entonces subimos a la Cruz de Pagoeta, e hicimos la visita guiada a la Ferrería Agorregui, a la cual accedimos por la pista asfaltada del Caserío de Manterola.

De aquella visita, recuerdo que se podía hacer una ruta en circular, pero desde el centro de interpretación, así que, para allí que nos vamos. Para descargar el track, haz clic en el símbolo de Wikiloc.



Para llegar desde Zarautz, cogemos la carretera nacional hacia San Sebastían, en cuanto subimos un pequeño puerto, nos desviamos hacia la población de Aia por la carretera comarcal GI-2631, y por ella antes de llegar, cogemos un desvío a mano izquierda hacia el aparcamiento de Iturraran.

Dejamos el coche aquí, y nos acercamos hasta un panel informativo, con un mapa del parque natural, donde nos marcan varias rutas ha realizar, y entre ellas, está la SL-GI4001 que en ruta circular recorre el complejo de Ferreria y Molinos de Agorreguí.

En este punto, ponemos el gps a cero, caminamos unos metros por pista asfaltada, que nos adentra en el jardín botánico que cuenta con una superficie de 25 hectáreas, donde podemos ver vegetación autóctona, y otras de todos los lugares del planeta, algunas de ellas, bastante vistosas.

Transcurridos, poco más de cien metros, llegamos a un desvío, debidamente señalizado, aquí nos vamos hacia la izquierda, y enlazamos con un sendero, que en un suave descenso, nos lleva por detrás del Centro de Interpretación de Iturrarán, pasando por el jardín botánico, hasta la altura de un vallado.






En este punto, el sendero se bifurca en dos, junto a la puerta del vallado, hay una marca de giro, pero dudamos si se refiere al sendero que baja antes del vallado, o al que continua tras este.

Después de echar un vistazo, Adrián que tiene una vista de lince, ve las marcas blancas, verdes y rojas de la ruta, unos metros pasado el vallado, así que abrimos la puerta, la cerramos y continuamos por el sendero, que por un pronunciado descenso, con algo de barro, nos adentra en un espeso bosque caducifolio, de hayas y helechos.

Cuando alcanzamos el cauce de un barranco, la pendiente se suaviza, aunque cada vez está más embarrado, debido a las lluvias de hace unos días, y al espesor del bosque, que hace que los rayos del sol, apenas entren.

A pesar de esto, el camino se encuentra bien señalizado, de vez en cuando, nos encontramos las marcas del sendero, y tras dejar un desvío a nuestra izquierda, continuamos rectos, hasta alcanzar el camino el aparcamiento de Manterola.





En este aparcamiento, es donde dejamos el coche, la primera vez que estuvimos, desde aquí cogemos el camino asfaltado de acceso al Caserío de Manterola, y al complejo de Agorregui, que se encuentra señalizado con unas placas metálicas, a un lado del camino.

Continuamos por la pista con precaución, ya que está abierta al tráfico rodado, a los cien metros llegamos al desvío hacia el Caserío de Manterola, que en su tiempo fue una ferrería menor, el cual obviamos, y cruzamos el puente que nos permite salvar las aguas del río Altxerri.





Con el cauce del río, a nuestra derecha, seguimos por el camino, rodeados de campos de cultivo, al llegar a la entrada del complejo, marcado con dos grandes placas de bronce, nos adentramos en un bonito bosque, donde no tardamos en llegar a los tres molinos, que componen el complejo de Agorregui.

Construidos en el S.XIV, se utilizaban para moler trigo y maíz, el primero que nos encontramos, es el Molino de Elordí, donde hay un bonito salto de agua, el segundo situado a tan solo doscientos metros, es el Molino de Arguín Berri, que cuenta con un pequeño depósito de agua, el tercero situado a poco más de cien metros, es el de Beheko Errota, permaneció abierto hasta el año 1965, y fue el último en cerrarse.


Al final de camino, llegamos a la Ferrería Agorreguí, que cuenta también con un molino, y un depósito de agua, construida en el S.XV, fue una ferrería mayor, donde se conseguía el hierro, y que estuvo en funcionamiento durante dos siglos.

Nosotros en la anterior visita, la vimos en funcionamiento, y sin duda merece la pena, dependiendo de la época del año en que se visite, los horarios cambian, así que es aconsejable mirar en la página web del Parque Natural.

Mientras el peque descansa, subo por una loma, que me deja en la parte alta de la ferrería, donde el agua pasa canalizada, para ser reutilizada, siguiendo el canal, llego a un pequeño mirador, donde las vistas son bastante cerradas.



Desde el mirador, desciendo hasta la base de la ferrería, echamos un vistazo al reloj, y vemos que nos queda poco más de media hora para regresar, ya que el aparcamiento lo cierran a las siete de la tarde.

Así que sin pausa pero sin prisa, seguimos nuestro camino, a partir de la ferrería el asfalto da paso a la tierra, así que continuamos por un amplio camino en suave subida, que nos lleva por medio de un tupido y variado bosque, en el que predominan las hayas, robles, fresnos y arces.

Aunque el camino es bastante evidente vamos siguiendo las marcas blancas, rojas y verdes, tras varias lazadas, alcanzamos el vallado, lo cruzamos por la puerta, y nos adentramos en el jardín botánico, que cuenta con más de cinco mil especies de árboles y arbustos.

Ya cerca del aparcamiento, nos acercamos hasta un área recreativa, y cinco minutos antes del cierre, llegamos al aparcamiento dando por finalizada está bonita ruta circular.









miércoles, 17 de septiembre de 2014

San Sebastián






Para el martes, pronostican un tiempo bastante variado, sol, nubes, y algunas lluvias, de escasa importancia, como suele ser habitual, estos días que "en teoría no son de playa", los aprovechamos para hacer alguna ruta o ver algún lugar de los alrededores, y hoy no va a ser distinto, así que nos vamos a visitar San Sebastián.

Para evitar tener que coger el coche, gastar en gasolina, y sobre todo en aparcamiento, decidimos ir a la estación del Euskoten de Zarautz, el billete sencillo cuesta 2.35 €, y la estación de Amara, se encuentra a poco más de cinco minutos del centro de la ciudad, y de la playa de la Concha.

El trayecto dura una media hora, y además parte de el, se desarrolla por plena naturaleza, por lo que se disfruta de un magnífico paisaje, cerca de San Sebastián comienza a llover con fuerza, aunque en la ciudad se ve que está bastante despejado, ¡haber que día nos depara!

A eso de las once, llegamos a San Sebastián, al barrio de Amaia, cogemos la calle Easo, y en poco más de cinco minutos nos plantamos en la playa de la Concha, que tiene una longitud de 1.350 m, y una anchura media de 40 m, dependiendo de las mareas, y cuenta con ser uno de los 12 Tesoros de España, aunque hoy se encuentra prácticamente desierta.

De momento el día aguanta, el cielo cada vez está más despejado, así que aprovechamos para caminar por el Paseo de la Concha, e ir hacia el Monte Igueldo, no sin antes detenernos en la playa de Ondarreta, que cuenta con ser el arenal más pequeño de la ciudad, aunque su anchura es mayor que la de la Concha, debido a que está menos expuesta a la variación de las mareas.

La playa dispone de una cafetería, y un pequeño chiringuito, donde aprovechamos para comprarle un helado a Adrián, y así este un rato entretenido.





Al final del Paseo de Ondarreta, vemos un letrero que nos indica la ubicación del Funicular del Monte Igueldo, cogemos la calle Satrustegui, que nos lleva por detrás del Real Club de Tenis de San Sebastián, y en un par de minutos nos plantamos junto al edificio del Funicular, donde compramos las entradas (3.10 € adultos y 2.30 € niños).

Como hace poco que acaba de subir el último, nos toca esperar un poquito, la frecuencia es de 15 minutos, así que enseguida nos toca el turno.

El funicular cuenta con ser el tercero más viejo de España, fue construido en el año 1912, tiene una longitud de 312 metros, y supera un desnivel de 151 m, por lo que, para los que sufran de vértigo, tienen la opción de subir caminando.

El funicular mantiene su aspecto de época, para los peques es todo una aventura, y Adrián disfruta metro a metro el lento avance de subida, aunque el trayecto es de apenas tres minutos.

Una vez arriba, hay instalado un pequeño parque de atracciones, que fue construido en el mismo año que el funicular, nosotros aprovechamos para acercarnos a la terraza panorámica y disfrutar de las fantásticas vistas que hay de San Sebastián y de la bahía de la Concha.

Después como vamos bien de tiempo, damos un paseo por el parque de atracciones, y nos vamos hasta la otra terraza, con vistas al mar cantábrico y el monte Igueldo.

De vuelta al funicular, descendemos hasta la planta calle, regresamos hasta la Playa de Ondarreta, y desde aquí, continuamos por el Paseo de Eduardo Chillila, hasta el conjunto de tres esculturas, de más de 10 toneladas de peso cada una, conocida como el Peine del Viento, donde nos hacemos las pertinentes fotografías.

Cuando la mar está brava, en el suelo, han construido, unas salidas de agua y aire, que hacen el efecto de un geiser, hoy como la mar está tranquila, no podemos disfrutar de tal efecto, así que para otra vez será.

Sin detenernos en exceso, regresamos por el Paseo Eduardo Chillida, con excelentes vistas de toda la Bahía de la Concha, cuando alcanzamos la unión de la playa de Ondarretea con la de la Concha, nos desviamos unos metros para ver por fuera el Palacio de Miramar, de estilo ingles, y que fue construido como residencia de verano, para la familia real española.




Finalizada la visita a esta zona de la ciudad, es hora de dirigirnos hasta la Parte Vieja, como ya hace bastante calor, y tenemos un paseo de unos veinte minutos, decidimos coger el autobús de la línea 25 (1.65 € billete ocasional), que en apenas diez minutos nos deja en la zona del Boulevard.

Como va siendo la hora de comer, y estamos en la Parte Vieja, nos acercamos hasta la calle Mayor, echamos un vistazo a las diferentes ofertas gastronómicas que hay, y al final nos decantamos por el bar- restaurante Nagusia Lau, donde ofrecen una amplia variedad de pintxos, raciones y un menú sidrería por 36 €,

Como vamos con Adrián, vamos sobre seguro, y nos pedimos el menú sidrería, que aunque es para dos personas, seguro que es más que suficiente para los tres, el precio para ser el casco viejo, es bastante económico, es de imaginar que al estar fuera de temporada de sidra, y no haber barra libre de sidra, esto lo abarata.

El menú sidrería, suele ser en casi todos los sitios igual, de entrantes nos sirven una tortilla de bacalao, y dos trozos de bacalao frito, de plato principal un chuletón con patatas fritas, y de postre el famoso queso Idiazábal con membrillo, y todo regado con una botella de sidra.

Después de reposar la comida, continuamos nuestra visita por la Parte Vieja, caminamos por la calle Mayor, hasta que se cruza con la calle 31 de Agosto, aquí nos detenemos para observar la Basílica de Santa María del Coro, construida en el S.XVII, de origen barroco, pero que en su interior podemos ver elementos decorativos de otros estilos como el gótico o el neoclásico.

Seguimos por la calle 31de Agosto, a pocos pasos nos encontramos con la Iglesia de San Vicente, que cuenta con ser el primer templo construido en San Sebastián, fue construido a mediados del S.XVI, en estilo gótico.

Recorremos el entorno de la iglesia, y salimos a la Plaza Zuloaga, donde se encuentra en Museo de San Telmo, (se encuentra abierto de martes a domingo de 10:00 a 20:00, y el precio de la entrada es de 6 €, siendo gratuito todos los martes del año.)

El museo se encuentra ubicado en un antiguo convento dominico construido en el S.XVI, la torre y el claustro están declarados como Monumento Nacional, en 1932 fue reconvertido en Museo Municipal, siendo ampliado en el año 2011.



Son cerca de las cinco de la tarde, y llevamos unas cuantas horas pateando la ciudad, al peque le apetece jugar un rato, así que mientras él se divierte con un grupo de niños, nosotros aprovechamos a descansar en un banco, mientras disfrutamos de las vistas que hay del Monte Urgull, situado tras el Museo.

Después continuamos la visita, cogemos la calle San Juan, hasta la Plaza Sarriegui, donde se encuentra el Mercado de la Bretxa, actualmente reconvertido en centro comercial, y que debe su nombre, porque fue el lugar, por donde las tropas inglesas penetraron en la ciudad durante el asedio de 1813.

En la misma plaza, podemos ver una réplica del Monumento al Tamborrero, echa en bronce, y a tamaño real, vestido con un traje napoleónico.

Desde aquí, volvemos a la Alameda del Boulevard, donde la gente se aglutina, alrededor de un grupo de baile, a la altura de la calle mayor, nos detenemos para merendar en la pastelería Oiartzun, donde disfrutamos de un potente Milhojas de crema y nata, con yema tostada.

Ya, con el estómago contento, desde la Alameda, enlazamos con la calle Hernani, donde se encuentran los jardines de Alderdi Eder, en el que se ubica el Ayuntamiento, construido en el año 1887, de estilo modernista, y cuya primera función, fue la de Casino de la ciudad.


Damos un paseo por los jardines, y después rodeamos la bahía de la Concha, hasta alcanzar el Paseo del muelle, donde nos detenemos para ver el puerto pesquero de la ciudad.

En este lugar, tenemos la posibilidad de visitar la bahía de la Concha, y sus alrededores, en el Catamarán Ciudad San Sebastián, (9 € adultos, 5 € niños) pero acaba de salir, la siguiente es para las ocho, y se nos hace tarde.

Pasamos junto al Museo Naval, al final del Paseo, llegamos a la Plaza Jacques Cousteau, donde se encuentra el Aquarium (13 € adultos, y 6,50 € niños de 4 a 12 años).

Como el precio nos parece excesivo, decidimos no entrar, ya que además ya hemos estado en otros acuarios del mismo estilo, como en el de Barcelona. 

Aprovechando que hay unos bancos, situados junto al muelle, descansamos un rato, mientras vemos como un grupo de niños saltan al agua desde el muelle, como hace bastante calor Adrián aprovecha para mojarse los pies, y jugar un rato en el agua.

Tras el descanso, seguimos nuestra visita por la ciudad, subimos un tramo de escaleras para llegar al Paseo Nuevo, al cual también se puede acceder, por un ascensor panorámico, o desde la Parte Vieja.

El paseo nos lleva bordeando el Monte Urgull, en donde se alza la escultura del Sagrado Corazón, en el acceso al monte, nos detenemos para ver la escultura Construcción Vacía, del artista Jorge Oteiza.

Nos apetece subir hasta el Monte Urgull, y ver la escultura del Sagrado Corazón, y el Castillo de la Mota, pero Adrián comienza a cansarse, así que continuamos caminando por el Paseo Nuevo, con excelentes vistas de la Bahía de la Concha, y de la ciudad de San Sebastián.







Siguiendo el paseo, alcanzamos la desembocadura del río Urumea en el mar cantábrico, lugar donde comienza el paseo de Salamanca, por el cual continuamos hasta el puente de Zurriola, que nos permite pasar el cauce del río, y así llegar hasta el Palacio de Congresos Kursaal, inaugurado en el año 1999, y en el que desde entonces se celebra el famoso Festival de Cine de San Sebastián, y que para mi gusto desentona bastante con el resto de construcciones de la ciudad, pero para gustos, colores.

Damos una vuelta por el Kursaal, y justo en la parte trasera, se encuentra la playa de Zurriola, que cuenta con una longitud de 800 y una anchura de 110 m, siendo la playa más salvaje de la ciudad, ya que se encuentra abierta al mar, y es muy utilizada por los amantes del surf.

Como el día a ido de menos a más, ahora por la tarde hay bastante bañistas, y es que días como estos no son muy habituales, y eso que está semana el tiempo y las temperaturas son bastante buenas.

Una vez disfrutado de las vistas, y habiendo Adrián pisado un poco la arena de la playa, regresamos hasta el Paseo de Salamanca, cruzamos el puente de Zurriola, y continuamos por la avenida Republica de Argentina, donde se encuentra el famoso teatro Victoria Eugenia, que sin duda es uno de los iconos de la ciudad.

Construido en el año 1912 por Francisco de Urcola, en piedra de arenisca, el teatro conjuga un estilo neorrenacentismo y neoplateresco, y en el, se han celebrado los principales eventos de la ciudad, incluido el Festival de Cine de San Sebastián hasta el año 1999.

La verdad, que no nos importaría volver a la ciudad, para ver algún espectáculo en este emblemático teatro, ya que tiene que ser espectacular, pero sin duda hoy no es el día.

Separado por una pequeña plaza, se encuentra el famoso hotel María Cristina, que al igual que el teatro, se construyo en el año 1912, a lo largo de más de un siglo, ha albergado a las estrellas que venían al festival, como Audrey Hepburn, Steven Spielberg o Mick Jagger, entre otros muchos.


De regreso a la estación, cogemos la avenida de los Fueros y unos metros más adelante las calles San Martzial y Loiola, donde mi mujer aprovecha para ver ropa, y ya de paso comprarse alguna cosilla.

Al final de la calle Loiola, llegamos a la Plaza del Buen Pastor, donde se encuentra la Catedral del Buen Pastor, inaugurada en el año 1897, de origen neogótico, y que es la construcción religiosa más grande de San Sebastián.

Sin duda lo que más nos impresiona al verla, es la verticalidad y altura de su torre principal, colocada sobre el pórtico, el acceso es gratuito(8:00 a 12:30 y de 17:00 a 20:00 horas, y los domingos, de 9:00 a 12:00).

Accedemos al interior, en forma de cruz latina, divida en tres naves, la principal con los techos altos, algo muy característicos en los templos góticos, de su interior destaca el retablo del Sagrado Corazón de Jesús, las vidrieras del ábside, que representan a los doce apóstoles, y los sagrados corazones de Jesús y María, y el órgano que fue inaugurado en 1954, siendo el más grande de España, y uno de los mayores de Europa.

Una vez fuera de la catedral, damos por finalizada nuestra visita a San Sebastián, ahora tan solo nos queda regresar a la estación del Euskotren, que se encuentra a cinco minutos, para ello cogemos la calle Urbieta, y después la calle Larramendí, que nos deja en la calle Easo, y de ahí a la Plaza Easo, donde cogemos el tren, y nos vamos a Zarautz.

Sin duda San Sebastián, es una pequeña gran ciudad, de la que nosotros hemos salido muy contentos, en este primer contacto, y que sin duda volveremos, pero ya de forma más relajada. ¡Adrián se ha portado de diez!





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